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DIARIO IL U S- T R A D O D E I. NFO RM A C I O N G E N E R A L ji 0 10 FUNDADO EN 1005 POR DON TORCUATO LUCA BE TENA IEN mirado, aun siendo la novela un género moderno, s u s orígenes hay que ir a buscarlos n las Fábulas Milesias y en la novela Alejandrina. Mileto y Alejandrina fueron los puertos más cosmopolitas de la antigüedad. Si la etapa de Kertt fu ¿para Dickens la estancia en el paraíso terrenal, la etapa de Londres fue la pérdida dramática de la inocencia y de la ingenua fe en los hombres, premonición persuasiva del infierno en la tierra y purgatorio acendrador de su espíritu, en el período de cristalización. De la etapa de Londres, Dickens no salió un resentido ni un amargado para siempre, como le hubiera ocurrido a un espíritu menos generoso y religioso; pero sí arraigaron en su corazón para siempre el amor a los humildes y desvalidos, el odio al mal y el coraje en la defensa del bien, esas virtudes quijotescas, o lo que tanto monta, caballerescas, que animan todas sus obras, con un candor y; simplicidad casi melodramáticos. Este díptico por oposición, en claroscuro violento, cómo en Rembrandt y en la escuela de pintura napolitana, entre el paraíso campestre y el purgatorio, cuando no infierno, de la gran ciudad, se adelanta al primer plano en las dos primeras novelas de Dickens, Pickwick Papers y Oliver Twist sin llegar a desaparecer por el foro en todas las demás. ABC y tendía a convertir al hombre en un aparato automático, sin reacciones personales. Esta temporada de obrero niño la escriba Dickens, con transparencia autobiográfica, en David Copperfield De pronto, Dickens, sénior, recibe un providencial legado testamentario, zanja sus deudas, sale de la cárcel, y con el escaso caudal restante se dedica al comercio. Dickens, júnior, a su vez, sale del presidio fabril, y se coloca de aprendiz en ti despacho de un procurador de Tribunales. Otra esfera de experiencia. Dickens penetra entre bastidores, desciende al foso, sube ál telar del Gran Teatro de la justicia oficial. Ve las cosas por dentro; la falta de conciencia y sobre la avaricia de escribanos, rábulas, leguleyos, picapleitos, abogados, y en ocasiones los jueces mismos. Está a punto de perder la fe en la justicia. Pero se acoge al refugio de su temperamento quijotesco- -caballería andante y sin desmayo del bien contra el mal- -y adopta la aptitud defensiva temperamental tambicn, de la risa satírica frente a todo lo que en la realidad no es sino caricatura de lo que debiera ser la verdad de la vida; o de la sonrisa piadosa y esperanzada. Esta visión humorís icapatética, lindando con lo dramático y aun lo trágico, de los Tribunales de Justicia, desde sus raíces soterradas t invisibles, hasta la pompa y solemnidad de sus ramificaciones exteriores, aparece aquí y acullá, ya por lo bruto, ya por lo iracundo, en las dos primeras novelas de Dickens, para convertirse, en algunas de las posteriores, en tema central y preocupación dominante. Entretanto, Dickens seguía leyendo y aprendiendo. Estudió taquigrafía, y dueño ya de esta técnica pasó a ser repórter D IA R I O I L U ST RA D O DE 1 t F O H 1 M A C I O N G EN ERA L 0 de diarios. No sólo conoció el periodismo en su interio r i d a d, siendo cocinero antes que fraile, sino que además como periodista extendió su conocimiento directo d; Londres a casi todos los medios y clases sociales. De repórter in genere a la que salta, ascendió a repórter sui generis cronista del Parlamento británico; tenía a la sazón veintitrés años. Después de la Iglesia Católica, la más antigua e imponente institución del mundo es el Parlamento británico. Dickens se adentró en la esfera de la política, cerrando asi el ciclo de sus experiencias íntimas, a partir de los anónimos e ínfimos fondos de la sociedad, hasta aquella encumbrada meseta y universal perspectiva, el Gobierno de Inglaterra, desde cuya cima se dirigía la marcha del Imperio Británico, y a través de él el agatino del mundo, Por entonces, en ratos libres de sus tareas periodísticas, comenzó a escribir unos artículos de costumbres, que aparecieron en el Monthly Magazine y la Evening Chronicle y más tarde en un volumen bajo el título de Sketcnes by Boz (1836; sus veinticuatro años) Ese mismo año contrajo matrimonio. A Dickens, que había pasado en el alma y en ía conciencia por tantas experiencias, 1 faltaba una y la suprema; la del amor. El matrimonio Dickens fue infeliz. Así como se ha dicho que la gran tragedia de la Historia no consiste en que la justicia tenga que estar luchando siempre contra la injusticia, sino que en la mayoría de los casos se enfrentan dos formas de justicia, encontradas e incompatibles, así también en el matrimonio Dickens la infelicidad no fue culpa singular de ninguno de los dos, sino simplemente que no habían nacido el uno para el otro. El primer matrimonio de David Copperfield es una expansión autobiográfica de la primera experiencia amorosa de Dickens. Convengamos, pues, en que la experiencia vivida por Dickens, cuando se hallaba todavía en ese lapso crítico entre la adolescencia y la juventud, era mucho más rica y irás densa que la de otros muchos novelistas todo a lo largo dé su curso mortal. En ese punto se aplicó a escribir su primera nóvela Pickwick sin sospechar siquiera que le iba a salir una novela, una gran novela inmortal. En esta primera novela, y en la segunda, Cervantes llevaba de lá manó a su descendiente. Ramón PEpEZ DE AYALA B DICKENS, AL ESCRIBIR PICKWICK En Camdem Town, Carlos Dickens ayudaba cuanto podía a su madre en las labores domésticas, pero, por apremios de pobreza y en la necesidad de granjear algún ingreso supletorio, entró en una fábrica de barnices, betunes y pinturas en negro, donde ponía etiquetas y empaquetaba los cacharros que contenían el producto. Asi, Dickens penetra en otra esfera de la triste experiencia humana la- explotación del trabajo del honíbre, y lo que es peor aún, del niño, que trajo consigo, en términos no sospechados antes, la revolución industrial. Dickens- ijugatrKio del vocablo- -decía que esta experiencia había sido la más negra de su vida. El barrio bajo era la humanidad revuelta y confusa, reducida a sus impulsos primarios y a la lucha perentoria, ya no por la existencia, sino por la subsistencia; pero en ese revoltijo de seres oscuros y abandonados a sí mismos, la personalidad individual no era estirpada y anulada, antes bien, se definía y acusaba más y más, en sus rasgos típicos, como un cuerpo químico sometido a diferentes reactivos; en cambio, la fábrica mataba por asfixia la individualidad i SOLO ES Et PRIMERO CREMA JIJONA 1880 UNA CREACIÓN DE Es e 1 turrón que nadie puede Igualar. T URR 0 NES EL L o BO