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Aspecto nocturno de Slbraltar, con los reflectores en noción. GIBRALTAR, OFENSA INJUSTIFICABLE El 4 de agosto de 1704 se rindió ia plaza al archiduque de Austria AOE hoy doscientos cincuenta y un años que España perdió, sin saber que lo perdía, un trozo de su territorio. Es decir, lo perdió mediante engaño, porque quien lo ocupaba actuaba alevosamente, a traición, siguiendo tradiciones muy productivas. Los recuerdos de los años de colegio se avivan en esta fecha al conjuro de la palabra Gibraltar. Don Diego Salinas, jefe de la exigua guarnición, de la plaza, se rendía a la Escuadra angíoholandesa, que apoyaba al prstendiente a la Corona de España, el archiduque de Austria, y en nombre de éste- -Carlos III para sus adictos- tomaba posesión de Gibraltar el jefe de las fuerzas de desembarco, principe de Hesse Darmstadt, El pendón imperial español fue el que ondeó al efectuarse la ocupación. Los defensores se entregaban, por tanto, a los representantes de un bando español en lucha con el del otro pretendiente, el que sería más tarde para la Historia. Felipe V. Pero la Historia tendría que registrar seguidamente el hecho aleve: los que entraron en Gibraltar en nombre del Bey de España se quedaron allí en beneficio de la Reina de Inglaterra. Aprovechando la confusión ¡derivada de las luchas de sucesión al Trono español, Gran Bretaña se apoderó con las peores artes de una plaza privilegiada, y desde entonces la usurpa, valiéndose únicamente de la ley de la fuerza, sin haber tenido jamás soberanía legal sobre día. Acerca de esto último, los ingleses esgrimen, el Tratado de pretendiendo darle urna interpretación de la que carece. Por el artículo X del Tratado, el Rey Católico cedió a la Corona de Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de H ibraltaí pero como todos sabemos, y los ingleses también, aunque hayan fingído siempre ignorarlo, se añadía que la dicha propiedad se cede a la Oran Bre- taña sin jurisdicción territorial Está cíaro que se transfería la propiedad Inmobiliarla, las construcciones superficiales, pero quedaba a salvo la juiisdiceión do los So- Si pondón de la ciudad de Gibraltar, que se conserva en San Roque y figuro cíente Exposición celebrada en Madrid.