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APARCAMIENTO L AS nuevas estadísticas de crecimien- na para correr, aunque no tenga necesidad to de población en el mundo crean de ir pronto a ningún sitio, y existe una problemas urbanísticos que es muy palabra que antes no existía, y que ahora difícil resolverlos mirando al porvenir. El se prodiga a cada instante, la palabra absentismo en el siglo XIX no era sino aparcamiento. El que corre por las calles un leve motivo para que escribiesen los con un artefacto mecánico necesita aparsociólogos. La deserción del campo para car cuando llega donde se propone, y las conquistar la ciudad apenas creaba difi- ciudades, en sus trazados antiguos, no tiecultades para qué los hombres se encon- nen espacio para que las máquinas puetrasen incómodos, ya en la aldea, ya en la dan esperarnos cerca de donde vamos. gran ciudad. Hoy empieza a sentirse lo ¿Dónde dejar la máquina para que nos que representa la repoblación en los itte- espere? Nó ya el gran coche, sino la bicidíos campesino? y la afluencia de multi- cleta, no encuentra lugar en las aceras tudes en los centros ciudadanos. No sola- donde apoyar el pedal. mente nuestro planeta se hace pequeño t a s ciudades fueron creadas para que por la velocidad, por el tiempo, sino por el los hombres empleasen en ellas sus pies, espacio. Las gentes llegan pronto a los y los más poderosos sus caballos. Hoy él sitios, y empiezan a no caber en ellos. caballo es un animal anacrónico, que lleva Es ahora muy difícil proyectar una ciu- trazas de desaparecer, y con la desaparidad para el futuro, ya qué en el présente, ción del caballo van desapareciendo los para que la ciudad sea habitable, hay quf caballeros. En realidad, las ciudade. s van destruir y crear constantemente. siendo pequeñas, y aun más que, para los La prisa, de otra parte, es un factor hombres, para las maquinas. Se ha acorimportante, que fomenta el maquinismo. tado con ellas la distancia, mas cuando Los medios de locomoción mecánicos em- se llega donde nos proponemos, ¿en qué piezan a ser elementos de primera nece- lugar dejaremos la máquina para tomarla sidad, y llegará un día en que, en las ciu- de nuevo? Cada cual sueña con tener un dades, no existan apenas peatones. Del medio de locomoción propio, y no piensa mismo modo que se va acabando el diá- en la angustia que representa el no saber logo, llegará un dfa en que se acabe el dónde dejarlo. paseo. Cada cual quiere tener una máquiDe todos los problemas urbanos que ahora se presentan en una progresión alarmante, quizá ninguno tenga tan dificil solución como el del estacionamiento. Quien no tiene máquina propia y ha dé utilizar una máquina municipal ha dé estacionarse él mismo en una cola, y allí interceptar un espacio que debe pertenecer al transeúnte. Aparcar, estacionar, embotellamiento: he aquí palabras que, si resucitasen nuestros antepasados, no podrían comprender. Claro está que, ante la confusión del tráfico de una ciudad moderna, tampoco se decidirían a salir de casa. Es difícil adivinar cómo en el porvenir se resolverán estos problemas y la estructura que tendrán las futuras ciudades cuando todos los hombres, aun los más modestos, tengan su máquina correspondiente, cuándo en la ciudad existan tantas máquinas como hombres. Y no es ya que las ciudades, aun agrandándose progresivamente, se va. yan quedando pequeñas: es que se va quedando pequeño el mundo, nuestro mundo. Que los habitantes aumentan y que por cada habitante que surge tiene que aparecer una máquina que robe espacio ál ser vivo. Pero el ingenio humano es inagotable. Ya se inventará algo que destruya la ley de la impenetrabilidad. Francisco DE COSSÍO