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¿Será un hombre la Gioconda? Por ANTONIO MANUEL CAMPO Y La doctora Torborg Ottosdotter afirma que Monna Lisa es un efe 6o. (De los periódicos. I NQUIETANTE pregunta. Sobre todo, sentimentalmente, porque, ¿quién, entre los amigos del Louvre, no se sintió un poco novio de esta hermosísima mujer enigmática? El más firme se queda ante ella como un colegial ante una duquesa, como le pasaba a Gautier. Pocas mujeres habrán inspirado tanto como Monna Lisa, desde las elegantes bellaquerías del Aretino hasta ese fox lento con que hoy se la piropea. En torno a ella se ha escrito muchísimo, y no poco, sobre su indescifrable esfingismo. Y nunca se agota el tema. Y siempre su misterio estimulando la imaginación del que la mira... Ahora es la doctora Torborg Ottosdotter q u i e n resucita nuestra intranquidad. ¿Sara un hombre la Gioconda? Esta doctora sueca (pintora y freudiana) asegura que sí: La prueba es la familiaridad de trazos existente entre el famoso retrato y los de Baco y San. Juan Bautista. Peliaguda invitación al desconcierto, pues si ello es difícil de probar (aunque la familiaridad de los rasgos es indiscutible) difícil es también de rebatir. Y es que, no obstante la selva bibliográfica, el caso es que de Leonardo, directamente, sabemos muy poco. No tuvo- -dice Stendhal- como Eenvenuto Celllni, la buena idea de confesarse en público: entonces hubiera tenido distinta celebridad... Ni Gaddiano ni Bandello suministran luz a lo que aquí importa saber de Leonardo. Contamos únicamente con la desordenada, lírica y contradictoria biografía que nos dejó Glorgio Vasari, en la que han bebido (y se han embriagado) los curiosos y hasta los esHOÍ incluso Cario Amorettl. máximo La Gioconda (Museo del Louvre) biógrafo de aquel uomo universale que velo. Acompañan a Leonardo el Hermoso encarnó casi todas los ideales del Rena- Andrea Salaino, el de Jos belli capelli cimiento. rícei su servidor Imprescindible ¿su moGiorgio Vasari, ya lo sabéis, describe a delo? y, más tarde, su discípulo más Leonardo como hombre bellísimo, lleno de amado. Se dice que las facciones de Sagracias, de epicureismo insólito y delica- laino asoman a las de Santa Ana, Baco y do, interesado apasionadamente por el el Precursor. Otro seguidor de Leonardo desnudo no a la manera que creen los es el joven caballero Francesco da Melzo, que se fundan en su expulsión del taller hermoso como Salaino y unido al maesdel Verrocchio, sino a la manera de su tro con profundo afecto El de Vinel deja amigo el anatomista Marcantonio della a Melzo en su testamento libros, instruTorre. Se complacía tanto en ver ciertas mentos y dibujos. Pero Melzo, cuando cocabezas extrañas, que era capaz de seguir munica la muerte de Leonardo a sus herun dia entero a la persona que le intere- manos, lo llama padre excelente El tersaba. Como Miguel Ángel, Leonardo amó cero de los acompañantes es el geómetambién a los hombres hermosos, mas tra ira Lucas Paccioli, el gran amigo, como aficionado a contemplar la belleza al que quizá Ilustró la Divina Propor (escribe Papinl, defendiendo los versos de tione Buonarroti, a Tomasso dei Cavalieri) Entre 1500 y 1509, Leonardo pinta erj pero más hondamente aún por parte de Florencia varios cuadros, retratos princiLeonardo: queriendo descubrir los miste- palmente, entre los que siempre se citan rios del interior, el infinito, en aquella el de Ginebra da Benzi y el de madona búsqueda fáustica en que lo sorprende Elisa Ghirardini, hermosísima napolitana Spengler. casada con messer Francesco Bartolomé Cuando cae Ludovico el Moro, Leonardo del Giocondo, magnate florentino, no sadeja Milán, tal vez va a Venecia, y en 1500 bemos si pariente del célebre fray Giollega a Florencia, ciudad dignísima en- condo, humanlsta y arquitecto, autor del tre las demás ciudades en la que se ins- Puente de Nuestra Señora, de París, y tala bajo la protección del gonfalonero editor de los Comentarios de César. Esto Ptetro soderini, a quien ridiculiza Maquia- es, poco más Q menos, lo que sabemos de Baco (Museo del Uouvre)