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D I ARIO. I L U S T RABO D E I i F O R MA C 1 O N GE N E R A L FUNDADO EN 19 CS POR DON TORCUATO LUCA DE TENA OMO nuestras c o m p a n í a s t e a t r a l e s en tesis general, carecen de r e p e r t o r i o propiamente dicho, y las carteleras se nutren, sobre todo, y hasta diríamos exclusivarnéhte, de estrenos, es de suponer que el buen aficionado se entregará a la lectura de aquellas obras que no se suelen representar por celebradas y aplaudidas que hayan sido en otros tiempos. La obra nueva, aún de mediano éxito, desplaza a la antigua, que, automáticamente, queda reducida, a materia de erudición, o punto menos. Y esta preterición, por sistema, de todo drama o comedia que no constituya la novedad de la temporada, influye más de lo que comúnmente se cree en despistar al público, falto de puntos de referencia para orientar su gusto y saber a qué atenerse. Ese mal, que cualquier observador de las realidades escénicas diagnostica sin gran esfuerzo, se ha agravado extraordinariamente en estos últimos años, ó se ha hecho más sensible, ya que el fallecimiento, en un lapso relativamente breve, de los hermanos Alvarez Quintero, Arniches y Benavente ha venido a demostrar, cómo en alguna otra ocasión heñios advertido, que con un autor, por ilustre que sea, muere su repertorio: fenómeno de injusticia y de perjuicio, patentes. Tanto más alarmante cuanto que no sólo se ha producido- en relación con los autores ya nombrados, sino con otrqs -Marquina, Muñoz Seca- -qué ¿por cultivar géneros distintos haceh más perceptible el alcan ce de nuestra observación y, lamentable en grado sumo, por afectar a una época teatral dé auge brillantísimo. No se trata de reposiciones eventuales o esporádicas- -de que hallamos algún plausible y excepcional ejemplo- a veces, para salvar esta o aquella irregularidad de la temporada. Lo que precisa es la reposición, no ciertamente improvisada, sino en meditado plan, de las obras que conserven su virtud artística o, vcuandp menos, un valor documental que las haga merecedoras de especial interés. La conveniencia y aun la necesidad de volver, con bien cakulada periodicidad, la vista hacia el teatro de ayer o de anteayer, se comprueba fácilmente, sin más que, establecer adecuado contacto medíante la lectura, y no hace falta rebuscar mucho los textos, ya que no sólo en calidad, también cuantitativamente nuestro teatro del primer tercio de este siglo es admirable: proveía con; largueza a todas las especies y modalidades definidas por la Preceptiva clásica; hasta inventaba otras, como el esperpento de Valle- Inclán, de repre- DIAR 1O1 LUST R A D O D E IN. FO RMACIO N G E N E RA L TEATRO LEÍDO, YA QUE NO REPRESENTADO sentación difícil, pero no imposible, ni mucho menos, en casos concretos. De suerte que no nos referimos al teatro que por su abstracción ideal y puro valor estético no pueda ser representado, teatro leído, sin ejecución en el sentido que reconocía Galdós, incluso a parte 5 del de Shakespeare: Rieardoi III concretamente, que, a juicio del gran nóve- listay ño: podía ser considerado como obra teatral práctica Hace un siglo- -escribía Galdós, en 1897- -ja presentaba Garrick. íntegramente, y existía un público capaz de entenderla, de sentirla y de asimilarse su- intensísima savia poética. No, nos referimos, pues, al teatro que de hecho no es representable, en virtud de razones extrínsecas de público, duración del espectáculo, elevación y oscuridad del texto o dificultades de la postura escénica. Pensamos, pura y simplemente, en la incorporación al reper orio no de La Celestina por ejemplo, o de El desengaño en un, sueño del duque de Rivas, sino de dramas o comedias que se han representado en nuestros días mismos que pueden volver a representarse fácilmente, y que si no se representan en la actualidad es por. falta de criterio o de conocimiento. Es difícil de comprender- -si no acudimos a la desagradable y mecánica explicación de la rutina- -cómo sóío se reponen seis o siete obras de Benavente- -el más persuasivo ejemplo que podemos aducir- siempre las mismas, y no bien escogidas quizá. Una de las más favorecidas en esa lotería de la selección llevada a cabo por empresas y direcciones artísticas es La noche del sábado y quien contemple, atentamente, ea conjunto, la producción. benáventlna, acaso perciba qu dicha novela escénica arrastra una Atara mercados a siss. -productos anuiicián. dolos en ¡i Edlcién m m Aérea de A B G cierta cantidad de li. teratura modernista que la vincula con exceso a un momento y, una moda determinados. El estilo también suele ajustarse, no sin peligro, a figurines de época. Por disconforme que él lector pueda sentirse respecto a las opiniones de Ramón iPérez de Ayalaí; sóbré el teatro de Bena- vente, haferá de reconocer que, gracias a la antítesis- transcrita: a continuación, 5 el gran ¿rític slija: un- útil apunto de tefe- reñcia para ojiyidir en dos grupos las obras de Benavente. La princesa bebé es ún libreto áe opereta, sin niúsica. Por el contrario, Señora ama es una genuihá obra dramática, de las del canon eterno. El teatro en que Benavente estudia las pasiones o las costumbres, bajo la sugestión de la realidad inmediata; aventaja al otro teatro en que el autor, postergando la observación directa, estiliza asuntos que necesitan de la literatura y de una escenografía muy decorativa para suplir lo que le pueda faltar de valores humanos. Como quiera que sea, es indiscutible que en el largo catálogo de las obras de Betjavente abundan las que sorprenderían al público de hoy, causándole un efecto extraordinario, aunque sólo fuese por su novedad. Decimos esto pensando en Los ojos de los muertos Los buhos El mal que nos hacen La gobernadora Las. comedias de Benavente- -dramáticas, psicológicas, satirizas, asaínetadas... -prometen al que las xplore valiosos hallazgos. No es diferente el caso, en su línea, de los herma ios Quintero, a quienes se desdeña, con ha rta ligereza, como autores, verbi- gratia de Barro pecador. Pero es que también se olvidan sus comedias ligeras, deliciosamente ligeras, y su inimitable teatro menor Análogas consideraciones nos suscita Arniches. Quien lea o relea ahora La cara de Dios entre los saínetes de la primera época, y La locura de don Juan o. La diosa ríe de la segunda fase de ese mismo repertorio, no podrá por menos de creer en la perdurabilidad de un autor tan personal por su ingenio, lenguaje y visión de tipos y situaciones Claro es que mucKas de las obras que pudieran reponerse son de uno o dos actos. Lo cual pugna cor. el absurdo criterio vigente en materia de programas. Pero este otro aspecto de. nuestra vida teatral bien merecería atento examen. J M. FERNANDEZ ALMAGRO íde la Real Academia Espalóla.