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1 A ESCUELA, EN PRIMER PIANO DESCENSO DEL ANALFABETISMO Por ALFONSO D EJAMOS por unos días de integrarnos en la masa y entre él ritmo aje- treado de la vida madrüéHaíMar- chantos hacia distintos, confines de la Patria. Y nos gusta, deleita y alienta, comprobar, día a día, constantes cambios urbanos experimentados desde nuestra última visita, observando cómo el tono de vida se eleva y aumenta la fecunda actividad de los habitantes. Sentimos viva, la pulsación briosa que el tiempo nuevo ha impuesto bajo el prisma de sus exigencias inaplazables en todos los meridianos españoles. Comprobamos, sea cualquiera el aire o el acento que nos trae canciones españolas al odió y pone en el alma la delicia de sus melodías, cuánto ha cambiado el antiguo compás, lento, cansino, tedioso, de lo que se llamó, despectivamente vida Así eran (as viejas escuelas de Puebla de Don Rodrigo. Por dentro, oscuridad tenebrosa; por fuera, desolación y ruinas. no pueden repetirse. Uin ritmo acelerado creciente la agita e impulsa. No solamente en aquellas que poseían personalidad antigua propia; Barcelona, Valencia, Bilbao, Sevilla... Aquellas otras que se industrializan ahora y una agricultura renovada cobra impulso creciente; Valladolid, Badajoz, Burgos, Patencia, León... Ni aun las que son relicarios históricos, asiento, cuna perdurable de belleza: Granada, Córdoba, Toledo... También otras capitales de sencilla traza, en que el poco variado paisaje de sus lejanos horizontes les imprimen un aspecto modesto, impregnado de sencilla, familiar campechanía: Albacete; Jaén, Almería, Ciudad Real La historia dejó en ciudades, villas y pueblos de Ciudad Real su impronta eterna. Aureolan hechos insignes, días del pasado glorioso. Hay dormidas en las profundas entrañas de sus tierras, extensas vetas de ricos minerales. Se cosechan doradas mieses en g ran abundancia. El incitante mosto de miá cepas adquirió bien ganada fama: Pan y vinospn elementos primarios vitales. Una casta humana, sentenciosa, sobria y fuerte conoce el esfuerzo inacabable del trabajo. Por si fuera poco, nuestro señor Don Quijote perfila Alegría- ante la gracia de las nuevas escuelas de Tprrenueva. provinciana Sobré la que fulminaron denuestos iracundos Gutiérrez Solana, Eugenio Noel Antonio Machado. i Muchas veces injustos, porque los empapaba su sectarismo, nublando la serena visión de los hechos. Aumentan ahora palpitaciones aceleradas que impulsa el trabajo emprendedor, la iniciativa acuciosa, el anhelo de mejoras; percibimos cambiados, normas sociales; notamos; ¡en fin, se rellenan, lagunas que produjo un secular estancamiento. Acaso pudieran seguir vigentes páginas deliciosas de Azorín observador, dé yie- jas ciudades, en alguna de ellas. PeroVya, hasta los pueblos apacibles cambiaron mucho y se les desconoce. Rusiñol se asombraría si pudiera contrastar cuanto escribió sobre ellos. Pueblos, ciudades y aun aldeas han transformado su fisonomía interna, quizá tanto o más que la externa. Las constantes diatribas contra lá sosegada vida provinciana, tan en boga aún por los años anteriores al Movimiento, hoy Viviendas decorosas para las maestras, en Pipón. -i