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D I A R I O I LÜ 5 TR. ADQ DE INF O RMACI O N C W E R A L FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCADE TENA D I A R SO 1 L T R AD O D E I N r O R M A C V O N G E NE RA L empresas puras. A todos los ejércitos obliga una moral; al nuestro, una moral y un voto. y: La Historia tiene muchos caminos que abren las espadas; pero no todos pueden ser abiertos por espadas españolas. A veces parecerá que los que no abrieron son los que conducen a la grandeza y a la prosperidad. Pero al; final se verá que hay grandezas falsas y prosperidades que merman la estatura moral de los pueblos. La vida es corta, y la Historia, larga. Vivirá tanto como la Historia ¡el pueblo que sólo dio sangré a las causas buenas, que- sólo tomó por empresas históricas las, empresas dignas de una cuasi Historia sagrada Ved cómo no ya uña etijr presa cualquiera, sino la empresa cpmf plementaria en cierto modo del Génesis (valga la expresión) -el decubrimiento y catolización de las Áméricás estuvo reservada a las armas españolas, a- las armas limpias. us- ARMAS LIMPIAS AD RE Antigua de España es la Madre de Dios, concebida pura y sin mancha. Antigua como el pilar junto- al Ebro ibero que camina al mar nuestro de lá cultura. Y antigua y hasta la muerte- devotio ibérica -es la devoción qué España profesó siempre a la Inmaculada. Como símbolo de esa devotio tenemos la devoción militar hispánica. Difícilmente podrá imaginarse algo más hermoso que esta dedicación del Ejército a la Pura resumen y señal de- esas arrrionizaciones que la cultura hispánica logra entre categorías y valores distintos, entre idealismo y realismo, entre misticismo y pragmatismo, o entre lo. viril y lo femenino, lo cortesano y lo castrense. La cortesía, por ejemplo, fue tradicionalmente en España un valor castrense tan estimado como él honor. Lo caballeresco es valentía y cortesía; nunca en España quitó Ib cortés a lo valiente, ni lo valiente a lo cortés. En la Andante Caballería toda Arrría tuvo una dama. Corrió una continuación de la institución caballeresca, el Ejército español quiso seguir teniendo una dama. Y eligió la más alta y más dama: la Virgen de las Vírgenes. De ella dicen las Escrituras que es pulcra, suave y hermosa pero terrible como ejército en orden de batalla, y también dicen que de ella penden mil escudos. Los de nuestro Ejército quieren pender de ella. Todas las cosas hispánicas, aun las más populares y sencillas, encierran un sentido profundo. Por eso los criterios simplistas y los criterios no católicos son incapaces de entender a España. Muchas veces no es la malicia, sino el simplismo y el alejamiento de la matriz cultura cristiana lo que levanta en el mar negro de las negras leyendas y propagandas esas tempestades ds incomprensión contra lo español. La protesta anticatólica y la protesta antiespañola fueron simultáneas. Tan lógico como a nosotros nos, parece el patronazgo de la Inmaculada para el Ejército, así de extraño parece á los extraños. Sin embargo, ya hemos visto que simbólico y oportuno es. Pero lo definitivamente hermoso y a la vez tremendo de este patronazgo. es la obligación histórica, que impone a las armas españolas. Sean armas limpias las armas dedicadas a la Pura! Una especia de imperativo categórico pssa sobre nuestro Ejército: pelea sólo batallas fustas, no toma parte sino en r LA INFANTERÍA I el historiador Durey no tuvo más remedio que confesar: Durante mucho tiempo la gloria en Roma no tuvo nombre; pudiera decir, me llamo Legión. Nosotros, los españoles, sí podemos, afirmar, desde un principio, que en nuestra Patria, y durante cerca de dos siglos, la gloria lo tuvo bien claro y rotundo: Infantería. Forzoso es admitir, con Kepserling, que el poderío y esplendor de una nación van unidos estrechamente a sus triunfos militares Hasta él presente ningún imperio ha sido Qtra cosa que tina larga campaña en- que las batallas fueron los jalones dé su paso por la Historia, y la fuerza de sus ejércitos, el impulso motriz de su destino universal. Lo que fue lá falange para el imperio macedónico y la legión para el romano, lo füé la Infantería española para la ruta imperial de los primeros AuStrias desdé comienzos del siglo XVI hasta mediados del XVII. Si Carlos de Gante: no se hubiese encontrado a su; llegada a los Estados de sus abuelos, los Reyes Católicos, las aguerridas tropas que Gonzalo de Córdoba había instruido con su genio militar en las duras campañas de Italia, mal hubiese podido el César español dar comienzo á la ingente tarea de gobernar en ambos mundos; Pero la Historia siempre previsora en sus ocultos designios, nunca olvida colocar junto al solio imperial el instrumento adecuado para sus fines, que en éste caso no sería otro que aquellos infantes retratados de mana maestra por el insigne almirante cuando dice: peón ágil y bien trabado, como si fuese de raza felina; siempre hambriento y nunca triste; bravo, ojrgüllóso, insolente como un príncipe, tornando a fuer de filósofo las cosas como vienen; agazapándose para buscar mejor la escotadura de la coraza; burlándose 16 mismo de la luenga sarisa del suizo, que de la acerada barda del caballo francés; repitiendo en aquella culta Italia la sensación pavorosa que siglos antes causó su fiero antecesor, el almogávar De esta traza y condición eran aquellos españoles, pasmo y maravilla de sus enemigos, y sobre cuyos hombros pesaría la responsabilidad histórica de restituir a la Infantería su antigua importancia en el combate. Desde el hundimiento del Imperio romano, la Infantería comenzaría su rápida decadencia en toda Europa, hasta el punto de que su papel en la EkJad Media quedaría reducido al de míseras mesnadas, buenas tansólo para ser alanceadas y pisoteadas por la incontenible y señorial Caballería. Durante diez siglos el régimen feudal mantendría la superioridad del jinete S Muchas veces la musa de la- ambición ha intentado inspirar el ardor de nuestros milites, y otras tantas, o casi tantas, ha sido desoída. Ahí están nuestras neutralidades ante tantas guerras. Y está también- -gloria de nuestras por el contrario, nuestra primera beligerancia contra el Islam, contra el turco, contra el comunismo. Ahí están nuestras neutralidades eri todas las guerras de rapiña; ahí nuestras neutralidades en todas las guerras para dividir espiritual y políticamente a Eúrppa y a la Cristiandad. Y ahí están también todas nuestras generosas beligerancias en todas las guerras en qué de veras- -no de propaganda y de mentira- -era el patrimonio cristiano, la cultura auténtica y la unidad de la Cristiandad lo que estaba en litigio y era tiempo dé defender. ¡Armas limpíaselas armas españolas! Fray Juan ZARCO DE GEA, O. F. M. VIGUETAS A SAGASTA, 13- Te! 24 98 62