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DÍA RIO ILUS T R A D O Di; E 1 NF 0 R M AÍC I O N E N ER A iLi f FUNDADO EN 1905 POR DON R E O que son bastantes personas las que, sin mucha más complicación crítica o; ideológica, se han sentido un tanto, decepcionadas sobre la Conferencia de Ginebra, con sólo Contemplar la fotografía ele! su primeraj sesión, El Séneca vio está fotografía, en un i periódico, bajo un grarí titular: L a Con- fersncia de los Cuatro. El Séneca miró largamente la foto y Comentó; c 6 n angustia: i- -Pero, don José yb cuento aquí por ¡lo menos cuarenta. Así era. En la fotografía se veían unas i largas mesas disousstas como, para u n! banquete. No diré un banquete popular, pero sí la cena de despedida del: juez de instrucción ó el agasajo al acaudalado i propietario al ser elegido presidente. del! Casino local. Se veían, ¡en las. mesas, mi crófonps, auriculares, máquinas de escribir. Se advertía gráficamente que; allí. había auditorio que él que se levantara, a! hablar tendría que hacer su pequeño discurso. La palabra tiene un trayecto mínimo en el gue es propiedad de quien la: pronuncia. Ese trayecto, va de Ws. venv té; centímetros entre confesor, y. penitente; o el centímetro, y jnedio entre novio y novia, a los dos ¡o tres metros de la cpnfidepcia o el trate- En cuanto excede dé esto y se lanzai. a los diez o veinte metros, entra en l ¿órbita de: atracción del que la escucha. Ya es suya; ya le; exige su vasallaje; ya es discurso Se evaporaba, por eso, en la foto toda la! id? a primaria- y optimista que muchos tuvimos del t r a t o del chau- chau del hablando sé entiende la g e n t e ¿e. todo eso que, entre moros y andaluces, arregía tantas cuestiones. Porque uno tiene la sospecha de que la; médula de toda esta inquietud que turba al mundo está en cosas que no pueden decirse más allá de entre cuatro o diez personas. Siri incurrir en rnarxisrrio hay que reconocer que las realidades materiales y; técnicas presionan decisivamente sobre muchos problemas que planteamos como puramente intelectuales O espirituales. El descubrimiento dfel cemento o el hormigón ¡tiene, una importancia grande en la: arquitectura! y en la iointurá. el descubrimiento de determinados óxidos amarillos, que ayudaron muflió al misticismo 1 pictórico por i la facilidad que daban para pintar luces y rayos celestiales. Hasta en la Poesía no están aún bien medida la influencia que. tiene el descubrimiento: de la imprenta: o sea el paso del versp. que llegaba por el toído, recitado o cantado, al vérsb que nos llegja por la vista, leído en soledad, y silencio. Si esto es así. en tosas tan etéreas y espirituales como, el: Arte y la Poesía ¿cómo no va a ser mucho más en cosa tan esencialmente física, material: y bru, tal como la guerra? No i es que yo i niegue la influencia lenta que ¡puedan teiier sobre el problema el airíor y la fraternidad humana, Pero como la esencia de! a guerra es precisamente el odio, es tíiúf problemático el; alcance! que- tengan! ¡sobre ella esas virtudes fuera de cuyaj área y órbita la guerra, deliberadamente y por definición, se! coloca, i. Es urt poco querer resolver un probl ia; suprimiendo leí nro- TORCUATO LUCA DE TENA 1 D 1 AR 1 0 1 L U T R AD O D E 11 p 0 i RMA C I O Ñ G E NE RA L Si s- C LOS CUATRO QUE ERAN CUAREHIA bjemá, mismo. Algo así comb la solución que daba aquél al mendigo que le decía: Llevo tres días sin comer Mire: lo primero, coma usted y después hableremos. Decir que la solución de la guerra está en el amor, es volver a enunciar el problema. En cambió, en su propio campo, que es el del odio, la materialidad dé las armas sí puede tener mayor influencia. Ya cuando se inventó la ballesta la conmoción fue grande: y hay textos; bizantinos donde se habla de la necesidad de prohibir la terrible arma nueva b suprimir las guerras. La ballesta produjo el primer pacifismo. Claro que no tuvo éxito en esto, porque la ballesta no podía matar más que de uno en uno: y! a esto se acomodó fácilmente la Humanidad, cuyo cupo de emoción, en materia de matanza, necesita estímulos muchp más drásticos. El cañón o la bombarda, que podían hacer ya carambolas dé tres o cuatro soldados, engendraron las pagináis! pacifistas de Erasrrio o. Luis Vives. -La ametralladora puede ya coger con sus ráfagas hasta veinte ó treinta personas; y de