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IMPRESIONES DE UN ESTUDIANTE IN HARVARD V OLANDO en una avioneta sobre la Universidad de Harvard, en Cambridge, Estado de Massachusetts, uno no vería más que árboles y edificios, verde en las hojas y rojo en los ladrillos. La Universidad. americana, en general, se eleva sobre un campus que puede ser bosque o jardín. Harvard es del segundo tipo, más concentrada, más accesible, pero menos íntima que Universidades como Wellesley, situada a 10 kilómetros de Cambridge. En Wellesley se educan las muchachas que, según la picara tradición, buscan marido entre el elemento masculino de Harvard. Esta es eoeducacional, pero las chicas que aquí vienen mostraron desde el primer día su deseo de independencia; formaron un College estrechamente unido a Harvard, pero de diferente nombre, Radcliffe, y sin miedo a la comparación, se pusieron a lu- char con los hombres en ruda competencia. Hay un folklore delicioso en las relaciones entre Harvard, Wellesley y fftadcliffe; yo diría que son como dos chicas luchando eternamente por el mismo novio. Pero el cuento termina bien porque es raro el alumno de Harvard que acaba por no casarse con alguna muchacha de uno de los otros dos colleges Ya sabemos, pues, en qué dirección palpita el corazón del estudiante; es importante saberlo, porque amar es una parte fundamental del vivir y realmente se vive en una Universidad americana. Las manifestaciones exteriores de lo que llamamos vida se encuentran aquí todas; no se sale de la Universidad para ir al cine comer, bailar, leer, comprar un periódico o descansar. Harvard se extiende sobre unas 40 ó 50 hectáreas de terreno, divididas por el rio Charles, y forma un mundo por sí misma. En Harvard Square hay cuatro o cinco restaurantes, malos todos, ¿pero quién habló de comer bien en América? un gran almacén en el que los estudiantes se abas- GOMO SE VIVE EN tecen absolutamente de todo, y hasta dos cines uno de los cuales sirve a veces de teatro. Para cuestiones de dinero hay un Banco; para comprar pitillos americanos, egipcios o pipas inglesas, un magnifico estanco; si uno quiere encontrar el libro de más éxito en París o los últimos versos de Juan Ramón Jiménez, no hay más que darse una vuelta por una librería que sólo vende material extranjero. Iglesias de todos los credos, tiendas de baratijas diversas, peluquerías para cortar el pelo a 10.000 muchachos, almacenes de vino... nada falta aquí. Es un mundo extraordinario que palpita lleno de juventud y energía. Pero si se vive exterlormente sin salir de la Universidad, lo importante es que ésta entra en el alma del estudiante. El motus de Harvard es Veritas porque quiere engendrar la verdad, verdad objetiva de libros y ciencia, pero también la subjetiva de comprensión, liberalismo y cariño. La Universidad hace vibrar por dentro a los alumnos con su orgullo de institución privada; durante tres siglos ha resistido todos los embates y es, en 1955, al mismo tiempo la más tradicional y la más avanzada de las Universidades americanas. Conserva como Oxford y Cambridge en Inglaterra, el sistema de Colleges británico, equivalente al nuestro de Colegios Mayores, que en los últimos años hemos hecho revivir en España. Los edificios que rodean la Universidad se llaman aquí Houses y cada casa comprende unos 300 alumnos, un cuerpo de tutors o jóvenes profesores, biblioteca de 12.000 volúmenes y amplio comedor Los alumnos viven en grupos de dos tres, con su chimenea, cuartos alegres, x baño minúsculo. Cada House tiene su historias, sus tradiciones, sus secretos; las hay románticas, alegres, claras u oscuras, con campanarios blancos o patios de enredaderas. Pero todas tienen un objetivo común: ayudar al muchacho a vivir Harvard cree que la educación tiene que ser liberal, formativa y no memorística. No preparan al estudiante para la ingeniería, medicina o abogacía, que sólo vendrán después. Aquí se viene no a aprender a hacer algo, sino a pensar. Durante cuatro años, en que el estudiante cambia de nombre según avanza- freshman sophomore júnior y sénior Harvard le crea un ambiente familiar, le sirve de guía y padre. Padre gigantesco que acoge a 10.000 muchachos, pero padre por el cariño y atención que a cada uno dedica. Sus posibilidades inmensas se lo permiten; sólo en fegalos ha recibido esta Universidad 220 millones de dólares (1) unos 8.006 millones de pesetas; más que otra institución en cualquier paróte del planeta. Sus bibliotecas son las mejores, y sus profesores, los más numerosos, más aptos y mejor pagados. El cuidado de los jardines es exquisito y todos los años la pintura huele a nuevo. Tiene edificios en todo el mundo, desde la casa donde Washington dirigió las operaciones contra Inglaterra hasta un observatorio en África del Sur. De todos los continentes llegan estudiantes, europeos, amarillos, indios o negros; a todos se les trata de manera igual, todos encuentran aquí la biblioteca de seis millones de volúmenes, el profesor amable, la organización admirable, las veladas en que uno lee, charla o trabaja. Ambienté único éste en que nadie piensa en el futuro, porque el presente es perfectamente feliz. ¿Qué más se puede pedir? Alvaro ALONSO- CASTBILLO (1) Information gina nbont Harvard dólleqe, pá-