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ABC. MIÉRCOLES 19 DE OCTUBRE DE i EDICIÓN DS LA JASANA. PAG. 86 sido previamente consultado, y en cada instante tengo que hacer algo para vivir. La vida es algo que hacer, es un quehacer las cosas y el yo sólo son elementos parciales y abstractos de mi vida; ésta es En esta hora de luto nseionaUpor la lo que yo hago con ellas, un drama con. kc- inbres más capaun personaje, un argumento y un escena- pérdida de uno de losque ha tenido Espaces, más universales, no, que llamo mi vida más que Lo que tengo que hacer está condicio- ña, no hay lugarla plegariapara el dolor y limpia, nado por las circunstancias, que, por lo la pena, y para corazón a Dios. No la que directa del es popronto, no son más que facilidades y difi- sube medir ahora la magnitud de esta per 7 cultades, que Regarán a ser la fuente de sible España entera, y no exageró si digo nuestras posibilidades. Pero las circuns- dida. todo el mundo civilizado, ha estado que tancias, que limitan mi vida, no la deci- pendiente, con dolorida incsrtidumbre, con den, no pueden definirla; soy yo quien sincerísimá cordialidad, de los últimos tiene que decidir a cada instante hacer una cosa u otra, entre, las que me están momentos de Ortega. Es como si se hubieofrecidas o propuestas: tengo que tener ra avivado unánimemente la conciencia de un proyecto vital, una imagen más o menos vaga del argumento de mi vida, un programa o pretensión que me constituye es su causa; hasta si es un imposible que y que me permite elegir a cada instante no está en ninguna parte; ei cuadrado reentre mis posibilidades. Pero hay que ob- dondo o el color inextenso aparecen o servar oue Jas posibilidades no me están están radicados en mi vida, pero no es? dadas. Resultan de la proyección de mi tán en mi vida, porque no existen en ninguna parte, ni en el mundo físico, ni proyecto Sobre las circunstancias. eñ el mundo de los objetos ideales, ni en Para poder vivir, para decidir, elegir, el mundo de la ficción. preferir una posibilidad a otra, tengo que Hace cuarenta y un años, en 1914, OrJustificar por qué. La vida es necesarialibro: Meditamente responsabilidad, es intrínsecamente tega publicaba su primer este título se esciones Quijote Bajo moral. La moralidad de la vida no es algo condía del bosquejo de una metafísica, es el oue se le añade, una especie de barniz, decir, de una teoría de la realidad y de su sino su condición absoluta. Todo hacer conocimiento. Allí estaba la primera forhumano, y la vida como conjunto, es ne- mulación de su idea de la vida- yo soy cesariamente moral- -quiero decir moral de o inmoral- Y el hombre es necesaria- yo y mi circunstancia la tesises el que la reabsorción de la circunstancia destino mente libre El ser de la vida es un dra la afirmación ma. un acontecer, cuya existencia íio le concreto del hombre espontáneo, por de lo opoestá dada hecha Frents al ser suficien- individual, concreto y genérico, esquemásición a lo abstracto, te dé la sustancia o cosa, la vida. es el ser tico- el martillo es la abstracción de cada indigente, nue sólo tiene propiamente necesidades. El programa vital es el yo de uno de sus martillazos una teoría del cada hombre; invento, proyectos de ser y concepto, una interpretación de la verdad como alétheia o apokalypsis descuhacer en vista de lo único oue me es dado: brimiento, desvelamiento, revelación- -trela circunstancia. El hombre- -dice Orte- ce- años antes que Heidegger- y, sobré ga. -es novelista de sí mismo, original o plagiario, y la vida es invención, imagina- todo, el postulado de una nueva idea de ción, faena poética. Entre las posibilida- la razón, la razón vital ies tengo que elegir. Soy libre; soy, por Esta idea es el núcleo de la filosofía de fuerza, libre, Jo quiera o. no, y para lo Ortega. Sin ella, hubiera sido uno de los