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A B C. MIÉRCOLES 19 I E OCTT 3 BRE DE 1955. EDICIÓN DÉ LA MAÑANA. PAG. 34 su propio peso, como un monumento de granito, para recuerdo y modelo imperecedero de lo que es una vida de meditador. Para don José la hora de la meditación lta terminado. Se halla ya ante la nuda realidad. Que Ríos le haya acogido en su- seno mediante el amoroso abrazo de Su Verdad personal subsistente en Cristo. X. ZTIBIRI PATRIOTISMO DE ORTEGA Precisamente, porque nunca seguí la linea intelectual ni política de Ortega, quisiera destacar lo que, sobre las cua- lidades excelsas de su obra y su figura, significó la lección permanente de su alto e insobornable patriotismo y de su altísima dignidad española. Aun en la vida pública, que no fue ni lo más ni lo mejor de su vida, vale la pena de recordar como ejemplares sus actitudes en las Cortes republicanas contra los tur- r bios estatutos y contra cuanto pretendía degradar en nacionalismos aldeanos la unidad y la misión universal de España. Ortega, que fue uno de los mayores europeos de su tiempo, hizo casi gala de españolísimo carácter en sus virtudes, en su señorío, en sus afectos, gustos y aficiones. Siempre rodeado de cálidas, variadas e inteligentes compañías, no fue hombre de círculo cerrado ni de secta, en cuanto no obligó jamás a nadie a profesar, para hacerse grato y acepto, tal cuadro estricto de postulados o de tesis. Supo y quiso crear, más bien, en torno suyo, una vasta sociabilidad del pensamiento español e hispánico, ligada, más que por una determinada doctrfna, por unos modos y unos métodos, por una estatura, por una exigencia dé nivel y de estilo y también por una limpieza, por uña elegancia de conducta o, en definitiva, por una educación. Así, en cuántos círculos, cada vez más amplios; se formaban en torno a él, cabían cada día más gentes de muy varias tendencias y creencias, entre las que podríamos contar, por ejemplo, muchos nombres católicos de pensadores y poetas, a quienes distinguió y ayudó de verdad y en quienes respetó la fe y confesión con la más exquisita delicaV deza. U AVENTURA Y LA ¡DEA Hace ahora más de cincuenta años, en BU j a pasmosa mocedad de escritor, apuntaba Ortega los dos modos cardinales de la presencia de un hombre en las almas de quienes le sobreviven: la aventura y la idea. Para nosotros- Ttlecía- Sócrates es una idea que nos enseñó Platón, al tiempo que para este divino filósofo, Sócrates fue una aventura; mejor aún, la aventura Para muchos españoles de ni i edad, Ortega ha sido una aventura, la aventura de nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia. La nunca saciada ambición, intelectual y estética, la ávida abertura a los líamamientos espirituales más sugestivos y profundos del tiempo en que nuestra mente se formaba, la íntima exigencia de actualidad v calidad en el pensamiento y en la expresión, la total carencia de resignación frente a la mezquindad y al adocenamiento, la honda convicción de que la vida y la inteligencia se requieren entre si, la medular Necesidad de una España vigorosa, varia y alegre, la visión cié la existencia ejemplar como una, empresa más orientada hacia el riesgo que hacia la seguridad; todo aquello por lo cual es aventura e! diario ejercicio de vivir, ha venido al seno de nues, iiras almas, desde su primera adolescencia rtasta su consistencia primera, a través de ia prosa espléndida y subyugadora de Ortega. Contemplando la bien cincelada prominencia de su frente, recién convertida én marfil pensativo, ¡cómo se me. hacía patente y punzadora esa realidad! ¡Cómo sentían su rfandad, ante aquei ya, seco Acaso, el centrp latente y afirmativo de esta gran cordialidad ortéguiana del espíritu fue la ilusión constante, renovada de ocasión en ocasión y de peripecia en peripecia, por el descubrimiento, la invención, el