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DIARIO II U S T R A D O D E ÍNF O R MÁ 1O N G E N ERA L e DIARIO ILUST R A D O D E I NF O R M A C I 0 N G E N ERA L tí? FUNDADO EN 1 S 05 POR DON TORCUflTO LUCA DE TENA ada ¿a 3) más llevó a la tertulia. ¡La difí cil, al tertulia de la Revismenos para ta. Un día habrá que mí, que tratar de conhablar de ella. Los vertir en literatura la tertulianos eran difeEMILIO GARCÍA GOMEZ intimidad; pero las rentes, por la edad, ie la Real Academia Española tristes circunstancias que iba de la senecobligan. Que se me perdone no hablar de Fue allá por el año 23 cuando apareció tud a la adolescencia; por la imporOrtega, como pensador, ni como filósofo ni tancia, que se despeñaba desde Uwxmuel primer número de la Revista de Occicomo orador, ni como editor, ni siquiera dente ¡aquel tufo a Marsella de la noveno a mi insignificante persona; por las como maestro. Cualquiera puede hacerlo lita inicial de Baroja! Nunca la emoción profesiones, que abarcaban todas las gamas mejor. Me limitaré a unas consideraciones de la letra impresa fue mayor para mí qUe de la ciencia y casi todo el abanico de la lisobre Ortega como intelectual y como amigo. al ver en ella mi nombre al pie de un artic uteratura y de las artes. Nunca he conocido lejo. Hacia el año 26, Xavier Zubiri bie otro hogar con más encarnado fuego inteEn aquel pintoresco y vivido muestrario lectual. Y allí Orde cosas y de pertega desplegaba sonas que era la sus embrujadoras Facultad de Ledotes de conversatras en el caserón dor, u oponía su de la calle Ancha, im pr esiondnte y allá por los años esponjoso silencio. AS generaciones nuevas han encontra- ma fuerza creadora y la misma dignidad. 20, cuando yo esEn todo caso, era do a Ortega en su plenitud y con su Ortega, como iodos los grandes pensatudié, Ortega no obra hecha, trabada en lo más íntimo dores y escritoreSs, se ha incorporado ya siempre el experto estaba ni dentro, ni de lo que es España. El paisaje y la huma- a la vida nuestija y es de cada uno de director de orquespor encima: se hanidad y la historia de un país no tienen nosotros. Y ahora todos vivimos, poco o ta que marcaba el llaba al margen. una realidad superior a la del pensamiento mucho, en nuestro repertorio intelectual, compás, daba enSu clase vespertide sus grandes creadores. Tan es España, de Ortega. Y no: sólo los que le siguen o trada a los solistas Cervantes o fray Luis de León como la na de Metafísica, le imitan, sabiéndolo o no, sino hasta los- -al físico, al ecoSierra de Gredos. Pero los hombres nos que no se parecen a él y hasta los que le puntualmente prodamos cuenta de que las cordilleras exishan combatido, acaso por celosa e inadnomista, al filólofesada en un aula ten, sin saber cómo se formaron; y de que vertida preferencia. Nadie deja correr su go, a Ramón que sombría del Museo las grandes obras de la inteligencia viven pluma por el papel hoy sin que pulse en accionaba con sus Pedagógico, era un incorporadas al alma colectiva, sin darnos ella un latido, lejano o próximo, de este pequeñas manos de modelo de insupecuenta del esfuerzo formidable, de la pahombre obstinadamente ajeno a todo lo sen orito madrilerable precisión y sión y muchas veces del dolor de su gé- oficial, casi pobrp, que ha muerto sin un ño- -o encausaba nesis. sólo cargo, sin un sólo honor, de aquí o de admirable elecon admirable brío de fuera de aquí; pero con el que irregancia de fondo y Para darse idea de lo que representa Ormisiblemente tendrá que contar en adela masa sonora de de palabra. No se tega, bastaría leer los periódicos inmelante el pensamiento español y, en buetodos los instruparecía en nada diatamente anterior a sus primeros ar- na parte, el universal. mentos juntos. tículos y los de después. Cuando aparecieni a las buenas ni Mas el hondo! surco que deja la obra ron- -son pocos ya los que lo recuerdan- -a las malas clases de Ortega no se hubiera hecho sin su rehicieron la impresión de algo físico que Ortega ha sido, de la Facultad. Yo tórica maravillosa. Sí, sin su retórica. Esse producía en el mundo del pensamiento, infinitas cosas, come asomé a ella algo como una ventana que se abriera de tamos hartos de ioír bromear sobre la resas, como tantos tórica a los que jio son capaces de retorialguna ves por curepente. Había por entonces muchos escar, es decir, de ¡usar con fruición indeciotros grandes esriosidad, ya que, critores egregios, quizá tantos y tan bueble del arte del bien