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A B C. J U E V E S 22 DE DICIEMBRE DE 1955. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 49 proca seguridad y de una conveniencia mutua. ¿Tuvo, señor ministro, ocasión de ednvivir con las colonias españolas en los países que visitó? -Lo mismo en Caracas que en Turen y Maracaibo, en La Habana que en San Juan de Puerto Rico, he procurado satisfacer el natural anhelo de nuestros compatriotas de conoper, más por boca- del amigo que del ministro, las buenas nuevas qué, afortunadamente, podemos ofrecerles hoy, de la Patria lejana. Y he tenido la. satisfacción de visitar y admirar las magníficas Casas y centros benéficos que, más especialmente en Cuba, han conseguido crear los núcleos españoles merced a su- trabajo y a su solidaridad. -Para terminar, señor ministro, y por lo que respecta a Puerto Rico y Cuba, ¿fue de la misma manera acogido su paso, con toda clase de atenciones? -Primero, en San Juan y luego en La Habana, gratas escalas de mi regreso de Venezuela, tomé contacto con sus autoridades. La afectuosa y abierta hospitalidad de la alcaldesa de Puerto Rico, doña Felisa Rincón de Gautier, fue augurio no desmen- tido de cuanto se esperaba por ver y apreciar en tierra americana. Y luego, en Cuba, colofón de mi estancia en aquel continente, tuve ocasión de departir con mis colegas de la Facultad de Derecho de La Habana, qué espontáneamente me visitaron en nuestra Embajada, y durante largo rato hablamos, como compañeros, del problema y de las evoluciones del Derecho- Privado en la tradición legal española. También conocí las buenas cualidades y la simpatía de mis colegas los ministros. de la Gobernación y Comunicaciones y, muy en particular, del presidente de la República, general Fulgencio Batista. Tan sinceros como recípro cos- xfue ron los votos que en nuestras entrevistas hicimos por la prosperidad de España y de aquella isla, que tan cerca tenemos del corazón. Don Blas Pérez González se detuvo un momento y, con un brillo deemoción en los ojos, este buen ministró español, que, con su cultura, su dignidad y su inteligencia, y renovando amores y recuerdos para la Madre Patria común, tantas honras cosechó durante los días que ha pasado en América, pronunció lentamente estas palabras: -j Son- tantr. s las sugestiones, los- añílelos y, los recuerdos, los afanes y los deberes que América y sus naciones hispánicas despiertan en los hombres de España que llegamos a pisar sus tierras! buena fe que quieran participar en el resurgimiento nacional. Y se siguen con cuidadosa atención todos nuestros avances en la agricultura, en la industria, en los transportes, en la sanidad, en el urbanismo y en el trabajo. ¿Cómo cree usted, señor ministro, que se habrá acogido el. ingreso de España en las Naciones Unidas? -Durante él viaje advertí que preocupaba mucho si España llegaría o no as ingresar en, la Organización, tanto por la influencia que podemos ejercer en ella en virtud de nuestro tradicional sentido universalista como por lo que la admisión tiene de total desagravio para las incomprensiones que en otro tiempo sufrimos. A preguntas reiteradas de la Prensa, yo, en más de una ocasión, htjbe de expresar mi certidumbre de que, por muchas razones, y antes de que terminase el año, sería aprobada por la Asamblea General la propuesta, favorable, a España, de los países amigos, con Venezuela a la cabeza. ¿Sería indiscreta la pregunta de si el ¡presidente de Venezuela, general Pérez Jijnénez, efectuará su proyectado ¡viajé á España? -Estoy seguro de que los españoles demostrarían muy gustosamente al general Pérez Jiménez su simpatía y gratitud por los muchos honores y deferencias que re ¡cogí para España y sus instituciones. También puedo responder de la viva complacencia con que el presidente venezolano visitaría la Madre Patria, si bien lian de ser sus trabajos y sus responsabilidades de Jefe de Estado las circunstancias que determinen cualquier decisión suya: i- -Se lia publicado en la Prensa española que, en su discurso en la Universidad, el vicepresidente del Senado señaló la perenne influencia de España en la vida cultural de América. ¿Siguen siendo conocidos allí todos los valores de la. Ciencia española? -Venezuela y, en general, América coiiocen. la solvencia, y el renombre de las. figuras auténticas de nuestra Cultura, y las acogen y escuchan con respeto, provecho y complacencia; de tal modo, que las conferencias y enseñanzas de personas verdaderamente cualificadas, junto con el intercambio de escolares. é investigadores y con la convalidación de títulos docentes, constitu- y en la mejor de las políticas para el mantenimiento y el. fortalecimiento de los vínculos de la Hispanidad. Por lo demás, es unánime el reconocimiento de otras realidades: que ya, se superaron incomprensiones y resen- timjentos; que la comunidad de destino es evidente entre naciones de la misma estirpe; que, en el mundo moderno, las naciones han de trabajar por equipos, y que el nuestro es un mandato de la Providencia, siendo ya muchos y tangibles los resultados conseguidos a través de uniones, institutos y otros organismos permanentes américoespañoles. ¿Estima necesario, señor ministro, que se generalicen los Tratados de emigración entre España y las naciones americanas? -Sobre- este particular he tenido ocasión de decir que España quiere que sus emigrantes estén cada día más capacitados, pues cuantos llegan a Hispanoamérica no deben hacerlo empujados por la aventura- O el azar, sino con las- garantías personales necesarias para. asegurarse su futuro. La legislación de aquellos países y la que actualmente estudia el Gobierno español tratan, en definitiva, de evitar que las corrientes migratorias obedezcan a un mero imper a t ¡v 0 J o constituyan una posible causa- -de infortunio, sino que sean el resultado de ana cooperación laboral y técnica que dis- nrra por los cauces racionales de una. recí-