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y URANTE muchos años el centro de la vida donostiarra fue el Oran Casino. A sus salones no tenia acceso la masa gris y por BU terraza pasaron todas las figuras de la política, de las artes y de las letras. En su teatro actuaron las más prestigiosas; compañías de todos los géneros líricos y dramáticos de todo los países del mundo. 6 u sala de jueso gozaba de un crédito de seriedad que no hablan podido lograr ninguno de los centros análogos de toda Europa. Las señoras, para ir al Oran Casino, tenían que tocarse con sombrero. En la sala de recreos estaba vedada la entrada a los comerciantes e industriales de San Sebastián, y no precisamente por discriminación social sino para evitarles los perjuicios del juego. En el mes de julio del año 1822 se Inauguraba, a 200 metros del Casino, el Gran Kursaal. Era un edlñtílo, valorado, entonces, en catorce millones de pesetas, ft cuya inauguración asistió Su Majestad la Reina doña María Cristina, y en cuyos salo nes se dieron fiestas suntuosas, entre ellas, una de las más destacadas, en que se ofreció al doctor Alvear, que, hallándose de viaje en Europa y camino de San Sebastián, fue elegido presidente de la República Argentina. Como la competencia entre los dos casinos había de resultar ruinosa, Mr. Marquet -íundador del Pálaee Hotel y del Palacio dé Hielo, de Madrid- -propuso y logré una inteligencia, cerrando él el Gran Casino y encargándose, en el año 1824, de D EL GRAN KURSAAL DE SAN SEBASTIAN SE VA A CONVERTIR EN UN BLOQUE DE VIVIENDAS DE LUJO El, SOLAR EN (ÍUtv K. STA EDIFICADO VALE CUARENTA MILLONES bar en España con el Juego, y desoyendo todas las instancias y resistiendo las más fuertes presiones, prohibió que se siguiera jugando. El día 30 de septiembre de 1024 la sala de juego del kursaal cerraba sus puertas. El ultimo giro de la bolita de marfil dé la ruleta fúé a depositarla en el 18. Üty Jusador había puesto tina ficha de veinte duros a un pleno en dicho numero, y cobraba 3.60O pesetas. Sah Sebastián había tenido esper- anaas dé una reglamentación del juego. Pero cada día iban siendo menores. Ün día, el Ayuntamiento, propietario por reversión de la concesión del edificio del Oran Casino, transformaba éste en Casa Consistorial. Se. iba la historia de aquellos salones, y se apagaban las notas musicales de los soberbios conciertos de acuella Incomparable ten- assa. Donde exhibían, al estallar la primera gran guerra, las nostalgias de los grandes duques, contemplando a las peripatéticas que comenzaban a fumar abdUllas se sien: dirigir el K u r s a a l tan hoy funcionarios municipales encarPero el general Primo de Rivera, jefe en- gados de contabilizar los impuestos sobre tonces del Gobierno, había decidido acáel pescado... Las luces verdea de las torretas del edificio siguen luciendo, pero ya es una luz desvaída que no recuerda para nada e. la esmeralda, que era piedra de esperanza, para los ganados por el azar. El Oran Kursaal, cerrado ya hace muchos años, sólo ha salvado del naufragio 1 su magnífico teatro. La Sociedad Inmobiliaria que se vio obligada a construirlo ha sido uno de los principales artífices del progreso donostiarra. Porque al hacer el barrio de Ores ha creado una ciudad n u e va y espléndida, cada día en mayor erecimiento. s Valia el año 1932 el Oran Kursaal catorce millones de pesetas. Lo que hoy puede valer sé hallará teniendo en cuenta que ocupa 8.012 metros cuadrados, y que los salones de enfrente fueron comprados por el conde de Oodó para construir une de las mejores casas de San Sebastián, a 500 pesetas el metro cuadrado. Se pagarían hoy, por lo menos, a cinco mil pesetas el metro. v Una noticia que en San Sebastián ha causado sensación es la de que la Sociedad propietaria del Kursaal ha resuelto edificar sobre los cimientos y lo que taya de aprovechable, en los muros, unas viviendas de lujo y un gran hotel, cara al mar, para alquilar habitaciones durante el verano sobrio el fantástico panorama del mar bravo. Y Otra renuncia a aquellas esperanza de que volvieran: los recreos 1 y contrariedad de tantas! y tañías personas que creen que San Sebastián, con juego o sin juego, necesita un Oran Casino... Alfredo R.