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E ta cardada de electricidad de cada uno de sus pelos. Aunque parezca mentira, hay satos que. separados do sus propietarios, enferman de melancolía. Lo hay que osea pan de la casa donde quedaron depositarios y adquieren desvergonzados modaL regreso a la ciudad de los últimos una estación casi tan divertida como para ns en sus contubernios por tejados y soveraneantes ha puesto nuevsmenU; el adolescente liberado por tres meses de lares. Los hay que intentan el suicidio. Lot hay que se hacen más blandos y sien orden muchas cosas de la vida, libros y profesores. lenciosos y contemplan a su. -amos con desquiciadas por el desplazamiento de sus En cambio, el pobre gato... Mientras charla frivola bato el toldo los ojos húmedos como de llanto. L- ON hay casas de cientos de miles de personas. Entre otras, más o menos importantes, la playero, jueja su partida de canasta en que enloquecen al volver a l casa, al salfelicidad de los gatos burgueses, que ya ni casino o cena en la terraza de! Club tar a las rodillas de su dueño, al aspirar Náutico, ¿piensa el ama más en: nrüíada al olor frutante de su dueña. En los i? alo. v en este otoño tierno y todavía tibio, olfatean la comodidad del largo invierno que con su gato o su ata en la tristeza riel sn fin. como en los hombres cuando reíes aguarda. Pegados al radiador o bajo animaliío dejado en la ciudad no como gresan al hogar desde la cárcel o el des ¡as faldas de la camilla, el sato compar- dueño y señor en el piso que hubo de que- tierro, se producen las reacciones más extirá mía tras otra las horas hogareñas de dar cerrado, sino como huésped temporal traíias y dispares. Quizá por eso nuestro inmenso Lope su dueño olvidando en su fidelidad- -injus- de la portera- -cuyos crios a lo peor le mal. sutil observador y gran amigo di los tamente reputada de arisca y eaoista- -el tratan como a un juguete- -o en casa de e a o i s m o de quienes sin compasión les la pariente vieja que no se mueve de Ma- 4 fitos- -atribuyó pasiones humana en 1. a abandonaron a su suerte durante las va- drid donde se le empalaba con mimos y Gatomaquia ft Zapttquilcla ternezas excesivas? caciones estivales, tii; ii i ieit iltf I II i l i Í; H ¡i ii.i t; i... El ato de casa acomodada es una víctiMuy rara vez el gato veranea. Ni si... ¡n i I I! i m i i y i i i i r l ü l t quiera esos suntuosos de Perssa o Angora ma del verano. Separado de los seres quei r ¡r 11 i ir: H i l i r u i n c u! -1 de piel tan suave como el vísón más ridos a su manera, desplazado de los rincostoso- por opulento que su propietario cones que desde junio presintió su instinto a aquel sea. Sin saberse por quién, se ha decidido los más frescos de la casa para dormir la liüln lüi llh que el gato es un animal sedentario y na- siesta, alterada en menos o en más su rar! c h n i i- i i ijruild i d n ¡i f l c- Í IIÍH: die tiene la ocurrencia de llevar consigo ción alimenticia, perturbada lafinasen- tl; HH M i t f J i c r l l n V (tít- lll Í T tií l i l i a la sierra o a la playa a su constante y sibilidad de sus orejas flexibles y sus na. ¡II, M i c i f l I Z l Nl: ricillas húmedas con las voces y los olosilencioso compañero del invierno. j h o t l t l u r i ií! -Mi r ¡í i l bíZ. tlTl. J res a los que no está habituado, el gato Por el contrario, el perro goza de favor sufre y se hace más hosco y agresivo. y. enfin. a Marrarnaquiz en los trenes, en los barcos, en los aviones El cruel destierro de la tranquilidad que pr. il.i y. íi i l i (ífíiltl pfi -Mina, e incluso en los grandes hoteles. Pagándo- se le impone hace perder musicalidad y l üli llns Jfíliati ijll, rlliiliH l ul. le su billete en! a perrera y su comida en dulzura a su maullido, a la vez que le Manen j IUXII- H ilrs ic- j ¡uiii. el hotel, el perro puede disfrutar con sus afila las uñas y crea completos en la punamos el placer de llegar a un lugar des I olpffros, niña tiiPsufiMlrts conocido, suceso cjue les pone el ladrido i- c o l t i r d e c s i i i i M i l d i i i l i! i r i i r i l i i l s más alegre y más inquieto y lagartijero convirtíéndolos en arquetipo de toda la esel rabo; puede compartir con los niños ías pecié felina. carreras y los juegos en el jardín o el praDe esa especie felina que, indultada del do y el chapoteo en las espumas saladas destierro veraniego, vuelve ahora a acuque se desparraman sobre las soleadas arerrucarse, encantada, pero disciplente, para nas. Si su amo tiene coche, el perro viajahacer compañía al hombre que trabaja Q rá siempre asomado a la ventanilla para sueña mientras cae la lluvia, lenta o apresaludar con sus ladridos a los campesinos surada, tras el cristal de su ventana. que cruzan por la carretera durante el día o a las sombras disformes de la ¡una, en Felipe XIMENEZ DE SANDOVAL el nocturno. Para el perro el verano es (Potos C. de Mohrj ni veraneo y los éatos i,i ÍM MH I, 1 1 1