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D I A R I.O. S L U í T RA D O D E Ib F O f i ívi A C S O N C EN E RA L ñ ts? r D 1. lio TL U T. R A l D O DE 11 FO R MA Ci O N G E N ERALES e FUNDADO EN 1905 POfl DON TQRCUATO LUGA DE TENA ROCURE enun artículo a n t e rior, con ocasión de la entrevis- ta en Ginebra de los cuatro que eran cuarenta, agachar el tema de la paz, de las posibilidades de eliminar la guerra, a niveles modestos y bastante materiales. Paradójicamente esperaba que, a fuerza de progresar, las armas de la guerra tuvieran efectos de paz. Un lector simpático se siente con esto turbado y desearía que le dijera redon, datnente si creo que las guerras acabarán del todo alguna vez, y si: esto podrá ser efecto del progresivo espíritu de amor que ha traído al mundo el Cristianismo. Vóy a procurar complacerle y contestar. Primeramente, creo, desde, luego, que algún día las guerras acabarán del todo: y nos parecerán una barbarie tan arcaica y pasada como hoy nos parece la, esclavitud. Durante siglos, a sus contemporáneos, la esclavitud les pareció una institución tan inevitable como la guerra, hoy, les parece a muchos. Tenemos, pues, un antecedente, Un punto de comparación, para investigar el mecanismo cómo el impulso cristiano podrá acabar con las guerras. Toynbee utilizó ya este procedimiento de investigación. Decir que el Cristianismo acabó con la esclavitud es. cierto de un modo amplio y genérico: no lo es de un modo estricto que haga pensar que el Cristianismo fue una revolución social que llegó y rompió las cadenas del esclavo El Reino de Dios no es de este mundo y rompe pocas cosas. Desde luego deseaba que se rompieran tales cadenas, pero no era él el llamado a romperlas materialmente. Como tampoco pensó nunca en romperle la cabeza a Nerón, cosa que, mirada con ojos de practicismo material, parecía excelente para. la difusión de la. perseguida Iglesia. En principio, el mecanismo con que el espíritu cristiano actúa sobre estas aberraciones sociales se puede calibrar perfectamente en la actitud de San Pablo con el esclavo Ónésimo. El Santo, que ha convertido al esclavo en la prisión, cuando éste sale libre, se lo recomienda con lágrimas de ternura a su dueño. Le pide que lo trate con benignidad y amor. Podría ordenárselo- -dice- porque el dueño es cristianó, pero se lo ruega. Le sigue llamando el esclavo Onésimo Ni le manda que lo liberte, ni funda una liga contra la esclavitud, ni organiza un motín. No hay nada en la epístola paulina que suene a un enfático abajo la esclavitud Todo suena explícitamente a amad a los. esclavos Lo que implícitamente contiene la reticencia: Y el amor hará su tarea. Ese fue el mecanismo. Regar amor y esperar. Luego la historia de la esclavitud, como tan adherida a cosas sólidas y 1 materiales, va dando bandazos, Ínterfiriéndose el espíritu cristiano y las realidades materiales y económicas. Al fin, estás realidades pierden un poco la cabeza, y como el industrialismo que acaba de florecer en Inglaterra pide incansablemente materias primas, la esclavitud aumenta hasta la saturación en Virginia y el Sur de América. Entonces P GüEMRA Y AMOR Poner Ioá cjos en blanco por un estadp no tiene mu- cha más razón de ser el Norte, con una acción drástica y gue- que ponerlos por la Cámara de Comer: rrera, acaba radicalmente con la esclavi- ció, el Automóvil Club ó la Confederatud. Mucho actúa en esto su propio in- ción Hidrográfica del río que pasa por terés económico, celoso de la prosperidad nuestro valle. del Sur; pero mucho también aquel imEsto es lo que, de momento, viene di- pulso cristiano de Pablo frente a Oné- ficultando máximamente el problema de simo que ha andado todo su camino y la paz: que el ímpetu de amor cristiano florece, disfrazado dé democracia en- -que fue el que, en definitiva destruyó; el espíritu del presidente Lincoln, Él: -la esclavitud- -no queda con libertad de- Cristianismo actúa muchas veces así a acción fuera de la. propia institución que través de sus adulteraciones impuras. tiene que refrenar- -nacionalismo béli- Hágase el milagro y hágalo el diablo co- -s ino que se halla