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mero- Girón, José Abelló y yo presentamos a la última reunión de sanitarios españoles, el año pasado, pudimos recoger, basándonos en datos que alcanzaban a 10 millones de españoles, una cifra de infección de 872 y una de morbilidad de 25 casos dé enfermedad por uno de muerte. Pero con ser muy importante y digno de reflexión el problema de la tuberculosis como endemópidemia y problema social, lo es más para el enfermo, en sí cuando trata de orientarse para poner el mejor remedio posible a su mal. Y en este terreno, existen hoy muchos equívocos, que conviene, en bien de todos, tratar de desterrar. Uno es el de creer que la tuberculosis, especialmente la pulmonar, se cura con la estreptomicina y la hidracida del ácido isonicotínico o el PAS, lo mismo que la pulmonía con la penicilina. Las revistas especializadas vienen, en estos últimos meses, plagadas de trabajos sobre las características lesiónales de la enfermedad y sobre las características de las recaídas. Las lesiones tuberculosas no han cambiado sus características fundamentales por el influjo de esas medicaciones; conservan en sí los mismos potenciales de curación y empeoramiento y usan los mismos derroteros para, empeorar o curarse. Cuando surge lá temida cavernizacióní el papel de las drogas casi se esfuma, y solamente las medidas clásicas de la colapsoterapla o las más modernas de la resección pulmonar son capaces de llevar al paciente a buen puerto. Por eso los Centros especializados dotados de servicios quirúrgicos de tórax ven aumentar, en vez de disminuir, su clientela. Otro dé los equívocos es pensar que poseemos unas armas tan potentes que pueden aniquilar la enfermedad, desdeñando los otros factores que, clásicamente, sabíamos que influían decididamente su evolución (estado de nutrición, trabajo, vivienda, situación endocrina, etc. Hace unos días reflexionábamos, ¿olorosamente entristecidos, con ocasión de las sesiones clínicas que celebramos periódicamente el Cuerpo facultativo de la Fuenfría, sanatorio para tuberculosis pulmonar de los Montepíos Laborales, ante el caso de un púber cuya tuberculosis evolucionaba desfavorabllk imamente, pese al generoso y oportuno empleo de todos los medicamentos existentes, debido a la coincidencia desafortunada de su tuberculosis, con un cuadró endocrino que rebajaba sus posibilidades de defensa interna. Y otro de los referidos equívocos, derivado de los que anteceden, es creer que la tuberculosis se puede curar en cualquier sitio; sin tomar medidas especiales de clima, alimentación, ambiente psíquico, oportunidad terapéutica y medidas profilácticas. La tuberculosis sigue necesitando el diagnóstico precoz y el tratamiento precoz justo y adecuado. Los tuberculosos siguen necesitando ir a los sanatorios para poder curar su tuberculosis y huir, en lo posible, de las temibles recaídas. Y hoy, igual que ayer, las personas que conviven con tuberculosos, las que pueden estar expuestas a ello (personal sanitario, escolares, etc. los económicamente débiles, los que realizan trabajos rudos, siguen necesitando las medidas de profilaxis, las investigaciones radiológicas periódicas y en masa, como ya se hace en las Universidades; la vacunación B. C. G. las colonias al airé libre, etcétera, si queremos conseguir, en efecto, que algún día llegue a ser verdad que ya no es un peligro individual y social la tuberculosis, i Dr. N. Puerto de Oljón. (Foto del marqués de Santa María del Villar. PUERTOS PESQUEROS DEL CANTÁBRICO C UANDO la furia del Cantábrico se desata y las olas saltan furiosas en una galopada aterradora, el puerto se ofrece al marino como un respiro a la angustia que no llega nunca a encoger los corazones anchos de nuestros arrantzales -Numerosísimos son los puertos pesqueros del litoral del Cantábrico, desde Puenterrabía- la ciudad más bonita de España- -a tierras de la sin par Galicia, al Atlántico. Recorriendo esa balconada de soberana