único que no tengo libertad es para re- filósofos que han explorado la vida hununciar a ella Lo que llamamos nuestra mana, acaso cercano al existencialismo, vida es el esfuerzo por realizar un pro- parte de cuyas tesis verdaderas anticipó yeeto o programa de existencia: y el yn largos años, pero no hubiera llegado nunde cada uno es ese proyecto imaginario. ca a una metafísica como teoría de la Esta es la terrible y única condición del realidad radical, más allá de todas sus inser humano, lo cine hace de él algo único terpretaciones, incluida la idea del, ser. en el universo. Un ente cuyo ser consiste Y esa realidad radical es mi vida, no como no en lo que es ya, sino en lo que todavía Dasein existencia o subjetividad, sino no es, un ente que consiste en no ser to- como lo que. he llamado alguna vez la. davía; no una cosa, sino una pretensión organización real de la realidad (Tesis, dicho sea entre paréntesis, que han El irracionalismo, que el siglo XTX era empezado a circular en varias lenguas, más que, mezcladas con errores, á los diez o a los bastante razonable, no tiene se puede una es imposible. No veinte años de haberlas escrito Ortega, dificultad: la razón, simplemente para uno pasar sin visin ellos, en el mejor español. vir, si se es hombre. Como la vida no está hecha y es toda ella elección, decisión, inEl hombre no es una cosa- -sabemos. vención, anticipación imaginaria o prodesdé el cristianismo sobre todo, que el yecto de lo que voy a ser en el futuro, en hombre es persona, pero toda la tradición cada instante, tengo que justificar mi elecintelectual de Occidente, con pocas excep- ción, y por tanto dar razón de mi siciones, se obstina en pensarlo con con- tuacitfri entera, saber a qué atenerme resceptos válidos sólo para las cosas- para pecto a ella en su conjunto, aprehender pensarlo hay que hacer una transforma- la realidad en su conexión. Y éste es el ción de la lógica y de la idea misma de primer sentido de la expresión razón virazón, y Ortega lo ha hecho. Cuando Or- tal la razón que necesito para decidir, tega dice que el hombre no es cosa, que elegir, justificar mi elección, en suma, vivir. nó tiene naturaleza sino historia, no Pero hay otro sentido aún: razón, comquiere decir que no haya nada fijo y unienversal en el hombre, sino que. no tiene prender, entender, quiere decir hacervida, trar algo, en el movimiento de mi naturaleza en el Sentido de las cosas. El darle una función dentro de ella. Es la ser del hombre, há escrito, es a un tiem- vida misma la que da razón, es el órgano po natural y extranatural, una especie de del conocimiento, instrúmentum reddendi ¿entauro ontológico; la realidad humana rationen La razón vital es la vida misma tiene una estructura inexorable. El hombre funcionando como ratio tiene una naturaleza, en la medida en que Y esto el punto de pares un animal, un vertebrado superior, do- tida de la no es más queOrtega. Sólo lo ya tado de un psiquismo, y todo, ello someti- publicado metafísica de aportación más representa la do a las leyes de la física, la biología o la honda y original a la filosofía que se ha psicología; pero la vida humana no se hecho en cualquier país dentro de nuesidentifica con esos elementos naturales; es tro siglo. Y sabemos que una gran parte lo que yo hago con ellos. Ortega, Esta vida huníana que no es el yo de la obra desin editar. quizá! mejor de aún De ni el hombre ni la existencia ni el ella, está podido, hacer, en lo que todavía los Dasein cuya teoría no es una propedéu- hubiera podido vivir, no me años que hubiera consolaré tica para la metafísica, sino la metafísica nunca. Pero tengo al menos la seguridad sin más- -es el lugar o el área en que de que, como escribí una vez hace quince la realidad como tal se constituye. Todo años, España ha la lo que se puedo llamar real aparece de filosofía, y poren