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v U Rábida por Vázquez DÍM. 4. Y fechas señaladas en. la Historia de España, cuya recordación es obligada todos los años. Hora s ya que los españoles nos recreemos en nuestras glorias, siendo así que para núes tras desgracias contamos con la buena memoria de los 1 canes de la leyenda negra siempre dispuestos a ladrar nuestros yerros, no tan grandes como ellos suponen, ni tan insignificantes como quisiera el orgullo patrio. Si el mundo fuera justo con los españoles, hace tiempo que en un recoleto lugar de la Iberia, donde todas las razas invasoras dejaron su huella: el fenicio, el ara consagrada al Rus- Baal; el romano, el templo de Proserpina; el árabe, el morabito; el germano, el pétreo castillo, y los humildes franciscanos, su santuario de amor y de paz, se habría erigido el monumento más grandioso de todos los tiempos en el sitio, donde dio comienzo la anas extraordinaria epopeya que han visto y verán los humanos desde que la tierra gira sobre sus goznes. H Sf 8 S J lo k a wff ffl S k Í Í H I 8 i -1 di quena elevación que domina la confluencia de los ríos Odiel y Tinto, se halla el monasterio de La Rábida, sencillo cenobio donde quiso la Providencia se albergase un extranjero, nauta adiestrado en cien viajes, peregrino de Corte en. Corte, que había de llegar a pie, derrotado y mísero, en, busca de refugio y amparo para él y su hijo Diego, ijue le acompaña, Ni el avaro inglés Enrique VII Tudor, ni e! lunático fraileéis Carlos VIH, ni Juan II de Portugal, ni tampoco en la floreciente Reina del Adriático, y mucho menos en su misma patria, Genova, quisieron dar crédito a sus proyectos. ¿A quién acudir en demanda de protección cuándo todo el mundo civilizado se ríe y se burla ti, í sus desvarios, casi heréticos de visionario? Pero todavía resta un país donde implorar la necesaria ayuda. Y Cristóbal Colón, el hombre de voluntad de hierro, el creyente fervoroso que se, siente iluminado por. la Gracia Divina acude en última instancia a postrarse a los ¡pies de los Reyes Católicos, que, magnánimos y acogedores, alientan sus planes; pero... hay una empresa magna que consume todas las energías de los españoles en aquellos años, que no admite dilación ni desvíos ha Reconquista ha. de terminar para que España entera sea ganada para la Cruz, antes, de que ésta pueda ser trasladada al Nuevo Mundo que se presiente. Y pasan ocho años, ¡eternos! de dudas, zozobras y empeños