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LA PASCUA DEL AACHOR, EN XAUEN C ONTRA, tó que el propio escritor suele creert la Fortuna es su aliada permanente. No esa fortuna con minúscula que derrama el oro de su cuerno sobre las codiciosas manos abiertas del mercader negándoselo al poeta, sino otra Fortuna, quizá más humilde, pero también más generosa, que guía sus pasos con oportunidad hacia lugares donde los ojos y el corazón puedan gozar deliciosos espectáculos inesperados. A mi, por lo menos, muchas veces la mano de un hada madrina me condujo- -cuando menos lo pensara- -a contemplar, sobre fondos bellísimos, los más palpitantes trozos de vida. La última fue hace pocos días al llevarme a Xauen, la mágica ciudad sagrada de las siete puertas, edificada sobre cimientos de agua y techada de turquesas y espumas, precisamente el día ea que sus moradores festejaban la Pascua (del Aachor o Axur. A quienes ía fortuna; con minúscula, haga objeto áe sus predilecciones, jamás se les ocurrirá ir a Marruecos en agosto, porque ése mes ofrece a los millonarios un pródigo muestrario de balnearios y playas donde esquivar los ardores del estío, y Marruecos lo pueden visitar en es- tación menos rigurosa, En cambio, la Fortuna incita a cuantos d verdad desean gozar de las tierras en su estación definidora a recorrer Suiza en invierno, Andalucía en primavera, Marruecos eti verano, Italia en otoño. Este veranó fueron tuches los escritores y artistas que estuvieren en Marruecos, pero sólo a Mí me fue concedido el privilegio de coincidir con la Pascua del Aachor en eí inverosímil escenario de la ciudad blanca, -azul y bermeja que extiende su caserío al pie de los montes Kala y Magot, desde los que desciende el rumor de los arroyos encantados hasta, las fuentes encantadoras. La Pascua del Aachor corresponde en el calendario lunar mahometano al décimo día del mes dé Moharrán, primero del año árabe. Se trata de una fiesta religiosa y popular de gran importancia, cuyo origen arranca de una remota tradición hebrea- -la Pascua del Pürim o de la Suerte- -que, desde 621 años antes de Jesucristo, conmemora la salvación de Ws israelitas por la providencial intervención de la hermosa Esther. Naturalmente, la manera de celebrarla difiere bastante de aquella Pascua judia, a u n cuando ofrezca cierta s e mejanza con ella y con la tierna festiv i d a d católica de los Reyes Magos. E n e l c nputo cristiano del tiempo, el décimo día de Moharrán equivale al 29 de agosto. La víspera y el mismo día los musulmanes guardan ayuno, a diferencia- -jquerlda por el Profeta- -del pueblo judío, q u e tan sólo lo observa un día. Los fieles acuden a las mezquitas a rezar por los difuntos, entregan limosnas obligadas- er- zekat -a los alfaquies y a los pobres, en particular a los niños desvalidos, y comparten con los más cecesitados una comida compuesta principalmente de cuzcuz con pollo y muchos dulces. Después de bañarse, afeitarse y cuidar con esmero sus manos, los hombres, las mujeres, los niños, los ancianos, se ponen sus vestidos mejores. Muchos, por prescribirlo así tó Sunna, se ensombrecen los párpados con fenol Desde las primeras horas de la mañana, las meditas ofrecen un aspecto de animación inusitada, pues sus habitantes se lanzan a la calle para dirigirse a las mezquitas y a los cementerios, para visitar a los parientes o amigos enfermos y para recorrer los zocos, los bazares é incluso los comercios t- opeos, hebreos o indios, en los que adquieren toda clase de objetos destinados a regalos mutuos. De las montañas y los aduares acuden a las ciudades los campesinos endomingados, que, a pié o en caballería, solos o en pintorescos grupos, hacen jubilosos sus largas caminatas, sin dar la menor muestra de fatiga a pesar de que a veces les suponen horas y horas por senderos abruptos bajo un sol abrasador. Perderse a mediodía en medió del bullicio íe las callejuelas tortuosas de la Suika de Xauen con sus emparrados que tamizan la luz y refrescan el ambiente observar. do al enáambre humano que compra las casad más dispare; para la dád i v j j amorosa, a l mar la mujer o los 1 tíos; contemplar ia alegrfft de los chiquillos c o n el Juguete nuevo ó de las mujeres con el flamante perifollo; ver a centenares de mujeres moras con sus vestiduras blanquísimas, sus inmensos sonibreros de esparto y sus sobrefaldas listadas de rojo sentadas en las escalenas de la g r a n Mezquita b a j o la sombra violeta de a i r o so minarete; escuchar p o r doquiera sobra la lírica nota pedal del agua fluyente y el ritmo de la berbufca las músicas árabes dulzonas como el té- -bien ejecutadas directamente, bien radiadas, ya que en pocas ciudades habrá tanto aparato receptor como en Xauen- aproximarse al ancho corro que escucha atenta, ríe ingenuo y aplaude gozoso al expresivo El- kacham o narrador de cuentos, nace al visitante europeo volver a los años de adolescencia en que alternaba las primeras lecturas de Las mil y una noches con las últimas de Salgar! Si ese visitante es español, ama la Historia y recuerda que lo más bello de Xauen es obra de los moros andaluces que abandonaron Granada en 1492, un estremecimiento recorrerá su medula al reconocer ecos entrañablemente hispánicos en las callejas empinadas, en los tejadillos de dos vertientes como los de los pueblos de la Alpujarra, en el acento ceceaete que suaviza las voces, en la cadencia melancólica de los cánticos. Porque los habitantes de la Zona del Protectorado español de Marruecos saben bien todo eso, han podido celebrar esta Pascua de la sonrisa y el obsequio en una atmósfera de bienestar, de paz, de justicia y de comprensión mutua, en los mismos días en que el dolor se cernía sobre otras regiones norteafricanas. Cuando satisfecha la curiosidad y cansados los huesos del largo callejeo nos dirigíamos en busca de reposo a la hermosa terraza de la Hospedería, situada sobre Uno de los más espléndidos paisajes marroquíes, comentando el pudor de las mujeres de Xauen envueltas en los mantos blancos que cubren por completo sus cuerpos y sus rostros, salía de ella a la calle una turista en camisolín despechugado y shorts tosolentemente exiguos, dispuesta- -quizá inconscientemente- -a ofender con su semidesnudez la fiesta religiosa que Xauen vivía. Gracias a Dios, no era una española. Pero al verla sentimos vergüenza de eso que se llama cosmopolitismo que ha obligado a arriar tantas banderas europeas en Asia, África y Oceanía, y recordamos las prudentes palabras grabadas en una lápida cercana a Xauen rogando a cuántos la visiten extremar sus respetos para las costumbres y las creencias de éste pueblo Por no haberlo hecho así, hoy la sangre y el fuego amenazan de ruina a toda la ingente labor colonizadora de PrjEmcla en todas las tierras del Norte de África en las qué aún ondea la bandera tricolor. Felipe XIMENEZ DE SANDOVAL (Fotos García Cortés.