Ortega los hecho suya ser él y por alguna maner? en mi vida, incluso si eso dignos de su herencia, tendráque sepan en que es real trasciende de mi vida y hasta su historia. -Julián 3 MAPJAS. un puesto PLEBISCITO D AMOR, ENTENDIMIENTO Y CAR ¡D yf la enorme significación de Ortega Gasset. Es que a la hora de la gran verdad de la vida, que es la muerte- -pasadas las disputaciones de los hombres- lo que importa, es ese plebiscito de amor y de entendimiento; es decir, de caridad, que es la que salva y nos sitúa a todos ante la verdad definitiva de Dios, que es el único que posee el secreto de las almas. No llevemos, ¡per Dios! las cosas y las diferencias de los hombres a una realidad tan augusta, tan infinitamente delicada como es la muerte, es decir, el encuentro decisivo de; un alma con Dios, en el que se resuelve eí enigma y la finalidad de la vida en las! claridades indeficientes de la eterna Ver- dad. De una inteligencia tan extradrdina- ria y de un corazón tah entrañable como los de Ortega y Gasset no podía estar ausente Dios. No enturbiemos lo que pertenece al secreto de Dios y a la inmensa piedad de la muerte con apreciaciones aleatorias que caen del lado de acá. Escribo estas líneas torpes con la emoción profunda del que ha contemplado con los ojos húmedos cómo sobre la frente, ancha y abierta, del gran pensador, que destellaba inteligencia, brilla ahora como una paz solemne, que es la serenidad de Dios, el descanso perpetuo. A todos nos queda el asombro de que sa nos haya ido cuando no se esperaba. Que nuestro asombro se traduzca en una oración. P. Félix GARCÍA LÁ INFLUENCIA ORTEGA DE jQué español, entregado a actividades intelectuales, o simplemente inclinado a ellas, no le debe a Ortega enseñanzas y emociones, alguna orientación concreta, cualquiera que haya- sido el tema o la cuestión de su preferencia... Pero no sólo nos referimos al intelectual en estricto sentido, sino también al español. de cultura medid, y aun inferior, porque si no a todos les es posible penetrar en el ámbito filosófico propio de Ortega, aunque la puerta de su maravilloso estilo facilitara el acceso en grado extraordinario, la proyección de su pensamiento sobre las más varias platerías era de tal alcance, que cuantos le lean, no pueden por menos de rendirle el tributo de su admiración, incluso en casos de discrepancia. El reparo, en la forma que Ortega merece, ha ido siempre acompañado del reconocimiento de su magisterio. Ningún procedimiento más eficaz p. va componer el índice de las preocupaciones nacionales y señalar la marcha de nuestra cultura, -que seguir la okra de Ortega, en todas y cada una- de sus direcciones, a, lo largo de este medio siglo. Ortega puso en movimiento, con enorme virtud expansiva, una ingente masa de ideas, abriendo horizontes que, realmente, dilataron la versión del hombre español, cualquiera que fuese su actitud personal en éste o en aquel punto concreto. La capacidad de estímulo que caracterizaba a Ortega era sólo comparable a su capacidad de creación intelectual. Aparte los valores sustantivos de suoíra, hav que reconocerle un insuperable dominio en es tos dos puntos: como difusor de toda suerte de conocimientos inetafísicos, estéticos, sociológicos, etc. y como promotor de empresas de cultura. Aun sin su pluma, con Su sola palabra, por su carácter mismo, Ortega nació para influir, para adoctrinar. Pero ¡qué pluma... Con ser la época de Ortega de máximo esplendor para la prosa española, nuestra lengua literaria alcanzó en él una culminación pasmosa, por la be Ilesa formal y su matemático ajuste a los matices del pensamiento. Y no nos despiste la frecuente afirmación- -exacta, sin dudade que la filosofía alemana le influyó podcrosament- c. En el estilo, no. El estilo de Ortega descubr- e sus- raíces en la más dáskc t- adición latina. Era un escritor, meior di-