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ABC. SÁBADO 24 DE SEPTIEMBRE BE 1955. EDieiDN BE LA MAÑANA, PAG 23 Hispanoamérica n a. de Cádiz que España debía cambiar Ceuta por Gibráltar y dar el restq dé la zona marroquí a quien la quisiera, sinceridad que le había costado, el Gobierno Militar de Cádiz que a Id sazón desempeñaba; él se había ju gado asimismo en el Senado la Capita nía General de Madrid por sus juicios es- tridentes sobre la acción marroquí en L iniciar en A B; C esta c o l a b o ra: ión, que tanto me honra, sobre el tema apasionante y am- oieás, Francia no se acordó nunca, dé plísimo de España y Marruecos, parte a esa crisis del prestigio europeo ni se su vez dé uno más dilatado aún, España creyó obligada a atajarla. ante el continente africano, quiero dedicar Pero cuando el general Primo de Riun. recuerdo emocionado a la época he- vera abordó el problema, duro y preñaroica de la gloriosa pacificación marroquí do de dolores y dificultades, de la retiy a la visita qué el ilustre fundador de rada de las líneas hasta las previamente ABC, don Torcuato Ltica dé Tena, hi- fijadas, y cuando Abd- el- Krim comprobó ciera a Marruecos con el general Primo que se estrellaban en ellas todos sus esde Rivera. Esta visita se había realizado fuerzos, y más aun, que nos servían de poco tiempo después de haber desembar- bases eficientes para una guerra activa cado nuestras heroicas tropas marroquíes af servicio de la pacificación, preparó, sey españolas en la Cebadilla y dé. haberse cretamente su avance desde el Uarga y establecido aquella basé de Alhucemas 1 en la primavera de 1925 sorprendió a los de donde había de partir el impulso más franceses, a los que había adormecido eficaz de la pacificación, luego de habér- con cantos de sirena de una amistad insele asestado ya a la rebeldía el primer existente, y arrollando sus líneas llegó golpe decisivo con sólo poner pié nues- ante las puertas de Fez. Su ínfima catetras tropas en lo que ss había proclama- goría como caudillo, le impidió coronar do feudo invencible del cabecilla rifeño. tina empresa de altos vuelos cuya finaAquél desembarco heroico y glorioso de lidad, olvidada con demasiada frecuenAlhucemas, d septiembre de 1925, debe cia, era arrojar del trono a la familia f- tar siempre presente en la gratitud y en Alauita, con su sultán Muley Yussef a 5 a formación patriótica de los españoles la cabeza. Este propósito y aquel peligro porque fue, erí razón a los frutos que han de gestar siempre presentes envíos produjo, uno de los sucesos trascenden- marroquíes y en Mohámed V. Crujió en tes de nuestra historia contemporánea y sus cimientos el Marruecos francés, hubo del que habían de derivarse otros mu- que llevar a toda prisa un ejército dé la chos, importantes. también. La operación, metrópoli, se destituyó a Lyautey, y ante desde el punto dé vista militar, fue per- tan grave y positiva amenaza, Francia fecta. Los desembarcos han sido siempre pidió a España su colaboración alegando acciones difíciles y en la época del de principalmente el peligro común que sigAlhucemas estaban vigentes- Ías enseñan- nificaba entonces, porque a ella le afeczas de la primera guerra europea, con taba, esa crisis del prestigio europeo recordatorios tan explícitos y contunden- La colaboración fueVprimordial y fundates como el de Gallípoli. Abd- él- Krim y mentalmente en beneficio de F r a n c i a los aventureros internacionales queje lle- porqiie España ya tenía planteado su provaban aliento y le prestaban consejo y blema sobré bases normales y puesto en apoyo, sabían bien todo eldecisivo valor ejecución un plan para cuyo desarrollo material y moral que tenía para la lu- no necesitaba fundamentalmente la ayucha el qué nuestras tropas pusieran pie da francesa, una ayuda que le había íal- en Alhucemas, y por ello reforzó el va- tadq en los momentos de mayor gravelor personal y guerrero. de Ja mejor cali- dad y angustia. dad ibérica, de los combatientes rifeños Don Miguel había sido un gran soldar con una organización defensiva al servi- do de- Marruecos: siendo teniente había cio de la cual- puso trincheras, minas, ganado la laureada en Melilla en 1893; ametralladoras, artillería y elementos va- había participado activamente en la ocurios de fortificación que multiplicaban pación del Gurugú, en 1909; en el paso el valor de aquellos guerrilleros duros y del Kert, en i q i i en las operaciones tenaces, tiradores sobresalientes cuya mo- para déscongestionar Tetuán, en 1913, y, ral combativa se había identificado con sih embargo, había sido, entre los miliel. deber de defender sus posiciones a toda tares destacados, el m nos entusiasta de costa. la, acción marroquí tal vez porque comBueno será ir precisando conceptos prendía que aquella acción sin