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LA SANIDAD Y LA ENERGÍA RADIANTE R ECIENTE está la noticia, divulgada de Roentgen, que, de vez en cuando, apapor la Prensa, de la última explo- rezcan en las páginas de los periódicos sión nuclear desencadenada por los fotografías como esta que muestra a un rusos: Impresionante irrupción de energía sufrido radiólogo francés, tristemente concuya potencia se calcula por megatones. decorado y rodeado de sus hijos que conY, en el ánimo de todas las personas que templan, pensativos, las manos paternas se preocupan de las consecuencias que so- amputadas. Aquí, entre nosotros, viven esbre la vida orgánica de la corteza terres- ta sorda tragedia algunos profesionales, que tre pueden tener estas Irrupciones de ener- han perdido sus dedos, sus manos o la gía radiante, vuelven a surgir los espectros vista, por trabajar desmedidamente con de Yokohama e Hiroshima, y los médicos los rayos X, Incluso el cine que de vez revivimos la impresión recibida al leer los en cuando nos toma a los médicos como informes sanitarios elaborados en los años siguientes a las famosas explosiones. Es evidente que todas las manifestaciones de la V i d a se sienten amenazadas por este empleo novísimo dé la energía nuclear que empieza a manejar el Hombre. Y, en el fondo, como todos nos conocemos, todos tememos también que el primer y general empleo sea en servicio del Mal Por todas partes se recogen ya datos angustiosos s o b r e los efectos nocivos q u e las reacciones en cadena pueden desarrollar sobre los organismos vivos. Y como ejemplo de ello véase sobre la palmera del grabado los rizos de mal augurio que los Palmero qu h utrid I etteto d l efluvio ttmtoo. efectos distantes de una explosión hicieron sobre las graciosas hojas que, sin duda, asunto de su guio e mecían alegres y confiadas antes de que nes, ha hecho el holes trajese la ponzoña el viento. nor de sus pantaPero, con todo y ser temible el efecto de llas a estos héroes la explosión nuclear, sus características de anónimos de la Mehecho tremendo y esporádico, necesitado dicina. Pero la verdad es del prolegómeno de la Guerra, hace que con una esperanza, quizá, suicida, todos que, h a s t a hace pensemos que algún hado benéfico nos ha muy p o c o tiempo, de evitar padecer su desdichada influencia. nadie se había preAhora bien, existen otras formas de ocupado de t o m a r energía radiante más modestas, menos es- en serio los peligros pectaculares, casi familiares, podría decir, sociales que e s t a que no por discretas dejan de tener un modalidad de la acefecto menos nocivo sobre la vida humana. tividad h u m a n a Me refiero a la energía que se libera en el acarrea. Así lo ha comempleo de los rayos X, en el uso de los aparatos de televlsiónn, en el manejo de prendido el doctor materiales para fabricar relojes fosfores- Palanca, director centes o en la novísima industria de sus- general de Sanidad, tancias luminiscentes en la oscuridad, por y muy recientemenejemplo, la pintura de señales de carrete- te ha constituido ras. En todos estos procesos de la actividad una Junta Nacional diaria del hombre, el organismo absorbe de Protección conuna cierta cantidad de radiaciones que, tra la Energía raalcanzados un grado de Intensidad y du- diante, dependiente ración suficientes, son capaces de desen- del Consejo Nadocadenar procesos patológicos. Procesos que, nal de S a n i d a d una vez puestos en marcha, no cejaran donde personas esya en su trabajo demoledor del organismo. pecializadas en la 1 uso de materiales radiactivos y el re- materia y con amcentismo de los isótopos en Medicina au- plia experiencia somentan considerablemente el contacto bre el tema se ocuconsuetudinario del Hombre con la ener- parán de proponer gía radiante y por ende los riesgos de que la legislación pertinente y tomaran las sufra sus efectos perjudiciales. Ya es clásico, desde el descubrimiento medidas necesarias para que en nuestro país todas las personas que trabajen en este tipo de actividad tengan protegidas sus vidas como se protegen hoy las de los trabajadores con polvos irritantes o gases tóxicos. Porque es deber de la Sanidad Nacional velar por la integridad física de las personas que hacen un gran beneficio a sus semejantes diagnosticándolos o tratándolos con los rayos X, el radium o los isótopos radiactivos, en tanto que ellos reciben, día a día, una pequeña parte de ponzoña, que va minando sus vidas. Y tamfolén por la de los trabajadores que nos fabrican cómodos relojes o amables aparatos de televisión, o nos pintan las carreteras para que no nos despistemos de noche. Y por la de los vecinos de los pisos donde hay instaladas potentes instrumentaciones de terapéutica física, y, también, por la de los propios usuarios, que pueden recibir perjuicios si tienen necesidad de ser sometidos enérgica o frecuentemente a la acción de los medios radiantes. Vigilancia y control de las fabricaciones de Instrumentos capaces de emitir radiaciones; vigilancia y control del personal que maneje, en el futuro, el instrumental fabricado; vigilancia y control de los usuarios de todas las fuentes de energía radiante para fines pacíficos; propulsar la investigación, fomentar la enseñanza y divulgación de los conocimientos de profilaxis y colaborar estrechamente con otros organismos dedicados a otros aspectos de la energía radiante, tales son las finalidades inmediatas de la Junta recientemente ituída. Civilización ha colmado al Hombre de muchos beneficios, especialmente en el dominio de la conservación y prolongamiento de la Vida. Pero a la par, nuevos problemas se plantean a la Sanidad Nadonal, que trueca la estufa de cultivos y el tubo de ensayo repleto de microbios peligrosos por el contador de Geiger o los aparatos de medición cualitativa o cuantitativa de energía aftsorblda, para hacer frente a los nuevos problemas sanitarios que la complejidad de la técnica le plantea. Doctor NAVARRO GUTIÉRREZ