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EL PROBLEMA AGRÍCOLA Y SU SOLUCIÓN u witdiBi, hpiw pnMmfciHUÍ, n ift m Éám H N el artículo anterior hemos haolado del suelo vegetal fértil y del despilfarro de esta fertilidad en tiempos pasados y presentes. La pérdida de fertilidad no es sino pérdida de humus, normalmente a causa de un exceso de cosechas. 1 desarrollo de las plantas consume humus y materia orgánica que, a su ve deben ser reemplazados por nuevo humus y se ha de impedir la desaparición de la fertilidad. Los fertilizantes químicos no pueden reemplazar el humus ni aumentar su contenido en el suelo. Al contrario, dada la forma como se practica actualmente la agricultura, la fertilidad se consume con mucha más rapidez que en otros tiempos. El empleo de fertilizantes químicos exige una mayor proporción de materia orgánica para impedir el empobrecimiento de la tierra. Esto es un hecho establecido y reconocido pero que, generalmente, se ignora o descuida. Aumentar el empleo de abonos químicos sin dar a la tierra una mayor cantidad de. materia orgánica es atentar contra la vida del suelo agrícola. ¿A qué se debe que el humus y la materia orgánica sean componentes tan importantes del suelo? El humus, particularmente, posee una gran capacidad de absorción y retención de la humedad, atenuando las sequías y reduciendo a un mínimo el peligro de inundaciones; protege el suelo de un exceso de calor durante el día y de un enfriamiento excesivo durante la noche; funciona como aglutinante del suelo, impidiendo la erosión; es imprescindible para que en él medren las lombrices; pero, por encima de todo, contiene elementos nutritivos y miles de millones dé microorganismos en cada gramo que descomponen y transforman la materia orgánica, tal como las hojas, las plantas secas y las raices, loa residuos animales y partículas rocosas, en más humus y elementos nutritivos. Algunos tipos de bacterias poseen también la facultad de absorber nitrógeno del aire para satisfacer las necesidades de la vegetación, de este importante elemento. Un elemento nutritivo, del que se habla rara vez, pero que es aún más importante que el nitrógeno, el fósforo o la potasa, es el carbono, el componente más abundante de las plantas y del humus. La creencia general de que el carbono que las plantas requieren proviene solamente del aire, es errónea, porque una buena parte, la generativa, se asimila por las raices. Una confirmación recientiaima de este hecho y como consecuencia del Insustituible papel del humus en él desarrollo de las plantas, ha salido de experimentos con isótopos trazadores revelados en la Conferencia Atómica de Ginebra del pasado mes de agosto. da fljarlo feto jWtfi rg v toa, fadeou J E MINERALES Y OUGOSUGMENTOS No están en lo cierto lo que declaran que las mayoría de los suelos agrícolas carecen de las proporciones necesarias de fósforo, potasa y calcio. Exceptuando casos aislados, los suelos Agrícolas contienen abundantes proporciones de elementos nutritivos, pero éstos se encuentran encerrados en las partículas rocosas y no son, por lo tanto, asequibles a las plantas para BU alimentación. Aun los suelos calificados de pobres contienen normalmente unos 8 000 kilogramos de caldo, 2.000 kilogramos de fósforo y 10.000 kilogramos de potasa por hectárea en una capa superficial de 20 centimetios de espesor, y estas cantidades multiplicadas en el subsuelo. La disgregación de las partículas rocosas, la liberación de los elementos nutritivos y su conversión en alimento para las plantas es todo lo que se requiere y astas son precisamente las fundones del humus y las actividades microbianas en un suelo fértil. Todas estas afirmaciones son en 1 actualidad hechos Indiscutibles y científicamente demostrados. En los últimos años ha sido mucho lo ¡ue se ha hablado de las deficiencias en el suelo agrícola de los elementos secundarlos y de los