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dentes. Ahora es el buen vasallo con buen señor, y al cabo de casi cuatro lustros se puede decir esto con la seguridad- de que Constituímos, ttifíó él mando del Caudillo, la más fuerte unidad anticomunisia del mundo. Probablemente, esta unidad se debe no, sólo a una ciega obediencia, sino a una obediencia inteligente, o mejor, á una coincidencia entre el pueblo y su Jefe. Esta coincidencia se ha logrado a través de un diálogo político, que no es exactamente el guirigay que tantos seres nostálgicos añoran, sino un diálogo ordenado y reposado, a cuyo final siempre Hay un acuerdó: Franco ha opuesto al comunismo, no sólo la fuerza de las armas, sino la fuerza de, una política. El pueblo español, que, con el portugués, es el más occidental de Europa, y el inventor del resto del mundo qUe ahora se llama Occidente, no es un pueblo con vocación de esclavo; ama la libertad. Y, naturalmente, ya no está diS? puesto a jugársela en una broma política como la de irse de romería con el comunismo, aunque el comunismo se envuelva en caviar diplomático y organicé parties junto a los lagos, con candidas góndolas y señores calvos que hacen, gracia a las damas con sus ocurrencias y las acompañan a pizcar blackberries por las zaraas. Gracias a la tenacidad de Franco somos hoy el único país intacto. El único país incontaminado y al día. Sabemos qué el comunismo de exportación es no una doctrina, sino un espionaje del imperialismo neozarista. Celosos de nuestra independencia, hemos eliminado los espías y, al hacerlo, hemos prestado un servicio a toda Europa. Y. la voz de Franco sigue sonando con una regularidad impresionante, en el mismo tono de siempre. Cuando aun no ha bía dado Rusia las muestras que en estos días da de su rabieta y conservaba todavía unos ciertos aires bastante carnava? lescos de convivencia, Franco decía a un redactor del Newsweek: Si a lo largo de treinta y siete años no han variado los objetivos soviéticos- -dijo el caudillo a un redactor del News week no hay razón que justifique aho ra semejante cambio. El simple hecho de que Rusia siga manteniendo en la esclavitud a tantas naciones europeas que antes fueron independientes, es ya, de por sí, una contradicción. Sería una gran insensatez por parte dé los occidentales- -añadió el Generalísimo- abandonar sus medidas de defensa olvidándose de la liberación de tantos pueblos esclavizados. No habían de pasar ocho días sin que la realidad diera al Jefe del Estado español la razón, de nuevo. Porque fVanco nos ha dado, además dé su entereza y de su serenidad, la ocasión de ir elaborando el muro de una política social que cierra el paso al comunismo, le renovamos nuestra fe. Porque nos ha co locado bajo él haz de luz que permite qué el inundo nos contemple sin nubes que nos oculten, le renovamos nuestra obediencia. Al hablar en plural, el articulista alude a las muchedumbres que por la ancha España le siguen no alocadamente ni con ataques de histeria, sino, al cabo de veinte años, -muy tranquila y reposadamente Coii esa tranquilidad y con ese reposo qué dan la decisión y la experiencia. Y cotí ésa seguridad que da al hombre español el sentirse no en un lecho de rosas, ciertamente, porque los tiempos no están para eso, sino el sentirse pisando sin sobresalto su propia- y libre tierra. Lo demás, ya lo tendremos por añadidura y, dicho con prosa curial, a su debido tiempo V. de la S. del primer Gobierno liemos dirigido las siguientes preguntas a los señores FernándezCuesta, general Dávila y Peña ÍBoeuf, que formaron parte del primer Gobierno nacional constituido por el Generalísimo Franco: ¿Cómo y dónde se constituyó el Ministerio que usted regentaba? ¿Quiénes eran sus colaboradores inmediatos? ¿Cómo se trabajaba? Situación del ramo a usted con. H a d o Díganos cuanto considere interesante de aquel ayer y su contraste en esté dia 1. de octubre. Mis colaboradores más inmediatos en la Secretaría, deneral fueron como vicesecretarios, primero, Agustín Aznar y Fernando González Vélez; después, Juan Manuel F njul y Julián La Subsecretaría de Agricultura la ocupaba don Dionisio Martín, y mis directores generales eran: de Ganadería, don Mariano Rodríguez dé Torres; de Montes, ddn Florentuió Azpeitla; de Agricultura, don Juan José Fernández ürquira, hoy director de lá Escuela dé Ingenieros Agrónomos, f de Reforma Agraria y Social de la Tierra, don Ángel Zorrilla. Para Ocupar la Jefatura del Servicio Nacional del Trigo nombré a don Manuel Goytia. DON RAIMUNDO FERNANDEZ- CUESTA Mi incorporación a la tarea gubernamental arranca de Salamanca y del mes de diciembre de 193? fecha en que fui nombrado secretario general de F. E. T. y dé las J. O, N. S. Aun no se había constituido el primer Gobierno Nacional, y cuando esto ocurrió, fui designado para ocupar; con dicha Secretaría, la cartera de Agricultura. Fueron instaladas las oficinas en el Ayuntamiento de Burgos y nos movíamos con harta dificultad, ya que el local de que disponíamos era muy exiguo. En aquel pequeño espacio comenzaron a trabajar con toda intensidad los dos Organismos. Aquellas raíces se extienden hoy por toda la superficie nacional. Creo que realizamos una labor eficaz en el Ministerio de Agricultura, Pese a las naturales dificultades de la guerra, el campo pudo ser atendido normalmente y todos los que vivieron en zona nacional podrán recordar la normalidad en el abastecimiento. Se ordenaron las faenas agrícolas con la mayor eñcacia, y así, al concluir la guerra, pudimos subvenir fácilmente a las necesidades de la zona roja, devastada y em pobrecida. Repartimos lo que teníamos y comenzó a encausarse la vida nacional. Desde la Secretaría General de F. E. T. y de las J, O. ¡T me cupo el honor de N. dirigir la extraordinaria corriente de entusiasmo que se puso en marcha el 18 de julio. Todo era espíritu de superación, tanto en el frente como en la retaguardia. Nuestros objetivos eran entonces Jos de