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posturas y enajenó o sumó muchos concursos, prólogo suyo lleva el libro La flecha en el blanco de Antonio Olmedo, cronista de guerra y hoy director de nuestro A B C de Sevilla. Prologuistas han sido también el general Alonso Vega, de El ultimo muerto de la guerra de España por. Lucio del Alamo; el general Aranda, de Bajo el cielo de Levante por Luis de Armiñán, y de Sitio y defensa de Oviedo por Osear Pérez Solis, y el general Várela, de La batalla de Madrid por el teniente coronel López Mufiiz. El general Despujol tradujo, prologó y anotó la obra Enseñanzas de la guerra en España que escribió en 1938 el general francés Duval, con prefacio del general Weygand, El hoy alto comisario de España en Marruecos, teniente 1 general García Valiño, es autor de Guerra de Liberación española (1938- 19391 Abarca este magnífico tomo, aportación de gran importancia para la historia de las opei aciones militares de nuestra guerra, las campañas de Aragón y Maestrazgo y las batallas de Teruel y del Ebro, en las que tuvo mando e intervino. El ilustre militar destruye la idea circulada en el extranjero de que la contienda fue de guerrilleros desvalorizando así el mérito de las operaciones que, por eL contrario, habrían de ser modelo y fuente de enseñanzas para la gran guerra mundial que no tardó en producirse. Avaloran la obra numerosos croquis y mapas. Portadas de los libros de los generales Klndeián, Garda Vallño y Sagardia, que se men. cionan en este artículo. El general Infantes Martín publicó unos apuntes para la Historia, con el título de Navarra y García Escámez que es un relato amenísimo de los prolegómenos del Movimiento en Navarra, de su explosión y del itinerario que siguió la columna de García Escámez por Logroño, Alfaro, So- ria, camino de Guadalajara, Somosierra recuperada, Navafria y Sigüenza, con datos de gran valor e impregnados de fervor patriótico. Mis cuadernos de guerra es el título del libro ofrecido por el general Kindelán, quien dice que son notas que fue tomando e n el curso de la campaña, en especial de la batalla del Ebro, que él prefiere denominar de Gandesa, batalla que considera la única de nuestra guerra en que combatieron dos ejércitos idóneos; con medios análogos, orgánicos, de armamento y de material en la tierra y en el mar. Tamfcién relata un plan para desencadenar el Movimiento en Madrid, llevando la lucha al campo en vez de producirlo en la ciudad, que posiblemente hubiera tenido más rápido éxito, y ofrece detalles valiosísimos del transporte de tropas de Marruecos a la Península, por vía aérea, sin precedentes, en un total de 14.000 hombres y de material, con 52 cañones y 283 toneladas de municiones y otros efectos, cuando, por encargo del hoy Caudillo de España, tomó la dirección de las entonces escasísimas fuerzas de Aviación. Cierra el general Kindélán los interesantísimos capítulos con un elogio a 1 a obediencia del soldado español. Del general Millán- Astray es Franco, el Caudillo colección de arengas y discursos de la etapa de la Guerra de Liberación, empapados de patriotismo y de vibrante elogio para la vida y obra de Franco, a las que se refiere en páginas curiosísimas. Suyos son, asimismo, otros folletos con reproducción de conferencias, y el prólogo al volumen Memorias de un soldado locutor de Fernando Fernández de Córdoba. Durante la Cruzada, el general Orgaz, en colaboración con los hermanos Francisco, Julián y Víctor Martínez Simancas, editó Mi libro que es una exaltación de General D. José Mlllán- Astray. (Ft. V. Muro. General D. Luis Orgaz Yotdl, (Foto Jalón Ángel. las virtudes del soldado, con páginas y temas que debían ir los combatientes rellenando, y, a modo de broche, un encendido resumen histórico de las grandevas de España. Por último, el general Sagardia es autor de la obra titulada Del alto Ebro a las fuentes del Llobregat con magníficas ilustraciones en colores y 18 planos. Recoge los treinta y dos meses de campaña, toda la guerra, de la 62 división, a su mando, en diversos frentes, y sus bien escritas páginas respiran hondo amor a sus soldados, a quienes prometió escribir un libro que diera a conocer sus gloriosas acciones y la erección de un monumento a los caídos, promesa que también cumplió y que está en Lora, con una sencilla y emotiva Inscripción. Otros jefes y oficiales han historiado igualmente diversos aspectos de la Cruzada, comprobándose así una vez más la armonía entre las armas y las letras a que hacíamos referencia al comienzo de estas lineas, que han pretendido ser sintetizadoras de la producción técnica y literaria de nuestros generales vencedores en la Guerra de Liberación, J. G. -R,