oligoelementos. tales como Meno, magnesio, arufre, cinc, cobre, níquel, manganeso, cobalto, boro, molibdeno, etc. y el efecto adversó que tales deficiencias tienen sobre ía cosechas, los animales domésticos y la salud pública Aunque, en realidad, la proporción de estos elementos en el suelo es más que suficiente, también ellos se encuentran en él en forma de combinaciones rocosas, lnsolubles y no pueden ser utilizados por las plantas menos que el humus y los mi croorganiamos se hallen presentes en suficiente cantidad para disgregar las pao 1 tículas liberando alimentos que la pían tas puedan asimilar, Las deficiencias minerales son, por lo tanto, característica común de los suelos empobrecidos, nunca de los suelos fértiles, De grande y profunda significación es el hecho de que las fuerzas que motivan estas complejas actividades biológicas no son los requerimientos de las propias cosechas, sino las deficiencias en el suelo de los alimentos requeridos. Este hecho ha sido reconocido, en un caso particular, por todos los agrónomos, que invariablemente recomiendan el empleo de fertilizantes con una mínima proporción del elemento nitrógeno, a fin de obtener la máxima fijación de este elemento en los módulos de las leguminosas. Saben y reconocen que, cuando el suelo contiene una cantidad suficiente de nitrógeno, la bacteria cesa en su actividad mostrado xta sólo ¿n más MnportKftfoiT formas pfo SJfeidñ der nitrógeno del al que el crecimiento 4 g q mito t d planta jttltoula, sino tantyén en í tll i tyé í toda, l t caso de suministro de aúnenles a l w fáaxv tas. Incluso un suelo fértil 1 carece- de suficientes elementos nutritivos en forma asimilable para producir plantas vigorosas, y bien está que asi sea, ya que, de otra manera, la agricultura moderna perderla una gran parte de eatos elementos por arrastre. Lo que el suelo fértil tiene, en cambio, es la capacidad dinámica de suministrar estos elementos a medida que se necesiten. Esta ha sido, desde el albor de los tiempos, la forma económica y eneas con que la Naturaleza ha suministrado a las plantas su alimento en las cantidades y variedades requeridas. wnf BflD p LO 3 FRACASOS DE LA AGRICULTURA MODERNA No sólo hemos fallado en nuestro deber de conservar y mejorar nuestro alioso patrimonio de fertilidad del suelo, sino que hemos fomentado sistemas modernos da cultivo que han contribuido al- empobrecimiento de la tierra, a una enorme essala y a un ritmo cada día más acelerado. Precisamente en iM zanwea don de la técnica moderna ha alewaade sU desarrollo más extenso y admirada, donde la condición del- suelo, en general. presenta el peor a pect 0 Los Estados Unidos. ver ejemplo, que en los comlencos de su Bfctotte dttíruta ban de uno de los raéfos- más fértiles creados por la Naturaleza, ha visto, en un plazo de tiempo increíblemente corto, este irreemplazable patrimonio nacional convertido en desiertos que, ano tras año, se van extendiendo hacia el Norte, Sur, Este y Oeste. En las llanuras, hay aSft i das por las tempestades de polvo que, se llevan hacia el Golf o de Méjico y el Océano Atlántico las ultimas partículas de suelo vegetal; la ma. no del hombre va rilando nuevos desiertos, que, con sus va- J riaclones extremas dé cuma, -son casi inhabitables. T ahora mismo, cuando se escriben estas líneas, el proceso no se ha detenido o reducido, sino que prosigue con creciente rapidez. Salvo contadas excepciones, los agricultores de los Estados Unidos no han sabido, o no han querido todavía, a pesar de lo mucho que se ha hablado de lio, emplear métodos verdaderamente prácticos y efectivos para detener esta gran devastación. Solamente ano- ra la conciencia nacional empieza a dea- pertar y a prestar mayor atención a íos consejos de los bioquímicos especialistas: del suelo. En el tercer artículo examinaremos otros aspectos del fracaso de la agricultura mo- dorna, Eric EWESON ingeniero bioquimlc