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EL RIO DESCUBIERTO EN EL TEATRO REAL ECIENTEMENTE circularon rumores en Madrid acerca del descubrimiento de un río bajo el teatro Real. La noticia produjo sensación en las gentes por dos razones importantísimas. Una era eV descubrimiento de un río; la etra, el del teatro. No todos los días aparecen ríos y teatros en la capital de España. El hallazgo de un Banco, de una boite o de unos simples almacenes de tejidos es harto frecuente en Madrid. Pero los teatros y los ríos escasean bastante. Desaparecieron Apolo, Novedades, Fontalba, el Coliseo imperial... Y el Manzanares nos viene chico a pesar de la canalización y de la facilidad con que se ahoga uno en sus aguas como si fuese un río de categoría cosmopolita. La noticia, repito, produjo sensación en muchos ciudadanos. Se habló de los Caños del Peral, de las noches de ópera y de otras evocaciones y recuerdos conmovedores. Alguien pensó, con oscuros propósitos comerciales, si las aguas aparecidas servirían para curar el reumatismo, y, por si acaso, se puso a buscar febrilmente un socio capitalista. Los má 6 ingenuos creyeron resuelto ya el problema de los embalses en tiempo de sequía. jUa rio descubierto en el foso de un teatro! Y, ¿qué era eso del teatro? ¿A qué llamaban teatro Real? Las respuestas, que algunos aguardarán aún, voy a intentar dárselas en estas líneas a los curiosos, los sorprendidos y los soñadores. El teatro Real es un coliseo donde se cantó ópera en otras épocas y donde volverá a cantarse alguna vez, aunque no sabemos exactamente cuándo. La superficie de la planta del edificio es de seis mil metros cuadrados; la de la sala, de TOO; la del escenario, de 875. Tiene en conjunto 600 puertas, 430 ventanas, 85 palcos y 36 escaleras. La sala mide 35 metros de longitud. El patio está, acondicionado para 572 butacas; los palcos reunirán en total, 426; los anfiteatros, 983. El público dispondrá de seis ascensores; los camerinos individuales serán 28, y el número de camerinos de 40 plazas se elevara a seis. La distancia desde la fachada de la plaza de Oriente a la de Isabel H es de cien metros; la altura del escena- R rio, 84. A 290.000 metros cuadrados asciende el volumen del edificio, tres veces y medio mayor que el volumen de la iglesia de San Francisco el Grande, superior a la plaza de toros de Madrid, y equivalente a 805 viviendas de rento media. Los peldaños son 4.250, lo que equivale a su vez a subir a la azotea de una casa de 225 pisos. Para llegar al foso hay que descender 24 metros desde el nivel dé, la calle. Una vez abajo, en pleno laberinto de pasillos, salas y galerías, el visitante se siente aislado de la ciudad y presa de una leve y extraña inquietud. Allí está el río descubierto. Cofre junto a la pared, en una longitud de doce a quince metros y con un anchó, de orilla a orilla, no superior a igual numero de centímetros. El agua, que no rebasa ni la mitad de la uña del dedo meñique, es producto de las filtraciones debidas a la humedad natural en tales profundidades. Téngase en cuenta He aquí el rio descubierto en los fosos del teatro Real, cuya anchura no exced d quince centímetros. La sala de la calefacción, a 24 metros de profundidad, permanece totalmente seca, como demuestra esto detalle fotográfico. que las alcantarillas se hallan situadas a ocho metros sobre el nivel del foso. La existencia de corrientes subterráneas procedentes de los antiguos Caños del Peral sería una noticia más interesante que ésta explicación. Pero falsa. Lo que sucede es que hasta el año 1950, poco más o menos, no fue extraída el agua de esas filtraciones. Hasta entonces, y como consecuencia de largos períodos de inactividad, el foso estuvo inundado y el agua alcanzó nueve metros de altura. Yo recuerdo haberle visto, en febrero de 1946, convertido en un verdadero estanque. Después, con la reanudación de las obras de restauración del edificio- -en el que los rojos tenían un polvorín- -llegaron también las de saneamiento, y el improvisado estanque desapareció. Fuera del caudaloso rio que acabó de describir no se ven allí otras cosas que las calderas de la calefacción y los ventiladores para el aire acondicionado. Y como dato elocuente añadiré que en una de esas galerías hay una bomba de siete caballos que funciona diez minutos diarios para recoger un metro cúbico de agua. Un metro cúbico cada veinticuatro horas, fíjense bien ustedes. Eso es, ni más ni menos, el rio aparecido en el foso del teatro Real. Siento de veras desilusionar con este reportaje a las almas Crédulas y amantes de la fantasía. Yo hubiera querido, cómo ellas, encontrar un Amazonas en el subsuelo de aquel barrio isabelino. O, por lo menos, unas corrientes subterráneas como las del paseo del Prado y la Cibeles. Sin embargo, en Madrid ya esta todo descubierto, b, si se quiere mejor, muy visto. Es posible que la Morería y los barrios judaicos tengan en sus entrañas algunos secretos. Emilio Carrére abordó- -y bordó- -el tema en lina novela policíaca; Y cada uno de ustedes es muy dueño de pensar, a su gusto, en la misteriosa, existencia de una ciudad milenaria bajo el suelo de Madrid. José BARO QUESADA Bomba de l t caballos, qu funciona diariamente durant dlti minuto para r eo g r un metro d aQua. (Poto V. Muro.