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ganar la guerra y sentar las bases de la paz, y la Inmensa fe del pueblo español venció todas las diñcultades. Contribuimos con la mejor voluntad a la heroica tarea de las tropas del Generalísimo Franco y preparamos los caminos de la España que surgió de la guerra. Hoy tenemos el orgullo de, saber que todo aquel esfuerzo no fue inútil y podemos comprobar que la fe de aquellos días sigue incólume y que la ilusión de entonces no se ha marchitado. Mas fuertes que las diferencias que pudieran establecerse entre aquel momento de España y el que ahora vivimos son las semejanzas. La faz de España es otra, pues mucho sé ha construido en todos los órdenes de la vida nacional; pero la fe, de, la que yo fui testigo en aquella ocasión memorable, sigue siendo la misma, y gracias a ella, conducidos por Franco, esperamos llegar a la nieta de nuestra ambición política. gar a que pudiéramos instalar algunos días después este Ministerio en la capital montañesa. Solamente pudimos disponer a dicho ñn del piso que ocupaba personalmente el delegado dé Hacienda, que se sacrificó por dicha causa, y del piso inferior que ocupaban algunas oficinas que fueron desalojadas a este efecto. En estos dos pisos estuvo actuando el Ministerio de Obras Públicas desde los primeros, días de marzo de 193 S hasta los últimos de junio de 1 S 39, en que nos trasladamos a Madrid. El Ministerio en cuestión se componía de una Subsecretaría y cuatro Direcciones Generales: Ferrocarriles, Carreteras, Obras Hidráulicas y Puertos; y en total, el número de funcionarios que constituía la base central del Ministerio eran 58, y con ellos se hizo todo el funcionamiento durante ese período de cerca de año y medio. -lias personas que actuaban con más autoridad bajo mi dependencia fueron, en aquella época: en primer lugar el subsecretario, don José María Torroja, ingeniero de Caminos y académico; don Bernardo de Granda, inspector general de Caminos, como director general de Obras Hidráulicas; don Eugenio Calderón, Ingeniero militar, Como director general de Ferrocarriles; don Luis Arango, ingeniero de Caminos, como director general de Carreteras, y don José Delgado Brakenbury. ingenien) de Caminos como director general de Puertos. Además de estas personas de mayor autoridad, había un conjunto de personas a las que yo nombré par colaborar conmigo en el Plan General de Obras Públicas, que se redactó entonces y que fue aprobado por dos leyes sucesivas cuando nos trasladamos a Madrid. Este conjunto de personas, verdaderos colaboradores de gran intensidad, fueron: don Pedro Costilla Piñal, don Victoriano Muñoz Oms y don José Luis Escario, todos ingenieros de Caminos; don Ángel Torrejón y el marqués de Legarda, ingenie- ros Agrónomos, y d o n Carlos Godino, i n geniero Naval. nal de Obras Públicas, redactado por mí personalmente, con esos colaboradores, en un inmenso trabajo que fue aprobado por dos leyes sucesivas, cuando el Gobierno estuvo en Madrid. -Si se hiciera a este efecto la revisión de un mapa de España con los datos que actualmente poseemos y por virtud del cual quedará reflejada gráficamente la situación de aquel 1. dé octubre del año 39, y la actual, produciría asombro ver lo que en este periodo de tiempo se ha realizado en materia de Obras Públicas. Muchas y muy graves dificultades ha. habido para realizar está transformación, casi taumatúrgica, pues, a pesar de que puede haber actualmente deseos vehementes de mejorarlo por relación con lo que en el extranjero pasa, solamente la mirada de lo realizado en ese tiempo produce el mayor consuelo y las mas halagadoras esperanzas. (Fotos Cifra. DON ALFONSO f EfiA BOEtlF -Cuando se constituyó el Gobierno, el día 31 de enera de 1938. había bl problema muy agudo de ubicación para tos Departamentos que surgían como consecuencia de la formación del primer Gobierno. y Desde aquel día, y por estar tan congestionada la población de Burgos, Cada uno de los Ministerios pudó alojarse transitoriamente en pequeños locales que le fueron cediendo los organismos de la capital, y el Ministerio de Obras Públicas tuvo que ser restringido a tres habitaciones que nos cedió la Audiencia de Burgos, en el edificio que ya ocupaban multitud de organismos. En esas, tres habitaciones, entre las que estaba incluido mi despacho, conjuntamente con los cuatro directores generales, era Imposible situar, siquiera fuera esquemáticamente, el Ministerio, y. a ese fin. solicité del Generalísimo trasladar transitoriamente la sede del Ministerio a tina provincia que pudiera estar menos agobiada. La amable invitación que a este efecto me hizo el entonces alcalde de Santander y el presidente de la Diputación, dio lu- Para dar una idea de cómo se trabajaba en aquella época, puedo indicar a este efecto que ninguna de las personas que actuaban en el Ministerio de Obras Públicas tenia gratificación de ninguna clase, sino que percibían únicamente el sueldo correspondiente a su categoría administrativa, y sin que nadie pensara ni en tener otros emolumentos, ni en llevar limitación en las horas de trabajo. No hubo necesidad de poner hojas de entrada ni de registrar, desde luego, permanencias, pues que ésta era constante durante todas las horas del día hasta llegar a más, muchas yeces, de las nueve de la noche. Puede decirse con toda garantía que jamás hubo un conjunto de personas que con tal grado de entusiasmo cooperaran a la reconstrucción de España y con un espíritu de patriotismo que reflejaba él sacrificio por todos realizado de un modo gustoso. -Por efecto de la guerra no es preciso esforzarse para expresar que la situación de este ramo administrativo era catastrófica. Todavía en aquella época, en plena actividad de la guerra, la devastación producida por ella era enorme, y la retirada de los rojos en las sucesivas y constantes victorias de los nacionales producía, como es natural, la extinción casi completa de las obras públicas, que tanta relación tienen en el desarrollo de las guerras. Era, pues, precisa en tal periodo ir reconstruyendo con la mayor velocidad posible las obras arruinadas y, además, formular ese amplio programa que fue el Plan Nacio- DON FIDEL DAVILA El ilustre teniente general marqué de Dávila se encuentra en Burgos y desde la capital castellana nos envía carta y c ¿artilla, de contestación a las pregunta de Ai B C En su carta nos escribe que su contestación es muy escueta por carecer en su actual residencia de los escasos apuntes o notas que durante aquella época archivó. La nota del teniente general Dávila dice: -Burgóa. Subsecretario de Guerra, general don Luis Cortés Cabanilles. Subsecretario de Marina, contraalmirante D. Manuel Moreu, y posteriormente el de igual empleo señor Estrada. Jefe de Estado Mayor dentro de la Subsecretaría, el capitán de fragata don Salvador Moreno. Subsecretario de Aire, general D. Luis García Lombaíte. Cada una de las Subsecretarías, con su particular organización en secciones, se instalaron: en el edificio de la Sociedad de Eecreo, Guerra; en el de las Escuelas Graduadas San Pablo, Marina, y en el Colegio de los HH. Marianistas, Aire.