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A B C. MIÉRCOLES 19 DE OCTUBRE BE 185 S. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 38 tega dijo a Gary Coojier que le gustaría posf: 9 r una de sus camisas de hombre feSz que contradijese la fábula de que los hombres felices carecen de camisa. Ei actor se la envió. Me encontraba con Ortega en su habitación del. Hotel Plaza, fie Nueva York, la tarde en que el correo Se dejó un paquete con la camisa de CJary Cooper, una camisa de lana, a cuadros, dé cow- boy En el paquete venía tina carta en la ue el actor decía: Aquí tiene usted la camisa prometida, pero a condición de que usted, hombre también felis en su vida intelectual, me envíe una suya. Aquella misma tarde el filósofo español envió al actor americano una d sus camisas. Gary Cooper, que mantuvo Besde entonces una afectuosa correspondencia con Ortega y Gasset, se acordará muy mucho de aquellas tardes de Aspen y de las camisas que intercambiaron. -José Slaría MASSIP. LOS MÉDICOS HABLAN DE SU ENFERMEDAD Y DE SUS ÚLTIMOS MOMENTOS Desde que emitieron el diagnóstico hasta los últimos momentos de la vida del ilustre filósofo no se separaron del lecho del paciente los doctores Marañan, Hernando y Duarte, tres médicos insignes que hubieron. de rendirse ante la trágica enferme- Oíros comentarios del extranjero Telegramas de la agencia Efe dan cuenta de que el World Telegram And Sun de Nueva York, publica en primera plana la noticia del fallecimiento del pensador español D. José Ortega y Gasset y una extensa biografía del mismo. Le Monde de París, en una amplia biografía a cuatro columnas, califica a Ortega y Gasset como una de las grandes figuras de la literatura española. Era. amigo mío ha dicho el presidente federal suizo, profesor Heuss, al. corresponsal de la United Press al serle comunicada la noticia de la muerte del pensador insigne. El mismo telegrama, fechado en Friedland (Alemania occidental) da cuenta de que muchísimas personalidades alemanas han mostrado su condolencia. El doctor Hatis Harden Biermann- Tatjen manifestó su pesar por la desaparición del autor de La rebelión de las masas uno de los más significativos trabajos sociológicos del siglo. Asimismo, recordó el llamamiento que Ortega y Gasset hizo al pueblo alemán con motivo de las fiestas de Goethe, en Hamburgo, en 1949, en el cual les exhortó a que saliesen del shock de la guerra y desempeñasen el papel que le corresponde en el mundo europeo. ORTEGA Y GASSET, VISTO POR SU PORTERA Enlutada de la cabeza a los pies, con una delgadez impresionante, Josefa Gutiérrez parece algo así como una viuda de esa ancha Castilla, que tan bien conoció don José. Don José es, naturalmente, Ortega y Gasset, el nombre con que se refiere a él siempre nuestro personaje. Josefa no pudo pasar inadvertida, porque aún continúa en permanente guardia, para ese desfile interminable de personas que llegan a expresar su condolencia al que fue hogar del ilustre pensador. Porque ella trata de disimular difícilmente sus lágrimas, lágrimas de auténtico dolor. ¿Muchos años C i portera en esta casa? -Sí. Desde que llegó don José aquí no dejé de verle jamás. Y de eso hace ya nueve años. ¡Con lo que era. este señor! ¡Me parece mentira que se haya muerto! ¿Cuándo le vio por última vez? -Le saludé con ocasión de irse él al Sanatorio. Bajó por su propio pie las escaleras, y no podíamos sospechar que su enfermedad fuese tan grave. Después, ¡no lo quiero ni recordar! nos lo devolvieron en una camilla. Y desde entonces esto fue un desfile impresionante. Cartas y telegramas de todo el mundo llegaban sin cesar. i- -íSu mejor recuerdo de él? ¡Tantos! ün primer lugar, que era lo más sencillo que había en el mundo. Caritativo, no le importaba hablar con la gente humilde. Hasta le instaba. Hace unos afios que me quedé viuda. El estaba dando unas conferencias en Alemania. Doña Rosa, su señora, le comunicó la muerte de mi marido. Le dio la noticia por teléfono, y a él se le hacía imposible creerlo. Tan pronto como regresp. me dio el pésame y me consoló diciéndome que la muerte era nuestro destino... Después conversaba de vez en cuando con mi chica, de diecinueve años. Le dijo un