Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
D 1 A R I- -O. 1 L US T R A D O D 1 INF 0 R: ívi A C 1 O N G E N E RA L FUNDADO E- N. -ldQS POR DON TORGUATO LUGA DE TENA D ÍA R I.O I. LUS. T R A D O DE íhiVM A C V O F O ti G E N ER A L Lo hemos alzado entre pocos. La caja era oscura y negra. 1 Tenía unas agarraAntes había sido el descender la caja deras de plata- ¡añeja No se oía una a hombros, todavía en casa; y antes el mosca, más que ¡los sollozos entrecortapreludio de poner a esa caja, con sus dos. Xon el peso ¡de la caja hemos bajado flores dentro, una tapa que iba a aislar despacio. A la puerta había un gran genel interior, paca siempre, de todos. El tío. Y los caballitos del plumero. Luego interior era un ser, la cera de un ser que un rumor de pasos y la lluvia que comenhabía sido fecundo; que había ardido y zaba a caer. Fina, con intensidad. Han se había quemado. Veo los personajes, salido paraguas, r Hemos transferido la entre los que me cuento, y la participa- caja a los servidores. Muchos paraguas. ción de cada uno en el drama. Entradas Me he acordado) de no sé qué película y salidas, silencio, sollozos y una inte- en que un cortejo fúnebre avanza así, rrogación muda en cada uno, que no se lento, patético, bajío el aguacero insistente. explica aquello, tan conocido, tan repeEl cielo, sobre nuestras cabezas, sé ha tido y tan inevitable. ¡Realmente la caja puesto negro. A ¿ua insípida, tenaz en el tiene una quietud inhumana, insólita, rostro. Un altavoz sonaba al paso. No inimitable desde la vida! Y, sin embargo, sé qué tocaba; algo triste. De momento aquello repito, aquello que es la muerte ha producido inquietud y una sorpresa. no es la muerte. El lector lo está viendo; Al llegar a altura nos está viviéndolo, si me doy, alguna maña detenido. Poco ciertaallá estaba el hemos para transporta al papel la quietud de la abierto. Contra más muro, bajo la campo un lluvia, caja de que hablo, que todavía tengo en los ojos como un pasmo. Ahí se- me ha han ido desfilando los acompañantes. Una inclinación quedado esa visión hasta que yo cierre rar, tímidos, de cabeza: mirando, sin micon réojos, ciegos los míos, y ya nadie me lá arrancará. La como si pasaran desnudos ante de pudor, una lerite ornarte se ha prolongado en vida porqUe que mirara ¿quién? yo estoy reviviendo lo qué no era muerte de aumento por laque así era: que Dios ¿Dios? Y todavía, lo que no podrá ser muerte los estaba yo creo nos veía, más claranunca, desde el momento en que otros menté que mirando, porque alguien había hemos asimilado esa transmigración de subido a sununca, y, sin dejar de vivir, cielo la vida, ese despertar de una vida en nos había abandonado. Todos estábamos otra, como una chispa, una centella que un poco más claros para Dios, incluso se traslada de un fuego que se extingue condolidos, en a otro. Repitamos esta palabra: extin- los más ternes, los menos que, oor efecto esta mañana entoldada en ción pues no creemos en ella. dé una muerte, el corazón se había puesto Yo estoy viendo un cuerpo quieto, a vivir desesperadamente. cercano a mí, entre rosas, flores blancas ¡Qué cámara fotográfica hubiera hecho y amarillas. Pues bien; no creo en esa falta! ¡Que honduras psicológicas a f ía quietud. Dios está al qtro lado. Y aquí, vista! encima, en la superficie; no hajunto a ese reposo, ese silencio punzante, bía más que mirar. La muerte, aceptada tampoco nada se ha inmovilizado, ni nada como cosa grave, seria y sencilla, nbs está mudo, aunque todos callemos. Todos había hecho transparentes. Hay que estar ardemos por dentro. Los que les duele, ciegos para no verlo. porque les duele, y los que no, porque Dios estaba allí. Y luego dicen los recaban parte del dolor para sí o se duelen de que no les duela. Es lo fecundo filósofos que si existe, que si no existe... de la muerte: pone a vivir a todos- -el Esto no es un supuesto; es una expetodp de todos, almas y cuerpo- -a su riencia de Dios. Estaba allí. Que sé alrededor. Yo estoy vivo ahora Como lo pregunten a estos doscientos; tres- pocas veces, y pienso, ¡en qué cosas cientos hombres. Responderán a una: pienso, Dios