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ABC. VIERNES 30 BE SEPTIEMBRE DE 1955. EDICIÓN DE LA. MAÑñNA, PAG. 28 creer en su amistad, irrumpió en el Uar ga, rompió el frente francés y lanzó una punta peligrosísima hacia Fez, que- hizo temer, ya lo dijimos, por el protectorado francés y por la propia dinastía Alauita. España podía, ella a su vez, contemplar entonces los toros desde aquella barrera que era. la línea del general Primo de Rivera; fue entonces cuando Francia comenzó a sostener y propagar que lo de Marruecos era, en definitiva, la crisis del prestigio europeo y que los intereses, de España y de Francia en Marruecos eran los misinos, por lo que convenía unirse frente al peligro común. Estas mismas consideraciones hubieran sido válidas para España en 1921 y en 1024; siu embargo, el general Primo de Rivera, olvidando esa 1 realidad, f. uc, noble, sincera y generosamente, a la colaboración con Francia en Marruecos. De esta colaboración de 1925- 1926 hemos de destacar los siguientes hechos: celebración de la conferencia de Uxda (1926) a la que se oponía el general Primo de Rivera, por estimar que celebrarla luego del desembarco victorioso de Alhucemas era dar fuerza al pequeño caudillo, cuya estrella declinaba a ojos vistas; misión francesa para facilitar la entrega de Abel elkrim a Francia sustrayéndolo así a la justa acción de España, con quien el cabecilla tenía cuentas pendientes, no de luch noble, sino de vulneración de las más elementales y humanitarias leyes de la guerra. Ocupación temporal, convertida después en definitiva, de territorios que pertenecían a la zona española en el Tratado de 1912, con lo que nuestra ya minúscula zona aún ha bía de sufrir, como premio a la colabora- 1 ción, una nueva merma. Capaz ocupó Ifni en 1934, cuando ya na constituía dificultad más o menos remota a la pacificación francesa; la discusión de los límites y las medidas de todo orden que se tomaron para convertir nuestro territorio en una pesquería, sin posibilidad de expansión comercial sobre Marruecos, son bien conocidos. E 11 1936, el Frente Popular francés cerró la frontera entre ambas zonas de protectorado marroquí, buscando con ello ocasionar a la nuestra y a nuestro glorioso alzamiento el mayor perjuicio; los rojos españoles recibían allí acogida 3 aliento. En 1938, el residente, general Nogués, preparaba la invasión de nuestra zona. En Tánger se armaban partidas para que actuaran en nuestra zona. En 1940, España se vio obligada a ocupar la zona de Tánger (no había ninguna solución distinta que ésta: Francia estaba militarmente vencida: la convivencia de los enemigos, Italia y los aliados, en los organismos internacionales era imposible; la presencia de los servicios alemanes e ingleses en Tánger convertía a la zona en un polvorín) en 1945, la primera preocupación de los aliados, y especialmente de Francia, fue intentar humillar a España en Tánger y acordar que el régimen de la ciudad injustificadamente internacional no se suavizaría en favor de nuestra mayor- participación. Hasta aquí, esquemáticamente, la Historia. Una Historia sintetizada con ecuanimidad, sin pasión y sin prejuicio, pero al servicio de una finalidad normal y justa: el que los pueblos consideren la Historia como maestra de la vida y de que la meditación serena de los acontecimientos les sirva de útil enseñanza. Pese a quienes sostienen que el hombre es el solo animal que tropieza dos veces en la misma piedra. -Tomás GARCÍA FIGUERAS. Decíamos al hablar del desembarco de Alhucemas, clave de la pacificación de nuestra zona de protectorado marroquí y acción acometida con tanto acierto y valor de la responsabilidad por el general Primo de Rivera, que había sido una empresa netamente española. La decisión estuvo en el desembarco mismo- -i aquellos legionarios que con Franco al frente se arrojaban de las barcazas impacientes de la gloria y del triunfo! -y meses después en el asalto- ¡heroicos Regulares de Ceuta! -a la loma de los morabos y ocupación de Axdir, feudo del cabecilla riíeño. Ambas acciones fueron españolas, y si la coordinación con las fuerzas francesas, en el cuadro mucho más amplio de la estrategia, podía beneficiar indirectamente a España, no beneficiaba menos a Francia, cuya situación, luego del Uarga, había llegado a ser crítica. Bastaría oy considerar lo que hubiera sido del Marruecos sulíaniano si España no hubiera derrotado, al cabecilla, derrumbando todo su dispositivo. Diremos de pasada que el cabecilla era muy inferior a sus tropas; ante las puertas de Fez no tuvo el empuje de jugarlo toda a la carta del triunfo, desconociendo que la fortuna no gusta pasar