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Por elDr. Navarro Gutiérrez A ON no se ha Extinguido el eco de las voces, algunas muy autorizadas, que nos anunciaban el cierre, más o menos próximo, de los sanatorios antituberculosos, debido a los resonantes éxitos conseguidos, en estos últimos años, en la tremenda lucha emprendida contra la peste blanca, cuando en los medios científicos del mundo se empieza a vivir una época de más mesurada consideración sobre la realidad viva de tan tremenda enfermedad. Cierto que se han hecho grandes avances en su ansiada extinción; cierto, también, que la mortalidad y la morbilidad han descendido en proporciones muy satisfactorias, pero no menos cierto que de Sanatorio antituberculoso d El Escorial. y en el bienio 1850- 52 ese porcentaje había descendido a un 65- 70 por 100, el doctor Perkins estima qué, aun hoy dia, unos 50 millones de norteamericanos albergan la infección tuberculosa, es decir, uno de cada tres. Bien es verdad que el estar infectado no es lo mismo que el estar enfermo, y la acción beneficiosa de las medidas, en practica se manifiesta en la disminución del número de casos señalados como tuberculosis activa, que se puede estimar en unos 400.000 al año, frente a la elevación, de las inactivas, que estima- en unos 65.000 anuales. Asimismo el porcentaje de recaídas, que antes de la era de la estreptomicina se elevaba a un 30 por 100 dentro de los tres primeros años del alta, ha descendido a un 5 por 100. Una de las razones para que en el pensamiento de algunas gentes se haya relajado el temor hacia la tuberculosis es la de que e microbio, atacado por las drogas modernas, pierde vitalidad y peligrosidad infectante. Recientes epidemia de tuberculosis estudiadas en Suiza por Casella, demuestran, desgraciadamente, que no hay concepto más falso que ése. Pese a que los bactei lólogos nos han demostrado que el recuperado de las lesiones humanas sufre grandes cambios estructurales y de e piesión biológica, los estudios epidemiológicos cuidadosos demuestran, como en la epidemia de Movelier, que la infecc i o n a d del, germen sigue conservando los ¡as o! sirde stros de sus mejores días. En un reciente estudio que Morales Ro- Sanatorio antituberculoso de mujeres, en la sierra de Guadarrama. ahí a considerar la tuberculosis como una enfermedad incidental, que se liquida con unas inyecciones y unas pastillas, media un profundo abismo. Por la gran autoridad que le da su firmante, James E. Perkins, director general de Sanidad norteamericano, he leído con suma atención el informe anual que acaba de repartirnos la National Tuberculosis Association sobre el estado de la endemia en. dicho país. Y lo que en él se expresa es digno de meditarse muy cuidadosamente, tanto más cuanto que es lo que sucede en el pais mejor organizado, desde el punto de vista sanitario, y con un nivel de vida más alto; condiciones que, como se sabe, son decididas enemigas de la propagación de la tuberculosis. Aunque los estudios hechos sobre extensas zonas de la población demuestran un lento descender de la infección por tuberculosis, como lo prueba el qué en 1940 un 95 por 100 de las personas mayores de cuarenta y cinco años estaban infectadas, El Jef de los Servicios de Cirugía Toraeloa d e estos centros, dootor Martínez Bordiú, operando en el quirófano central de la Escuela de fisiología.