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tender el proyecto y mis paisanos lo acogieron con un entusiasmo indescriptible. Se formó una Comisión organizadora del viaje; se abrió una suscripción popular, la que llegaban donativos hasta, de veinte céntimos. l a Imputación y el Ayuntamiento santanderínos hicieron también aportaciones. No se consiguió, sin embargo, que se calificara de oficial el vuelo. Pero le dijeron: Ert el momento en que salga de España dejará de ser Pombo para ser solamente España. TRES MIL DOSCIENTOS KILÓMETROS EN UNA PEQUEÑA AVIONETA Un pequeñuelo entra en la habitación e interrumpe nuestra charla. Es un angelote rubio, digno de figurar junto a una Madonna. Juan Ignacio le acaricia y dice que es un sobrino. La Interrupción nos ha servido para volver a la realidad. Llevamos ya mucho tiempo charlando. Babiamos perdido la noción del tiempo y ahora necesitamos apresurar el diálogo. ¿Quiere usted decirme las caracterlsticas de su avioneta Santander -Era un aparato de fabricación inglesa. Tenia tres plazas y un motor Gisy de cuatro cilindros. Ciento treinta caballos en total. Fue preciso adaptarlo para, el salto del Atlántico. Para ello se aumentaron en tres lóá dos depósitos de gasolina que llevaba originariamente. A la vista de estos datos comprendemos la magnitud de la hazaña de Juan Ignacio Pombo. Sin dificultades de ninguna clase, es decir, con un vuelo absolutamente normal, lé hubiera sobrado gasolina para permanecer en el aire algo más de una hora. Pero surgieron los obstáculos y al aterrizar en Natal quedaba combustible para veinte minutos escasos. ¿Dónde inició usted el vuelo trasatlántico? i. -En Bathurst, capital de la Qambia inglesa. Despegué a las doce de la noche en un campo que, según cálculos de los técnicos, era cien metros demasiado corto. Pero las. condiciones atmosféricas eran propicias y no dudé un instante en Iniciar la travesía. Yo tenia mucha confianza en Dios... Juan Ignacio Pombo nos enseña una medalla y un crucifijo que le regalaron en Santander y que todavía lleva sobre Juan lanado Pombo, la viadora colombiana Guilla aomoa y, Oantutffas en Tapaohula. su pecho. Luego prosigue su narración. época, completamente solo, 81 hubiéramos- -En las tres primeras horas nada su- ido dos en la avioneta, al cambiar Imprecedió. Pero después encontré una tormenta siones, podía haber prevalecido el erlterto que duró casi hasta el amanecer. Jamás del que creyera que efectivamente era Naolvidaré el espectáculo, terrible y magnifico tal lo que velamos... Y entonces no hubiéa la vez. Los relámpagos iluminaban el ramos llegado al Brasil. mar y las alas plateadas del avión. Luego, Juan Ignacio Pombo llegó a líatal el yo quedaba sumido en una oscuridad casi día 21 de mayo de 1935, el mismo en que absoluta. Llevaba encendidas las luces de salió de Bathurst. después de permanecer la cabina pero los rayos me cegaban. sobre el Atlántico dieciséis horas y cuaPombo atravesó con fortuna la tormenta. renta y siete minutos y de recorrer 3.200 La luz del día le trajo, sin embargo, una kilómetros. Pombo había conseguido para sorpresa. Al atravesar el Ecuador vio, fuera España un record mundial, reconocido de su ruta, la costa brasileña. Dominó su Inmediatamente por la Federación Interprimer impulso de virar y miró él reloj. nacional Aeronáutica, en cuyos libros fiEra imposible que se encontrase ya tan gura el nombre del piloto español al lado cerca de Natal. Sin desviarse de su camino de la gran hazaña. siguió adelante y dos horas después comprobó que la supuesta costa brasileña era HOMENAJE POPULAR ES SANTANDER un conjunto de arracimadas nubes. Se Mientras duró el viaje sobre el Atlántico, trataba de un espejismo. mués de españoles elevaron al Cielo sus- -Después de llegar a Natal com prendí que vuelos do esta naturaleza era preferible hacerlos, en aquella Mito meralda Impon al aviador luán Ignacio Pombo una, medalla 4 oroí pooo antes d inlolar tu famoso vuelo. (Poto Olí dal tapiñar. i Juan Ignacio Pombo con su hija Ana Marte, durante un d sus vualoa por Hlapanoamérloa.