decir, de embellepañoles. Pero aunnos como no los había tenido España despor desgracia, nuncer la expresión! de los conceptos, de dar de su Siglo de Oro. Pero Ortega fue, no que le demos la ca he tenido vocaal lenguaje eficacia bastante para deleiuno más, sino otra cosa, un descubrimáxima calificación de filósofo. tar, persuadir o! conmover según reza, miento. ción posible en casabiamente, la definición clásica. Gran Pero para enTenía, desde una edad inverosímil, la retórico fue Ortega, tal vez uno de los da una, lo esencial contrarse con Orvisión profunda de las cosas. Era el mun- últimos, que no Sucumbieron ante la conno es eso sino do, para él, un inmenso repertorio de protega no hacía falta fusión de la plebeyez con la naturalidad. el conjunto de toblemas vivos y no resueltos o resueltos con ir a la clase de No es ésta la ocasión, ni yo podría hado eso -su vida otra medida que la suya. Pero, además, cerlo en ninguna, de analizar los anteceMetafísica. Se lo intelectual- y la desde que empezó a escribir, poseyó, por dentes, la estructura y el espíritu de la tropezaba uno todon instintivo, el rigor científico, tan raro prosa de este maravilloso escritor. En reaforma en que todo das las semanas en en España, que anegó su obra de tras eso -pudo realilidad se escribe ¿orno se piensa; y la relos folletones pecendencia. De una trascendencia clásica tórica de Ortega ¡era, simplemente, como. zarse. y nueva, como la tuvieron los grandes uni- sus alas para volar. Á veces su genio clario disticos. Su Volviendo a la versitarios de Europa en los tiempos glo- ro daba un regate a la verdad- -o un quienombre salía a cariosos de la Universidad. Ortega, pienso bro- -como él hubiera dicho- -para salir tertulia, por ejemda paso en las conque ha sido el paradigma de nuestros uni- después a, su encuentro con mayor aleplo, observáremos versaciones y briversitarios. Nadie le ha superado en esta gría; y otras veces, su dicción se hinchaque su rareza conllaba mágicamente altísima representación. De las partes fun- ba como una ola antes de ser agua sesistía en no ser un en los escaparates damentales de su obra, una de ellas fue rena, para que así lo pareciera más. ¡Benlocal público- -esos su vocación universitaria; y de esta vode las librerías. dita retórica! cafés o aquellas cación está impregnada su obra entera, Ortega, ante aqueAlgunos han dicho que Ortega deja sin hasta lo que parece en ella secundario. escribir su obra de Filosofía. Puede que él cacharrerías- ni lla juventud- -que Las definiciones y los comentarios de lo misino lo dijera también. Pero esa obra, un local privado, podía comparar, que es y lo que podía ser la Universidad, si se hubiera escrito, no hubiéramos neen el sentido de la sopesar y elegir- fueron preocupación esencial de su pen- cesitado leerla sus habituales lectores. Porintimidad, domicino, era más que samiento, y el dolor de la crisis de la oue está en los ssis tomos de sus Obras liaria, ni un conUniversidad- -en todo el mundo y no sólo Completas, cuyo índice conduce a todos los otras c u m b r e s ciliábulo secreto de aquí- -le acompañó hasta los duros días problemas del universo por caminos llenos científicas tan alfinales. afiliados a una tas que aun siguen de precisión y de belleza. Nada dejó de inEste sentido universitario fue lo que dio teresar a este gran español en medio sisecta. Era un résiendo ante noscarácter de suceso imprevisto a la obra glo de afanoso vivir. Y al lado de esta gimen de puerta otros cimas inalde Ortega, y lo que la llenó de originacuriosidad infinita y de la claridad que entreabierta, a la canzables. Era otra lidad inicial y perdurable. Se ha dicho, paso en cada cosk, ¿qué podría añadir un que podía llegar cosa, que se nos con intención despectiva, que Ortega fue Tratado circunstancial y dogmático? todo el mundo, peante todo un periodista. También 3o dijo metía por los poOrtega ha sido! mucho más que un filóro subiendo unas é! en alguna ocasión. Pero el periódico, ros y que lucía cosofo; y de dimensión humana soentre las muchas cosas que puede ser, brehumana esta sil espíritu nos da lay meescaleras, p e n e mo una boreal aude es cátedra. Las lecciones de Ortega cu la dida nuestra inmensa congoja do hoy. trando en un salón, rora del intelecto, Universidad tenían, como sus ensayos en sintiendo la resuniversal y amplí! G. MARAÑON las revistas y en las hojas diarias, la misponsabilidad de las sima. ORTEGA, AMIGO INTELECTUAL UNIVERSIDAD Y RETORICA EN ORTEGA L