mío! Están á punto de sal- sí Y lo saben: lo llevaban dentro; tari társeme las lágrimas. Otros lloran ya con de verdad qué les dolía. Aunque mucalma, convulsivamente, según su apego chos no lo sepan e incluso algunos, si y sü afinidad en la sangré con el ser leen esta crónica, digan: ¡Quá absurdo! que. ya no. los oye: ¿Qué no los oye? Les dará vergüenza, pero no podrán Tampoco lo creo. Este dolor vivo, de la desmentirme. Esta crónica relata lo que he visto. Unos hombres con Dios en vida muerte, levanta a un muerto. el alma ante el espectáculo de la muerte recatada, ineludible y vivificante. Después fuimos al cementerio, pero esto es ya le concedo menor i valor. El escenografía no es el que está prójimo I; allí en la hoya, en los nichos o en la fosa i) I común. Es éste que sé despide ahora, vivo, con la mirada lejana, dando fe de ssese en t o s o la vida que no acaba, sino que ss recuece m e- y recrudece en ellos. Luego se. lo conta- el mi rán a sus nietos y lo comentarán encasa: dli íi Ja El día que enterramos... En realidad no habían enterado nada, más que un V Sesusmal ¡a de puñado de polvo ya seco, qué antes de morir les había transmitido su lección su voz... Seguid viviendo, muriendo Y sin miedo. Dios está al final. A lluvia había e s t a d o acechando el momento. Cuando, el entierro sé puso en marcha, Comenzó a caer. He visto bastantes estampas parecidas. Creía tener yo en esta ocasión un ánimo sereno. Luego. he visto que el suceso me ha dejado honda huella. Por qué? Voy a preguntarme por qué dos o tres- veces- a lo largo de este artículo. Intentaré rememorar las escenas tal como las he- visto y vivido. Porque yo era protagonista en el lancé; más de lo que incluso suponía. Habíamos llegado de fuera, de Madrid, con precipitación. Estábamos en el Sur. El viaje- -tercero en una Semana- -tenía poco que envidiar. Lluvia, carreteras en reparación, transbordo de tren a coche. Por Campillo, pasada Antequera, dilu- viaba. Y como excitante del viaje, -la prisa. íbamos a un fin de acto. Una vida sé había extinguido. Pero, ¿se había extinguido? Miro para mi propio interior. Este alma que abandonaba la tierra me había sido bastante ajena, opaca, como separada de mí por años, docenas de años, dé estímulos y educación diferentes, Y, sin. embargo, era un ser al que yo llamaba madre -tenía derecho a llamarla así y se ló llamaba en ocasiones- Ahora que se ha ido comienza a vivir en mí; cuando ha abandonado la vida. ¿Por qué? Secunda interrogación. La vida no es la vida, en sentido real, según esto. ¿Será. la muerte? Pero tampoco la muerte es ía muerte, pues un alma prolonga su vida en otra cuando pierde la propia. cerno si la injertará- -es el caso- -en el momento precisamente en que se despide. Ss despide, pero rio se va; resulta que no sé va. La reflexión me lleva a esto 1: mi vida. no es sólo mía, en ningún caso y en ningún sentido. Realmente, rio dejamos de vivir nunca, ni vivimos nunca solos nuestra vida única, que es múltiple y que Se prolonga en el tiempo; precisamente, en ocasiones, cuando menos se espera, cuando se extingue. Una vida que se acaba- -que rio se pr. aba- -tiene mil modos de prolongarse. El primero de ellos es acentuando la vida de los demás. Siempi; e que alguien fallece. las personas que le rodean, viven más intensamente, pues sufren, reflexionan y sé duelen de la muerte; es decir, pinsan en su vida, en ía que de ordinario no reparan, ahondándola así, ahincando érl ella, viviéndola con doble emorjóh. El dolor es 1 gran elixir de la vida, lo oue la mantiene tensa y evita su disolución. Hoy hé visto a varios hombres dolerse de su vida. Por eso estaban mudos; no só 1.o; por resoé- to. Es que censaban en su vida con cierta evidencia, rjues. tenían delante a la muerte, -mié es la gran aleccionadora del vivir. (Escribe en caliente discúlpeseme el ir a saltos. Voy a Ver sí consigo rehacer la escena. Como digo, llovía. Pero éso era ya en la calle, tras el. coclip rt? los caballos con; penachos negros. Piafaban, por cierto. como reconociendo nú. é algo particular, humano sucedía allí; se removían inquietos. L ESPAÑOLA 1 Juan FERNANDEZ FIGUEROA