involucrando en elladice el vulgo. La abolición de la escla- La nación, engendradorá de guerra, ha vitud, él pacifismo, la filantropía, la so- encarcelado en sus límites todas, las esen- ciología, son muchas veces milagros cris- cias cristianas que habían de producir la tianos que Dios deja hacer al diablo. paz. El amor se descomisa, como un paAlgo parecido podrá ser el curso de quete de cigarrillos, en cada aduana. La la abolición de la guerra, hasta permitir- inteligencia, la ciencia, la historia y a venos ser optimistas. Sino que aquí la cosa ces hasta la ortodoxia, se recortan con se complica más. K porque el mismo im- insinceridad frente a lo nacional. Desde pulso de amor, movilizado por el Cris- esa trinchera, puramente conservadora, tianismo, se adultera y sé hace bélico. Al disparan defensivamente, sin convicción, amor y a la fraternidad predicados por los soldados de la fe o la cultura que Cristo. les cuesta mucho trabajo, en su estarían obligados a preparar todo uni- traducción humana, darse cuenta de su versaiismo. tamaño; Ya al mismo Cristo lo entendiePor eso mismo me preocupaba que a, ron los judíos en político y nacionalista, la Conferencia de Ginebra cada jefe hu- como si viniera a fundar un Reino tem- biese llevado arrastrando el gran estor- t poral y triunfante. El amor empieza a bo y grillete pesado: su nación; su re- hacer su camino, pero cuando llega a de- taguardia de frivolidad electoral o fanáterminado volumen, se para, se recrea en tica clientela. Al todo universal del sí mismo y se convierte en odio contra arma atómica no se puede contestar de- lo que queda fuera de ese volumen. Así teniendo el todo del amor en lo naes como, cohesionada la Cristiandad, pro- cional ruso, inglés o francés. Hacía faldujo el fanatismo de las guerras de re- ta poder hablar, mano a mano, por la ligión contra los herejes. Luego, conver- espalda de toda insinceridad convenciotido en democracia lanzado teórica- nal. Como hablan los médicos, en las mente a un amor universal, volvió a da- consultas, p r detrás de los enfermos. tener su impulso a la altura de una fron- No olvidemos que el momento en que tera, de un puente y de una aduana. Se evolutivamente más se dulcificaron las convirtió en nacionalismo que es el guerras y parecían ir a extinguirse es modo: de odiar a mil con pretexto de aquel en que, en el siglo XVIII, pasado amar a ciento. Desde entonces, todo pre- el fanatismo religioso y no inaugurado tendido impulso de expansión universal el fanatismo nacionalista, las guerras se ha quedado detenido en la jaula de eran dirigidas por unos cuantos reyes. la nación. El camino del amor lleva más El entendimiento y comunicación entre de un siglo taponado por el fanático enéstos, que eran todos primos y sobrinos, diosamiento de lo nacional. Cuanto la na- metió la guerra en reglas y aun en corturaleza y los teólogos nos consienten de tesía. Fue entonces cuando el capitán natural amor y preferencia a un primer francés se adelantó, al iniciar la batagrado de seres más cercanos, más pró- lla, a las filas enemigas inglesas, para ximos (prójimos) -el paisano, el río na- invitarles: Tirad los primeros, señores tivo, el clima familiar- -anda convertido los ingleses. en una especie de divinización desconPero luego vino la democracia con. su certada de un status administrativo, que no es sino una de las piezas. de la cadena nacionalismo feroz y detuvo esa cristiana tie entidades jurídicas que nos organizan. marcha de suavidad. Hasta los historiadores se dedicaron a trastrocar la puntuación de la célebre frase, para deducir que lo que el capitán había hechp era acuciar a los suyos diciendo: Tirad los pri- meros, señores... ¡los ingleses! Ppr eso me alarmaba que en Ginebra hubiera además de cuatro hombres, a través de micrófonos y taquígrafos, cua sus pr due! s tro clientelas, cuatro censos electorales, cuatro Potencias. Me hubiera gustado en una reunión más dieciochesca y realista. Donde Faure, por ejemplo, hubiera podido decir a Eisénhower, como un Enrique IV cualquiera: Esto rio puede seguir así, mi querido primo. Y José M PEMAN w de la Real Academia Española,