reconocimiento de una nueva y mejor España. Si alguna vez erró el camino, su intención e ilusión fueron puras. Esta es, acaso, la razón vital que hoy da calor de patria y de familia a los homenajes y lágrimas de la hora, dolorosa, en la que, desde el Caudillo de España y las altas jerarquías del Estado hasta los más jóvenes muchachos de la Universidad, tantos y tantos españoles toman parte. No se tiene más que lo que se da. Ortega se dio por entero a crear generosamente a su alrededor Riíella grande y noble sociabilidad exigente, inteligente, ilusionada, diversa y aun contradictoria de gentes españolas. Ah ora en torno a su muerte y en torno a s u fosa ideal sombreada de altos la areles, aquella gran sociabilidad es toda España, por encima de las divisiones pasadas, porque esta es la misión integraclora y superior de la Patria: esperar y. acog- er a todos los que ia quisieron bienservir. Rafael SÁNCHEZ MAZAS DE SANTU CE LA FAMOSA L O T E R A FORMIDABLES PREMIOS EN SUS TRES SERÍES o 5 e e s t l bi j tetíiCM Reloj y pwKüenlei d o o lo bitricfctas 173 bjlelm i mpfctt dt b. Lcnru Nacional ATENCIÓN A f H J K t e n v í l e r M U C H O S MILLONES. toru ttM UGRANWFA u, DE f BOLEns DE PBDBJO DE BILtETES, REEMBOLSO- ¡CEBEN PEDIRSE: 109 200. 00 tuO, c. 1.000 PIS. Coa e l 2 0 poi cienso d comisión o regal toíos les pedidas, en biU tes d U mu DI tu hontanar de palabras nobles e incitadoras, he sentido yo, mientras me invadía la; rara muchas de las raices que dieron savia a y penosa soledad de percibir, en mi aliha, mi ser! Ortega, -nuestra multiforme avencómo una viviente aventura iba mudándose tura, la aventura de nuestra filialidad y en idea. nuestra esquivez: su cuerpo muerto me lo Pedro LAIN ENTRALGO iba diciendo esta, mañana dolorosamente. Quien hasta hoy ha sido aventura, es- desde hoy- idea. Guál será esa idea en la cercana memoria de nuestros más jóvenes hermanos, cuál en la memoria remota de nuestros hijos? ¿Quedará en ella, como de Sócrates, lo que Platón trocó en herencia, o prevalecerá, por el contrario, lo que Meleto convirtió en diatriba? Día a día lo iré- mos diciendo el destino y nosotros. Pero si nuestros hermanos menores y nuestros hijos quieren que su idea de Ortega sea íntegra y fiel, por necesidad habrán de recordar, no contando el pensamiento filosófico y el estilo en el decir, lo que esto español egregio quiso para su patria: un formidable apetito de todas las perfecciones; la voluntad de asumir en vida nueva lo más fecundo y prometedor de nuestra historia; por reforma y ampliación de negocio un Catolicismo hecho instrumento exquisito, rico de todas las gracias y destrezas actuales una existencia histórica en la cual a su distinguida clientela la alegría sea un derecho político; una conducta capaz de transmutar en vida el hecho y la fuerza de la muerte. DE Parece de mayor dignidad humana aprovechar el hecho y la fuerza que es la mueren. ante, cabra, box- ealf, serpiente, te, usando de ella bajo el regimiento de la lagarto y cocodrilo. voluntad léese, a modo de radical princiMonederos, billeteros, cartera cint pio ético, en Ideas de los castillos Xmiturones y toda cHse de estuches. ca ha sido, nunca ha podido ser más perde piel. sonal y directa esa lección de Ortega. E. n También liquidamos una gran la cima de su potencia intelectual, ha roto variedad de su largo silencio para decir otra vez el nunca marchito verso de Baudelaire: OFRECE GOÍECGIOH d. I. GRANDIOSA IOTERI gtre. Ayttñttmimo d Saturo (VUc y 4 O Morí, vieus cáchame, il esi. temps! levons l ancre! Pero, diciéndolo, invocando serenamente al viejo capitán, ¿no nos ha legado Ortetga a los españoles, con su obra, la consigna d transformar la niuerte en vida Así lo para señora, caballero y niño, Verdadera profusión de modelos en distintos puntos y cali qades. 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