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sobre el infante. Únicamente en España, y merced al poco arraigo que tuvo el feudalismo- -enseñoreado en la M a r c a hispánica- -y al carácter popular de la Reconquista, en que tomaban parte las milicias concejiles, pudo evitarse la total decadencia de la que con el tiempo yolveda a merecer el justo titulo de la reina de las batallas Todos los historiadores están conformes en que la resurrección de la Infantería y el inicio de la táctica y el arte militar moderno radican en las inimitables campañas del Gran Capitán y sus discípulos los Colonnas, García de Paredes, Mendoza y tantos otros magníficos capitanes de su escuela. Desde Seminara a Barleta, lo mismo que de Ceriñola al Careliano, el entendido soldado de las guerras de Granada va fijando los principios que, desarrollados y perfeccionados por sus continuadores, han de llegar a nuestros días. Así puede decir un critico militar del siglo pasado que en Ceriñola es la Caballería que muere y la Infantería que nace lEsta Infantería española que, a todo lo largo del siglo XVI, encuadrada en los famosos Tercios y bajo el mando de Leiva, Alba, Dávila, Romero, Londoño, Valdés, Verdugo... recorre imbatida media Europa, cosechando lauros y triunfos en Pavía, Roma, Metz, Mühlberg, y llegando al cénit de su gloria en San Quintín, Gravelinas, Gemingeh, Mook y Amberes. Por unos años parece que el deslumbrante sol que alumbra por doquier las hazañas de: la Infantería española no ha de llegar a su ocaso, pero ni España ni sus infantes pudieron evadirse a la inexorable ley que rige el acontecer histórico de los pueblos y de los hombres. Si Cartagotuvo un Zama, España tuvo un Rocroi en 1643, que señala- el comienzo del fin de aquellos temibles cuadros de piqueros y arcabuceros, que supieron poner un dignó remate a su historia militar, en la forma más bella y heroica, de pie y sin contar los muertos. (Dice el ilustre y malogrado Villamaftín que la Infantería, para ser buena; sólo necesita unidad política y militar en el Estado; por su naturaleza no puede ser un arma de clase, sino un arma nacional Acertadas palabras, que nuestra historia confirma paso a paso. Ni la decadente nación de los últimos Austrias, ni la enteca y titubeante de los primeros Borbones, podía aspirar a reverdecer en sus infantes los marchitos laureles de su gloria militar. Sería necesario que una conmoción nacional reactivase el caído espíritu patrio para que los españoles recordasen áue su Infantería había sido la primera del mundo. La ocasión se presentaría, única y sobrecogedora, en la más hermosa epopeya nacional: la Guerra de la Independencia. Basta que el alma española vibre conmovida, que la entraña ibérica se sienta herida en su secular sentimiento d altiva y gallarda independencia, para que, como por ensalmo, surja la mejor Infantería del siglo. Y es en Bailen. Talayera. Albuera, Arapfíes y San Marcial donde los infantes españoles demuestran, a una Europa atónita, que las tropas del Genio de la guerra, del émulo de Aníbal. Escipión y César, del inmortal Napoleón, Dueden morder el polvo de la derrota, i Lástima grande que tanto heroísmo y tanta gloria vaya a encontrar su épica continuación en nuestras infaustas y estériles luchas fratricidas del sjeflo pasado! Únicamente la puerra africana de 1860 añade páginas de diarna recordación en las magníficas jornadas de los Castillejos y Tetuán, En nuestros días están tan próximas las glorias de los infantes españoles, de esa resuelta Infantería que persevera en -7 la idea de que el fusil es el mango de la bayoneta que nuestra pluma calla conmovida. Para los que llevamos a través de cinco generaciones sangre de infantes españoles, este día glorioso en que La Valerosa conmemora la fiesta religiosa de su excelsa Patrona, la In- maculada Concepción, es para nosotros también de júbilo y emoción. Séanos permitido este humilde, pero sentido homenaje. Ricardo PIELTAIN (Foto Sana Bermejo.