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RRILLA ¿Tiene ya pasodoble Tomillo? -Antes de dos años, Ángel Tomillo será el amo y La Parrilla podrá decir que ha cumplido con el más humilde de sus hijos... ¿La Pafrilla? -pregunto. -San Lorenzo de la Parrilla- -me dice el amo- -es un pueblecito de la serranía de Cuenca, a cuarenta kilómetros de la capital, y tendrá sus 3.500 habitantes y cuente que allí son a la española y cada familia tiene los hijos que Dios le envía. Tierra pobre, la mitad de los vecinos se van a los caminos y venden muías, ovejas y tejidos. Un- grupo de casas en el rincón de la sierra en espera de estos navegantes de tierra adentro. -Hoy- r- continúa uijarro- -somos todos hermanos y por todos los medios tratamos que nuestro torero sea figura. Que no regateamos nada lo demuestran los hechos... El relato tiene encanto ibérico. En una calleja barrancosa de La Parrilla nació hace diecinueve años un chicuelo al que bautizaron Ángel, hijo de humilde pegujalero, cuyo apellido es muy del monte: Tomillo. Este hombre murió, y el chico tuvo que ponerse al trabajo para ayudar a su madre. Fue a dar en un almacén de cueros y el oficio le llevaba al matadero provincial. Entonces saltaron el primer peldaño de la popularidad los toreros de Albacete y Cuenca, y todo el mocerío de las dos provincias soñó con caireles y millones. Tomillo comenzó a dar capotazos a las reses destinadas al sacrificio y ahí comienza el asunto. Para ser torero, hoy se necesita dinero. O desciende el neófito de casa con solar taurino- -hidalguía de plaza, con vela de armas sobre la montera de los mayores- -o necesita padrino que arriesgue sus caudales y monte el negocio como si pusiera un cine Si el chico se asusta, se pierden las pesetas y se aguantan las bromas de Continúa. AS escopetas a un lado, en corro los ojeadores, nos habíamos sentado en la solana para tomar un bocado: magras, pan, queso y un trago de lo tinto, que por los llanos aue lindan con la Mancha se cría bueno. El monte en la Osa de la Vega es perdicero, y el amo, don Guillermo, sabe dar a sus amigos conversación y contento. En el grupo dos hombres discuten. El uno con sorna, el otro con pasión. Lleva éste la blusilla negra del terreno, con dos hondas bolsacas que le sirven de zurrón para dineros y papeles; azul boina y botas de andariego. El otro es cazador, un poquito más asenoritado. Al de la blusa le dicen Eladio Guijarro y su oficio es el comercio ambulante; vende igual grano que borregos, tomiza que percales y los pueblos le conocen desde Las Mesas al Provencio y más allá, porque a su afán no asustan leguas. Discuten y se lanzan a la cara los méritos de dos crios que han saltado las talanqueras y lidian morachos, empujados por el calor de sus aldeas, ilusionadas con el rebrote taurino de los triunfadores de Albacete, El L Paseíllo IÍJUJI en Madrid quo en S? n Lorenzo de la