plan, con que conviene queden perfectamente cla- cambios tan bruscos en los rumbos y la ros al servicio, de comprender los funda- acción cambios a los que había de refementos y las directrices de. nuestra ac- rirse Gorrochano en su dedicatoria de ción africana. El desembarco dé Alhuce- Mektub cuando habla de los vientos mas fue una empresa netamente nacional, de levante y de poniente reflejo de nues que lleva, en numerosos aspectos, la im- tra inconstancia no podía conducir a pronta de aquel gran español- que fue 1 ningún resultado. El, en 1917, había didon Miguel Primo de Rivera. La Mari- cho én su recepción en la Academia na y la Aviación francesa que habían tomado parte en la operación, habían significado solamente una manifestación simbólica de la. tmión dr l ls naciones protectoras ante el peligro real, exagerado por los franceses- en su favor, de lo que. entonces se llamaba crisis del prestigio; europeo El gran oportunista. perdió su última E r proceso que había conducido E esta oportunidad. Lea usted este interesancolaboración es bien conocido y será, en te reportaje gráfico en ÉL ESPA; su día, debidamente acostillado. Por hoy ÑOL de hoy. Distribuidor: UDE. Desengaño, 6. MADRID nos bastará recordar que ni en la gestación d los acuerdos sobre Marruecos, qué va de ico a igra, ni con ocasión del duro revés que fue, el derrumbamiento de la Comandancia General de Melilla de I02i, ni eji el verano trágico de 1924, cuando la línea del Lau se derrumbaba y Inmueble reciente construcción. Santa Cruz el general Primo de. Rivera se veía obli- de Marcenado, 6. Cinco amplias habitaciogado a emprender una acción sangrien- nes nías servicios. Calefacción central. Terta e impopular, aunque fuera la única mo cocina y eléctrico. Instalación- nevera. solución positiva, de repliegue de las lí- 1; frepio moderado. Razón portería, ESPAÑA Y MARRUECOS 1921. U CAÍDA OIL SEMEHAE, Pero don Miguel era, en el cuadro ge- neral de sus características, tan españolas, prudente y así cuando en s eptiembre de 1923 asumió la responsabilidad del Poder, supo expresar su voluntad, aunque entonces no pudiera él mismo entré- ver cómo la serviría, dé dar solución pronta y digna al problema marroquí. El sabía también, los informes técnicos eran bien elocuentes y precisos, que la empresa de Alhucemas era difícil y ps- ligrosa, pero su fe en España y en el soldado español era absoluta como la tenía en su preparación, en su estrella y en la protección divina que había de materializar en ¿desembarco de Cebadilla, en su devoción, a la jerezana Virgen de la Merced, patrona de su vnshlo. El desembarco dé Alhucemas era la clave de la solución del problema marroquí; la única posibilidad de, liberar a España de aquella pesadísima hipoteca que pesaba sobre ella; era también el devolver al Ejército español él prestigio, que políticos ineptos. habían intentado hacerle perder acumulando sobre él las responsabilidades de los desastres de Cuba y Filipinas. Don Torcuato Luca de Tena, con su clarividencia y con, su patriotismo de la mejor ley. lo vio así y tsor ello sintió I5 impaciencia de ir con don Miguel a pi- sar aquella playa de Cebadilla y a vef aquellas oosicionas en ías que nuestro he- roico Ejército- rnantenía una guerra dura, con mandos de élite y entre los qué ya brillaba como estrella de primera niasíni- tud un gran valor militar: Franco. Por- oue don Miguel comprendía el significa- do de que. el ilustre periodista da. clara, noble y. firme trayectoria patriótica qué era don. Torcuato 16 viera así, y porque acreciaba los beneficios que se derivarían para Esoaña de que A B C divulgase la verdad dé Marruecos, estaba él tan orgulloso de llevar a don Turcuáto de Ceuta a MeiiHa, deteniéndose en. Alhucemas en medio de unas tropas que sim- i bolizaban ló mejor de la España de en; tonces. Los que éramos capitanes en aquélla cruzada de España y conservamos el re cuerdo de aquellas dos grandes figuras epe en la Alta Comisaría supieron adentrarse én la raíz misma de nuestros mejores, y más ambiciosos, afanes llevando, a nuestro corazón ía sensación insta de lo nus Marruecos era para Eseañá y de la ilusionada esperanza aue aanem victoria abría en el horizonte de la Patria, hemos creído siempre nue antiellos patriotas insignes, llenos. de fe, de ontimisrno, que nos alentaban con eu sola presencia, eran un símbolo auténtico de la Epnañá presentida. Por eso, el último de aquéllo? capitanes, para quien hablar de Esp? na y dfe Marruecos en las ir ící j iosr c; columnas de A B. C constituye, tía legítimo orgullo, ha ausrido que estos comentarios sean presididos por el emocionado recuerdo á aquellos dos hombres que ínetijí artífices destacadas de este renacer traíante de una Esnaña a la que ellos quisieron tan ahincadamente. Tomás GARCÍA FIGUERAS