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DIARIO ILUST R A D O D E INFO R MA C IO N G E N E RA L FUNDADO EN 1906 POR DON TOROUATO LUCA DC TENA O son ya necesarias excursiones librescas por la historia de lías costumbres y por las literaturas de los diversos países para encontrar mu jeres vestidas de hombre. No han de venir como pruebas del cambio en el indumento ni el Don Gil de las calzas verdes de Tirso, ni muchos otros ejemplos acumulados por los autores dramáticos ingleses a lo largo de sus producciones. Basta salir a la calle, pasear por la Gran Vía madrileña o de otra gran población cosmopolita, y no será difícil divisar féminas con pantalones, un cigarrillo en la boca y blusas camiseras con corbata. Es la moda que nos han traído del extranjero y se ha desarrollado sobre todo en playas y lugares de reunión al aire libre. Doña Catalina de Erauso, la monja alférez, no hubiese hallado hoy n día admiradores o detractores de sus hazañas, porque en la actualidad mu- chachas, y aun señoras maduras de su temple y valor, las hay a millares. Ahora abundan las nadadoras arrojadas, tan hábiles en el deporte como Esther Williams, las montañistas o alpinistas, las campeonas de tennis las que encuentran un placer en el camping pero como se va perdiendo poco a poco la práctica de la equitación, ya no se conservan apenas las amazonas de hace medio siglo, que no habían caído en el mal gusto de las antiguas mitológicas, sometidas a Hipólita y Pentiselea, las cuales aceptaban gustosas una operación quirúrgica que luego les daba su apelativo corriente de amazonas. La cultura física no es la única que pide- a veces para la mujer el atavío varonil. Industrias de amor lo han empleadio en ocasiones, y también hace un siglo razones de índole estudiantil y de investigación científica, cuando el trato frecuente de hombres y mujeres estaba mal visto por las gentes graves. Los años de ahora son prueba afortunada del caso contrario, y las aulas de Filosofía, de Farmacia y, en general, todas las Facultades decentes se ven llenas de alegres muchachas, tan aptas como los varones para seguir con buen éxito una carrera con asignaturas de Historia, Filología, Ciencias Filosóficas y todas las demás materias componentes del humano saber, y no se pierde con esto ninguna virtud ni ningún encanto femenino. Una doctora, una sévrienne como dicen en Francia- -porque la Escuela Normal Superior Femenina se encuentra en Sévres- -suele ser al propio tiempo una mujer de hogar. Para comodidad en la vida de la inteligencia y en el cambio de ideas y enseñanzas con las personas cultas del sexo contrario, vistieron galas masculinas en la primera mitad del XIX dos mujeres ilustres, harto diferentes en conducta, modo de pensar y género literario a que una y otra consagraron su actividad y ABC sus afanes. Una es francesa, Jorge Sand ¿Quién no recuerda haberla visto en pinturas y estampas de la época, con su levita y su, chistera de color, siguiendo la moda romántica? Aurora Dupin, baronesa Dudevant, uno de los cerebros más vigorosos y una de las mejores escritoras de Francia, no se distinguió nunca por su vida e emplar. Ahí están Jules Sandeau, que la dio seudónimo cortando él su propio apellido; Musset, su víctima en Venecia; Pagello, el médico que asiste come facultativo en la ciudad de las lagunas al poeta y acaba fugándose con su compañera; Chopin, el pobre tísico de Valldemosa... ¿Para qué necesitaría Jorge Sand vestirse de hombre? Caprichos de una mujer inteligente y voluntariosa, muy fina de sentimientos y con disposición enorme para el cultivo de la novela y de todo género literario. La nueva boga de Jorge Sand está justificada, aunque no se puedan compartir todas sus ideas y sus frecuentes atentados a la virtud de honestidad. (Venga al recuerdo, entre paréntesis, otra francesa que vestía siempre traje masculino, madame Dieulafoy, auxiliar de su marido en las excavaciones de Mesopotamia y otros puntos del Oriente Medie, escritora notable, autora de un volumen sobre nuestra Isabel la Católica y dama que dio motivo a no pocas anécdotas graciosas en su afán de vestir constantemente de hombre. Y salvando el paréntesis y de nuevo ante la figura de Jorge Sand sepamos que en la española víctima del travestí se dan, por el contrario, todas las cualidades que hacen de la mujer un modelo de señorío, cordura, sensatez, equilibrio, bondad, caridad, talento para exponer nobles ideas y felices dotes de escritora. Me refiero a doña Concepción Arenal, nacida en El Ferrol, hoy llamado del Caudillo, en 1820, y muerta en Vigo en 1833, a los setenta y tres años. Estuvo casada de 1847 a 1855 con Fernando García Carrasco, redactor de La DI A R I O IL U STR A D 0 PE I! NF O Fi M A G 1 0 N GE N E RA L 81) N MUJERES CON TRAJE DE HOMBRE Iberia periódico en el que ella misma colaboró durante los años de su matrimonio. De Concepción Arenal se dice también que se vestía de hombre pira asistir a las clases de la Universidad. El hecho no se ha confirmado, pero tampoco se ha desmentido. Lo que ti es cierto es que en Inglaterra, por error, la tuvieron por hombre, y en las comunicaciones a ella dirigidas se le daba et título de Sir. Concepción Arenal fue una mujer extraordinaria. Hizo versos, compuso novelas, escribió miles de artículos de periódico y dio cima a esa serie de obras en que acredita su compasión y tu amor al pobre, al caído con necesidad de redención, al preso, al desventurado, al que puede alcanzar con el perdón el aprecio de sus semejantes. Pero su labor benéfica, social y literaria no se limita a un impulso generoso de su corazón, a una noble empresa realizada sin más actividad que la propia de la vida afectiva. Sus escritos responden a un sistema de ideas, a una doctrina moral, filosófica y jurídica, a una tradición española que ha estudiado en la Universidad acaso vestida de hombre. TÍÍO le son ajena lat enseñanzas en materia penal, de Luis Vives, y del zamorano con cátedra en Salamanca, fray Alfonso de Castro, precursor de Beccaria en muchos avances de la cien cia con la misión de castigar y corregir y hombre de mucho saber y amor al prójimo en los comienzos del XVI. Cuando Concepción Arenal se interna por las disciplinas penitenciarias dominan aquí las ideas de Rossi y Ortolan, las conclusiones del polígrafo presidente, del Consejo de Ministros, don Joaquín Francisco Pacheco- y t a argumentos que habían de oponerse al krausismo traído de Alemania por Sanz del Río. El de Concepción Arenal es nombre esclarecido en este plantel de penalistas, que van formando y estableciendo sobre bases racionales la ciencia de los delitos y de las penas. Un mero pormenor indumentario ha puesto juntas a dos mujeres tan distintas, cada una con sus mérito propios f muy digna la española de que salgan su nombre y sus libros a la luz de la inmortalidad y de la fama, porque Concepción Arenal yace hoy en injustificado olvido, mientras en la nación ultrapirenaica sé reanima en este mismo año el culto de Jorge Sand Concepción Arenal necesita un monumento en Madrid. La calle que en la capital de la nación lleva su nombre no tiene importancia urbanística: e ve como ahogada en el sitio americanizado qtte hubo de corresponderle. La honra merecida a los grandes valores españoles es siempre gloria de la Patria. Luis ARAUJO- COSTA