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D I A R I O IL U S T R A D O D E INFO RMA C ION G E N E RA L Ji FUNDADO EN 1905 POR DOM TORCUATO LUCA DE TENA D h R I O I L UST R AD 0 D E IiN F 0 R M A C I ON G E NE R A L t culencia, de todo patetismo, es dramática como Unas aguas quietas. Muerta la niña, muerta la mujer, ya solo, Chaves calla. Trabaja, rnira a lo lejos, se sienta junto al río. No dice nada, porque no tiene, nada que decir. Cuando sus compañeros de trabajo, irritados por su silencio, se vuelven hostiles, cuando el capataz, que lo ha defendido, le pregunta si ño les contará algo, si no conversará con ellos, Chaves contesta: No Y con esto termina la nóvela. Con una palabra dicha por Chaves, que precisamente, niega toda palabra. Chaves habla para insistir en su silencio. Como éste no es una imposición maniática ni un tru- co, no importa romperlo, y por eso Chaves habla siempre que hace falta Sus palabras son las que le dan valor a su silencio; las que lo hacen ser no mudez, sino humano callar, ¿Por qué pienso una y otra vez en Machado? Cuando muere Leonor, Machado dice: Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar. Antes, en su Retrato había escrito: Converso con e! Hombre que siempre va conmigo- -quien habla só! o espera hablar a Dios un íclía- CABO de leer, en Soria, por los caminos de Antonio Machado una de las últimas novelas de Eduardo Mallea: Chaves Es muy breve, apenas cien páginas. Las suficientes para ser novela; yo diría más: de las más nóvelas que he leído en bastantes años. Es admirable que en tan corto espacio haya podido conseguir Mállea algo que tan plenamente merece llamarse narración circunstanciada una presentación t a n eficaz e inmediata de un mundo- ¡cómo se ve la realidad argentina, las ciudades, el río, la campiña, el aserradero con sobrias menciones y alusiones! la asistencia a la vida de su personaje y de los que con él conviven. Chaves significa un máxñno en la destreza del manejo de los elementos. Con una economía extremada, contando las palabras, c a s i con avaricia, Mallea cuenta su historia. Una h i s t o r i a transparente, sencillísima, elemental, en que se muestra, sin un gesto de más, el drama de una vida humana. Una vida abreviada en menos de cien páginas y, sin embargo, llena de calma, hasta de morosidad, sin un momento de prisa ni una precipitación. Sobre la narración de un fragmento presente y sirnplicísimo, todo el pasado que lo explica y lo hace inteligible: Dicho con otras palabras, el pasado de Chaves, presente; quiero decir, traído a la presencia, actuando en ella, constituyéndola. Y también presente el- futuro, que en este caso es más bien su ausencia, su obturación en una desesperanza resignada, aceptada, asumida, -de la que Chaves es tranquilamente dueño. A HISTORIA DE UN SILENCIO ésa técnica es la novela misma, es el propio argumento, es la historia que Mallea cuenta, Por eso es técnica en un sentido profundo, como sustancia del relato mismo. Porque éste consiste en la historia de un silencio. Chaves es un hombre que no habla. Mejor aún, un h a m b r e que calla. Y la novela está escrita callando, dejando salir las palabras una a una, cuando no hay más remedio. Como hace Chaves, que también sabe hablar, y hasta ser elocuente, cuando no hay más remedio: cuando tiene qué reconquistar a su amada, puesta en peligro por el ingenio del estudiante Senillosa; cuando quiere persuadir a su niña que se muere, de que el anuncio de madera que ha arrancado de un café es el sóldado de casaca roja que la agonizante pide y pide; cuando tiene que h a c e r seguir viviendo a Pura; cuando intenta arrancar a los médicos de sus mundos privados e indiferentes, para que se la salven. Y cuando ya no. hace falta hablar, Chaves. calla. Mallea es Chaves. Madame B o v a r y c est moi dijo Flaubert. El gran silencio- -lleno de palabras esenciales- -de Chaves se ha apoderado de Mallea; es él quien dicta, quien mueve su pluma, quien obliga a Eduardo Mallea a aceptar esa técnica de sobriedad, parquedad, taciturnidad. El estilo es parte de la narración; tanto, que ya el decir así dispensa de decir casi todo. Es el tema- -reí silencio- -el que escribe; y como sólo puede escribirse con palabras, éstas tienen que decir callando. Es lo. que se llama la reticencia. El paso de andar del estilo es aquí, su argumento, su drama. Y por esto la novela, tan serena, tan lejos de toda tru- Y cuando, v u e l v e con la imaginación, desde su Andalucía casi ajena, a Soria y a la perdida comrjañía. termina con es- tas. palabras: ¿Ño ves, Leono! ios alamos del PÍO con sus ramajes yertos? Mira el IVloncayo azul y blanco; dame tu mano y paseemos. Por estos campos de la tierra mía, bordados de olivares polvorientos, voy óamináhdo sólo, triste, cansado, psnsativo y viejo. Este personaje Chaves, corredor de terrenos primero, obrero de una serrería después, tiene una suprema elegancia Y al describir esta palabra pienso que es la que corresponde a la novela, compuesta con la elegancia de un teorema matemático bien demostrado. Casi todo lo que puede decirse del personaje, puede decirse de la narración. T? al vez por esto Mallea la ha titulado con el nombre de su protagonista, sin una palabra. más. Porque antes decía que la historia está narrada contando las palabras, con increíble parquedad de recursos y de espacio. ¿Es azarosa esa técnica? ¿Por qué la ha elegido Mellea, autor también de minuciosas novelas en 500 páginas? Es que DO IO RES W CABEZA, ANSIEDAD INSOtóNIO, Cálmelos con este remedio eficr V Jjj LA TABLETA QUE DA BIENESTAR Y T O N I F I C A LOS NERVIOS Como Chaves no es poeta, ni. siquiera dice eso, ¿Va y- viene, trabaja, se sienta, mira al. límite del horizonte, fuma pausado. ¿Espera? Y si espera, ¿qué? No lo sabemos, porque no lo dice. Y no lo dice porque no es menester, porque no tiene ya a quien decírselg, y Chaves sólo dice lo que hay que decir. Acaso se lo ha dicho a Eduardo Mallea, o mejor éste lo ha adivinado en sus ojos. Pero a Mallea también lo ha sobrecogido un gran silencio, ése que cae sobre hosoííros en forma de serena emoción y nos hace callar al volver la última página. MARÍAS!