dos veces por la misma puerta. Pero este recuerdo a Alhucemas, clave de nuestra pacificación, trae de la mano la referencia, que queremos llena de ecuanimidad y de rigor histórico, a lo que ha sido hasta hoy la colaboración franco- española en Marruecos. Se inicia con el siglo; Francia ocupaba ya Túnez ¡qué lejos la idea de que algún día habría de preocuparle su indepedencia! y Argelia era, sin discusión para los franceses, una provincia metropolitana más. El sueño del Imperio norteafricano obsesionaba a los colonistas; faltaba para realizarlo el Imperio de Marruecos, pero ellos comprendían que España, aun ¿emenda tan próximo el Tratado de París da 1898, tenía allí tan viejos, claros y legítimos intereses, que nadie podía pensar en desconocer. Había la posibilidad de una salida al Atlántico por el sur de Marruecos, y las conversaciones de Delcasé con León y Castillo condujeron al proyecto de Tratado de 1902, que no llegó a firmarse y por el que España recibía medio Marruecos (hoy sólo tiene 1 20 parte) y sin que se rozase siquiera la eventualidad de que Tánger no quedara en zona española. No es cosa de volver sobre la conocidísima historia de por qué no se firmó el Tratado de 1902, pero si de decir que, ante nuestros escrúpulos, Francia e Inglaterra se pusieron de acuerdo sobre Marruecos, en 1904, y como derivada de él, España recibía muchísimo menos de lo que pudo tener en 1902. Las ambiciones francesas crecían a compás de nuestro encogimiento. No será inútil recordar, puesto que a veces se hace referencia a ello, que nada debemos a Inglaterra por el Tratado de 1904 porqiíe si obligó a Francia a entenderse con España fue porque prefería tener en el Mediterráneo, en el área de Gibraltar, a España, que era entonces menos peligrosa que Francia. En la Conferencia de Algeciras (1906) Francia se puso dé acuerdo con España en cuanto fortaleciera su posición frente a Alemania, pero no porque defendiera con ello ningún interés español. En el Tratado de 1 Q 12, España vio aún mermada. su zona de protectorado marroquí por las apetencias crecientes de Francia. En i g n un político español- con ciará visión de la realidad, Canalejas, a quien respaldaba un monarca igualmente vidente, D. Alfonso XIII, ocupó Alcazarquivir para evitar los manejos fran- ceses, que buscaban- mejorar sus posiciones por el hecho consumado. M entonces teniente coronel Silvestre dejó una clara impronta de su personalidad en este forcejeo para hacer respetar los derechos de España. Durante la primera guerra mundial España siguió en su zona de protectorado marroquí una política contraria a sus propios intereses, tan sólo por no crear dificultades a Francia en Marruecos. Frenó al Raisuni, no alentó la acción alemana desde nuestra zona, suspendió la ocupación de Ifni cuando ya el coronel Bens había salido con la expedición. De esta conducta, España no recibió ninguna prueba efectiva de reconocimiento. El duro revés de 1921, derrumbamiento de la Comandancia General de Melilla, sirvió, del lado francés, para que sus colonialistas más exacerbados proclamasen la incapacidad de España para la empresa marroquí el proceso de la 1 reconquista, las clíficultades que habían de seguirle, derivadas de los ataques rífenos a Ir. zona oriental y a la occidental (línea del Lau) no produjeron en quienes eran nuestros vecinos, en Europa y en Marruecos, ninguna inquietud á nuestro favor. El general Primo de Rivera resolvió solo la dura papeleta de la retirada de nuestras líneas, en cuya decisión no vería Francia el acierto del ilustre soldado sino la repercusión que pudiera tener el hecho en su zona. Fue en abril de 1925 cuando Abdelkrim, que había engañado a Francia haciéndola CENTRO DE INSTRUCCIÓN COMERCIAL La Academia Arias Montano, del Centro de Instrucción Comercial, que inaugura sus actividades en el Curso 1955- 56, se complace en poner a su disposición los siguientes servicios: Grupos limitados de francés y de inglés. Clases particulares de todos los idiomas. Selecto cuadro de profesores nativos. Biblioteca, incluyendo obras, periódicos y revistas inglesas y francesas. Servicio de intercambio con el extranjero. Servicio de intercambio epistolar. Club de intercambios, de próxima creación. Los alumnos de la Academia ARIAS MONTANO serán premiados con becas, en la proporción de una beca por cada veinte alumnos, para seguir gratuitamente ¡os cursos superiores o para pasar un mes en París o en Londres, siguiendo, al propio tiempo, los cursos dailos por las Universidades de estos países, con todos los gastos pagados, como pre. mio a la labor y a la eficiencia. 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