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El embajador dé los españoles en Tánger VIVIENDAS PARA PESCADORES. -Ante un típico orucero galaioo del pueblo de Cillero (Lugo) el vicario general de Mondoftedo oficia una misa de campana antes de la entrega de títulos a los beneficiarlos del grupo de viviendas Antonio Pedresa Latas para trabajadores del mar, aoto presidido por el almirante Estrada, director del Instituto Social de la Marina. (Foto Cifra. El próximo día 20, con motivo de su décimo año de embajador en Tánger, se rendirá en esto, ciudad un homenaje a don Cristóbal del Castillo. El subdirector de España de Tánger don Samuel Cohén, no- tabilísimo escritor, nos eitvia el siguiente articulo: A terminado la segunda guerra mundial. Estamos en 1045. Para los españoles de Tánger la situar cien no es muy grata. Se nos quiere co locai moraímente en el campo de los vencidos, creársenos un clima de. capitulación en una ciudad donde, en verdad pocas veces hemos podido vivir con moral de justicia y de reconocimiento de nuestros derechos, ¿Cuántos é r a m o s entonces, cuántos somos hoy? Los más numerosos, como siempre, los que más deberíamos pesar en la vida de la ciudad. En aquellos días, en aquel clima poco grato llega don Cristóbal del Castillo. Nos trae en su sonrisa, que viste a una energía ejemplar, un mensaje de esperanza. Viene a representar a España, a demostrarnos y demostrar á Tánger que nuestro país no está dispuesto a que se le incluya entre los despojos de los vencidos. Nada parece haber cambiado aparentemente en las primeras semanas de su misión, Pero ya el español intuye, presiente que esa sonrisa optimista vela sin desmayo. Empieza a no tener esa sensación de desamparo en que se vivía. Don Cristóbal del Castillo no hace vida mundana. Se le ve poco. Recibe a cuántos quieren exponerle quejas, injusticias, protestas contra un trato indebido a lo español. Su sonrisa disuelve reconcomios, empieza a borrar de la memoria y del corazón de sus compatriotas esa impresión ingrata del; AiqUí ya no tenemos nada que hacer. Va extrayendo a hombres, entidades, corporaciones de ese alvéolo de frustración en que parecen haberse enquistado. Hay en su trató abierto, en su campechanía. ese atractivo cordial del señor del campo andaluz que sabe de solae y lluvias, de sementeras y cosechas, y también de las cosas del corazón de sus hombres. Los problemas de cien artistas se simplifican, sé hacen maleables cuando él los trata. Su actuación no caibe en tos moldes de la de un diplomático; es, igualmente, la de un gran político, cuando consigue que España recuperé, con la reforma del Es- tatuto, una parte considerable de lo que tan injustamente le había sido arrebatado en 1945; es la de un alcalde o presidente de Diputación uando en diez años de actuación consigue construir un bello instituto politécnico, un hospital español que figura a 1 la cabeza dé todos los del Norte de África, un estadio, una biblioteca pública española, e iniciar las obras de una Catedral y de un nuevo edificio de Correos y Telégrafos; mejorar los servicios sociales de nuestra colonia. La peseta, anémica en 1945, se va recobrando hasta ser prácticamente la moneda que rige la vida económica de la ciudad. Hace que España, cuando es necesario, tienda la boya de sus mejores productos a la población tangerina, sin distinción de nacionalidades. Por iniciativa de la Cámara Española de Comercio todos los españoles de Tánger nos hemos agrupado para ofrecer un homenaje a esa sonrisa, a ese temple oculto bajo ella, a esa fe que supo darnos fe, a estos logros que apenas hemos podido mencionar en una breve relación. No es fácil que un diplomático español haya tenido que hacer frente en estos últimos años a problemas más varios y complejos; no es fáeíl tampoco que el representante de tín páis inicie su tarea en ambiente menos propicio; no es íácíl, en fin, librar con éxito batallas en un organismo internacional donde casi siempre se trata más de defender intereses nacionales que los de una ciudad que, como los niños mimados, se queda desvalida cuando pierde la protección de cireümtandas favorables. Poique si los españoles debemos tanto a don Cristóbal del Castillo, no le debe menos, Tánger. El supo compaginar en ÍSÚ actuación, porque acaso antes los había hermanado intimamente, los intereses (le la Patria con los de una ciudad internacional qué tanto le admira. (Nosotros queremos recordar, en estas vísperas de un ¡homenaje ten unánime y cordial, aduel tono llano y modesto, aquel delicado gesto con que parecía pedir perdón por venir a Tánger con una tarea de esa importancia. ¡El mismo gesto llano, modesto, Sencillo, con que, die años después, le hemos visto casi excusarse de los resultados felices de su tarea, al informarle de este homenaje. amuel COHÉN H