belleza y grandiosidad que se extiende desde el Bidasoa al Atlántico, encontramos en ellas, entre otros muchos, los puertos pesqueros de altura o bajura, todos típicos, clásicos y de curiosas costumbres marineras, como Fuenterrabía, Pasajes de San Juan y de San Pedro, San Sebastián, con su conocido barrio de la Jarana, prio, Guetaria, Zumaya f Motrico, todos en tierra de San Ignacio de Loyola y de Juan Sebastián Elcano. En las costas de Vizcaya vemos Ondárroa, Lsqueitio, Ea, Elanchove, Míundaca, Bermeo, Santurce... Y ya en el litoral de la Tierruca nos encontramos con Castro- Urdiales, Laredo, Santoña, Santander, San Vicente de la Barquera y esos tantos diminutos puerteeitos, quizá, por ello, tan pintorescos, sitos en las desembocaduras de esos ríos que se llaman Asón, Mieres, Pas, Besaya, Nansa y Deva, todos ellos trucheros y muchos salmoneras. En mares de Asturias iremos viendo al recorrer su preciosa costa- -en los que no faltan antiguos ídolos como el de Peña Tu, cerca del limite con Santander- -y cavernas cualla de Pindal y Pimiango, hallaremos los puertos pesqueros de Llanes, Ribadesella, Lastres, Tazóns- -al que arribó Carlos V uando vino a España- -Gijón, Candas, Luanco- -donde Manolo Pardo, un mejicano injerto en español, ha batido todos los records de la caza acuática- -San- Juan de Nieva, San Esteban de Pravia, Cudillero, Luarca, Navia, Ortigosa, Vía Vélez, Tapia de Casariego, Figueras, Castropol, Vegadeo... y ya por tierras de Galicia, y tras Ribadéo, BarreirQs, Foz, Cilíero, Vivero En todos hay costumbres clásicas, y en todos- -no serian poblados marineros si tai no hicieran- -celebran con grandes fiestas la Virgen del Carmen, y desde los fuegos artificiales a la procesión marinera, o la misa en la ermita, sita en esos altozanos a la vista del mar, donde madres, novias y esposas, tantas veces, los días, de temporal, atiababan el cerrado horizonte para ver si llegaban al puerto los seres queridos. Todos estos puertos pesqueros, y muchos más, son délo más pintoresco y el artista tiene en ellos amplio horizonte para sus paletas y pinceles. Por citar alguno de cada provincia podríamos hacerlo de- Pasajes de San Juan y Motrico; en, Guipúzcoa; Cas- tro- ttrdiales, taredo y Santoña, en San- tander; Lastres, Tazóns, Candas y, sobre todo, Cudillero, en Asturias. Cudillero lq reunía todo, aunque afortunadamente para sus moradores y pescadores, las cosas han cambiado totalmente al mejorar su puerto. Lá primera impresión es magnifica. Se entra, como es natural, por sü parte más alta y sus casas se hallan pintorescamente situadas en escalones, en pequeñas colinas, formando un anfiteatro de lo más interesante y curioso, en el que como en otros poblados de pescadores, resaltaba entre todos los edificios, el templo parroquial, dedicado a San Pedro, obra, según creemos, del siglo XVI. Si el aspecto de Cudillero desde la marisma es de lo más pintoresco, no lo son menos sus calles, en las que era frecuente ver- -cuando hace bastantes años lo visitamos- -en ellas las lanchas, que eran subidas por los pescadores a las calles para ponerlas en lugar seguro, librándolas de las furiosas acometidas del Cantábrico. Decía Jovellanos en sus diarios que en las obras de Cudillero se habían gastado 400.000 reales. ¡Cuántas cantidades, no de reales, sino de pesetas, merecía el librar a esos hombres del mar de tanto trabajo, qué les obligaba en invierno sobordar sus barcos, llevándolos incluso hasta la iglesia para librarlos del temporal! En Cudillero, pueblo humorista por excelencia, existían curiosas costumbres que, muchas de ellas, fueron abolidas en tiempo de la Dictadura por el general Primo de Rivera, con mucho acierto. También había en Cudillero la costumbre de bailar las viejas el perlindango baile que hacían cogiéndose de la mano y formando una rueda, soltándose para cantar el estribillo del baile y cogiendo el mandillir que usaban acompasadamente y con cierta gracia... Alfredo R. ANTIGÜEDAD