ellas nacieron los objetantes de conciencia y varios neologismos: Paneurqpa, Panjmérica y otras varias palabras con la raíz pan o ínter que designaron anchos sentimientos antes de rotular líneas aéreas comerciales. Luego los gases asfixiantes alcanzaron ya zonas de cien o doscientas personas, y de su riego deletéreo nacieron el presidente Wilson p la Sociedad de Ginebra. El progreso de la- idea pacifista se iba produciendo así, disparo tras disparo, por el progreso de los armamentos: como en Un paradójico tiro al blanco que a la vez que derribaba sus muñecas con uniforme, ponía en pie catedráticos, teorías o instituciones. El pacifismo ha venido siendoi el tiro por la culata de las grandes armas progresivas... Sino que. a pesar de todo, las cuentas venían quedando por bajo de la capacidad humana de emoción. Los cientos de los gases o los quinientos de los vuelos aéreos seguían siendo raciones digeribles por el hombre enfurecido. Es ahora cuando la cuenta se ha puesto definitivamente seria. La acaban de hacer, en un papel, media docena de sabios, con Einstein y Bertrand Russel a la cabeza. El planeta todo entraba en esa cuenta, de la que todos somos guarismos, como una sandía entra en la cuenta de la plaza de cualquier señora. Queramos o no, esto era sustancial en Ginebra. Los Anuncíese en lodo el mundo por medio de la Edición Semanas tlére a de j A B 0 c u a t r o grandes acudían allá llevando todos en. él bolsillo el papelito fatídico de una realidad física mayor que ellos. Almorzaban, tomaban el té, discurreaban. Pero la guerra había dejado de ser una especulación. Todo- -ellos y él té y él alr muerzo y el micrófono! -estaba incluido en el área del tiró por la culata de lo último qué hemos recibido en materia explosiva. Y de aquí la pena de que en un momento tan crítico los grandes hayan tenido que hablar ante auditorio, clientela y electores. Cuando se habla ante un micrófono, o ante un taquígrafo, ya se suponen millones de receptores o lectores. Se está en proporción de uno contra millones. Ganan inevitablemente ellos Se sigue siendo jefe de una nación. Y la nación es precisamente el gran estorbo, porque es a ella a la que hay que recortarle soberanía para fabricar paz. La conferencia anulaba la posibilidad del único diálogo fructífero que, para el Séneca venía a ser, más o menos, éste: Esto, mariscal, es una atrocidad que hay qué evitar. Su bomba de hidrógeno ¿qué tal? Terrible, general. Yo la probé en Siberia y todavía ño me ha salido e- susto del cuerpo. La mía, lo mismo. Yo ie prometo no tirársela, si Usted no rrie la tira. Claro que sí; porque parece ser que si no n. Os cargamos al planeta: que aunque no es uña cosa del otro jueves, es lo. mejor que tenemos. Bueno, pero de China ¿qué? No rne miente usted la bicha. Yo estoy: coniprometido sobre eso con mis electores; -Y yo sobre les países satélites. Me van. a preguntar a la vuelta. Tenga eia cuen- ta que empezó la guerra anterior diciendo que íbamos a libertar a Polonia. Lo mejor será seguir el sabio sístemade los catedráticos: dejar eso para septiembre: que se reúnan entonces los ministros y a ver. Pero ¿usted cree aua de aquí a septiembre se nos ocurrir algo? Mire usted: el alumno que en junio no sabe cuál es ía capital de Suecia, muchas veces, en septismbre, con el verano por medio, se ha olvidado también de la de Noruega: pero aprueba por cansancio. Sí: lo importante es no tirarnos lo que tenemos en almacén. ¿Qw comunicado daremos a la Prensa Sí; diremos i en principio hubo un acHérdo unánime en evitar la guerra... Había que haber hecho posible la insinceridad, la comedia y la. marrullería: única salvación da los problemas ínsqhibles. El Séneca recordaba Cómo habían resuelto en el Casino cuatro emigos, mano a mano, con unas copas, la cuestión entré dos socios que se habían abofeteado y llamado hijo de tal Resultó al cabo de dos horas de charla que la bofetada había sido para matarle un mosquito que le andaba en la cara, y que hijo de tal podía ser un mimo cariñoso, tan paradójicamente como chato mío o mi veji- to Pero todo esto fue posible arreglarlo así porque eran, de verdad, únicamente cuatro y no había micrófonos. Gracias a lo cua l se escribió, luego, en un. acto que habiéndose dado ambas partes las más leales explicaciones... José María PEMAN -de la Real Academia Española. 4