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del Museo de Ñapóles; Baco, que hacía pensar a Gautier en la idea de Helne sobre ios diosea de la decadencia del paganismo, que es cuando Praxiteles le quita al dios del vino sus barbas dionUiacas. Además de las nombradas, hay en la obra de Leonardo, posterior a 1500, otras muchas facciones similares, con una familiaridad de rasgos que nos dejan perplejos: la Leda romana, la Virgen de Lenlngrado. el ángel de la Virgen de las Rocas... Sin embargo, y para abundar más en cuanto aquí pe sugiere, en los rostros de Cecilia Gallerani o de Ginebra da Benzi, por no citar más, no hay relación con los anteriores; ¿Qué misterio es éste? Giorgio Vasari no aclara nada, todo lo enmaraña, mezclando lo visto con lo oído, lo real a lo imaginado. ¿4 uién nos tranquilizará respecto a Monna Lisa? Es difícil, sobre todo en España, donde hemos de rastrear papeles de segunda mano. No disponemos de otra cosa que de los libros que se han escrito sobre Leonardo, y aunque se conozcan todos, o los capitales, seguiremos ignorándolo todo también. ¿Existió madona Elisa del Giocondo? ¿Quién es ese efebo equivoco que nos hace burla desde los ojos del Baco y del Precursor? ¿Son los facciones de este joven las que se asoman a las de la Gioconda, o son las de la Gioconda las que se asoman a las del joven? En los cuadros de Leonardo, ¿se revelan las criaturas clasificadas en los catálogos al uso? ¿Será que el modelo- orno decía Hallward cuando pintaba el retrato de Dorian Greyno es otra cosa que un accidente, y será el pintor el que únicamente se revela sobre la tela coloreada? Es duro tener que resignarse estas certidumbres, y es mucho lo que daríamos por no tener que espantarnos al ver lo bella que es la Gioconda. A. M. C. 8 n Juan Bautista (Mu to d l Louvre) la estancia de Leonardo en Florencia, todo tan vago como la cronología de las obras que allí pintó. Según Vasari, Leonardo tardó cuatro anos en hacer el retrato de Monna Lisa, y conocidas son las fantasías en que se extiende sobre el particular. Francisco I pagó 45.000 escudos por el cuadro y se lo llevó a Fontainebleau, siendo raro que el retrato de una dama asi- -advierte Pijoan- -pudiera comprarlo el Rey de Francia En el Museo Amaule de Chantilly, hay un dibujo de estudio para la Gioconda, en el que se insinúan los rasgos del Bautista. Pero, ¿cuando hizo Leonardo este dibujo? Y, además, ¿es 1476 el año en que pintó el San Juan? Si supiésemos esto podríamos contestar a la doctora Torborg Ottosdotter, Pero no lo sabemos... ¿Será la Gioconda una florentina viva, o una criatura del pensamiento de Leonardo? Esa es la cuestión, o al menos parte muy importante, y es lo que Walter Pater se pregunta al ver su sonrisa inescrutable y vagamente siniestra ante esta- belleza paradigmática en la que hay también un elemento de burla inextricablemente mezclado r. n cuanto al San Juan Bautista, a la Santa Ana y al Baco, tampoco sabemos gran cosa. El primero, uno de los raros desnudos leonardinos, es intranquilizadodemente parecido a la Gioconda, y, desde luego, su sonrisa equivoca en nada puede asociarlo al hijo de Isabel que andaba por el desierto. La segunda es también tía cara giocondiana. Y el tercero, semejante al Bautista de manera extraña, puede ser la versión intelectual del Baco f eminoide del Capitolio, o del Baco Santa Ana (Museo d l Louvre