día: Me gustaría llevarte al cine ¡Pero estoy tan ocupado! Y le dio cinco duros para que fuese ella con una amiguita. ¿Hablaba mucho con ustedes? -Dependía. A mí me gustaba verle sa lir. ¡Tan ágil él, que no parecía de sii edad! Iba muchas veces a pie a la Revista de Occidente Cuando regresaba, a veces, el ascensor tenía el letrero de No funciona ¡Ya sabe, usted lo que son estos ascensores! No sé qué ine daba ofrecerle el montacargas. Pero él siempre aceptaba, con una sonrisa, sin protestas. ¿Cuándo notó Usted la enfermedad de don Jqsé? Al regreso del veraneo; lo encontré algo desmejorado. Pero no le di mayor importancia... Después surgen otras anécdotas, tremendamente humanas. A las dos y media llega el ataúd. Josefa llora. El portero vecino recuerda a Ortega y Gasset erguido, a la puerta de su casa, encendiendo el cigarrillo en su boquilla. ¡No sabe usted lo importante que era! -comenta Josefa, ante las preguntas de unos curiosos. Ella sí qué sabe de la importancia del ilustre pensador. Al menos la presiente. Porque oyéndole hablar de él se desvirtúa, aunque sea un peco solamente, aquel dicho popular de que no hay hombre importante para su ayuda de cámara, Momentos después entra un hombre. Firma en los pliegos. Dice así su firma: Luis González Prado, su peluquero Otra anécdota viviente. Muchos días llegaba este hombre a prestar sus servicios a Ortega y Gasset. Los grandes hombres tienen su pequeño anecdotario. Josefa y el peluquero del 11 da Zurbano, son anécdota viva y hoy, desgraciadamente, de actualidad. -A. DE OLANO. I INSTALACIONES f 1 ZADAS S. A. C. PRECKLE 51 INFANTAS, 19 Comerciales, Publicitarios, Escaparates. Carteles, eíc. TI fíNÍ) 3 JJ 53 31. DIBUJOS dad que en tan escaso tienipo ha anulado la existencia de uno de los más altos ralo- res intelectuales que ha dado España. El destino quiso que fuese quien suscribe el que comunicase al doctor Marañan la noticia del fallecimiento de su cliente y amigo Ortega y Gasset. Don Gregorio, como todas las mañanas, se encontraba en el Hospital General. Aunque te- m ta Doctor Marañen V esperaba el fa tal desenlace, no puj do por menos que exclamar: ¡Qué pena! ¿Desde cuándo trataba usted a don José? 1- -Desde que tengo uso de razón. ¿Era hombre de buena naturaleza? -SI, era un hombre sano. Pero muy aprensivo. Lo más interesante, de Ortega, desde el punto de vista médico, era. la fe ciega que tenía en la Medicina; vamos, era una fe de zapatero. ¿Sabía él la enfermedad que pddecíat, -Yo tengo la impresión que se ha muerto ignorando que se trataba de un cáncer. El lo achacaba a unas molestias antiguas y tenía la seguridad que la operación le iba a dejar nuevo. ¿Cuándo tuvo usted conocimiento de su enfermedad? -Estando yo este verano en Fuenterrabia me avisaron su hijo y el doctor Hernández, comunicándome que le habían diagnosticado cáncer, pidiéndome viniese a Madrid para ver si cabía la posibilidad de una operación. Pero la enfermedad ya no tenía remedio. Irfos enteramos cuando el cáncer era enorme. ¿Le produjo muchos sufrimientos la enfermedad? -Alguna gran angustia en los últimas días. -Y de la obra de Ortega, ¿qué piensa usted -Creo que el adjetivo es éste: única. Hoy Ortega, dígase lo que- se quiera, era la primera personalidad intelectual del mundo. Al doctor D. Teófilo Hernando lo encuentro en su domicilio. Acaba de regresar del domicilio de la familia de Ortega y Gasset. -He venido a casa para desahogarme llorando- -c o n f i esa con la ingenuidad de un niño. ¿Recuerda la primera vez que vio a don José? -El ¡año treinta y ocho, en París. Estuvo muy malo entonces; tuvo una inflamación de la vesícula biliar con formación de pus y altas temperaturas. De- Doctor Hernando cidimos operarle. Le acompañé yo con su esposa a una clínica que hay en Georges Bisct, donde fue intervenido por el doctor Gosset. ¿Y en esta su última enfermedad? -El día veinticuatro de julio le vi, pero sin que acusara ninguna molestia, cuando se iba de viaje por el Nor e. Al volver, fe primeros de septiembre, su hijo Miguelt que es médico, me dijo: Mi padre ha peri dido el apetito, ha adelgazado... y no me gusta nada su aspecto. Le vimos y encontramos que tenía un tumor que juzgamos