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Vista de Aupante desde el puerto. (Foto Sánchez. FOGUERES DE SAN CHUAN L OS sitios de España buscados por ios extranjeros y los españoles que pueden permitirse el lujo de disfrutar de vacaciones largas comienzan a estar saturados de afluentes. En Mallorca ya no se cabe; la Costa Brava improvisa alojamientos en las casas de los pescadores; en el litoral entre Málaga y Algeciras los terrenos se cotizan ai mismo precio que en las grandes ciudades. El creciente número de los que quieren evadirse de su bregar diario busca nuevos caminos. Ibiza empieza a ponerse de moda. Las Islas Canarias están siendo una revelación para la humarridad. cada día más friolera. ¿Por qué no Alicante? Sin acuerdo mutuo, Alicante parece desperezarse de su larga siesta y lo hace con el arrebatado afán del que quiere recuperar el tiempo perdido. Así, el tanteo coronado por el muy merecido triunfo de i ¿empresa de nuestro Sanatorio del Perpetuo Socorro, que hoy, más que clínica, es hospedería moderna de gran lujo; la construcción de nuevos hoteles, que convidarán a los que andan inquietos en busca de buen acomodo a prolongar, mientras duran los fríos, su estancia entre nosotros; el haber conseguido, por la buena voluntad de todos, salvar nuestra playa de escollos y rieles, la urbanización de esa playa misma, la supresión de los pasos a nivel de las entradas urbanas, que son gravoso pea; para los que llegan por carretera; la construcción, ya resuelta, de la nueva estación central, con sus enlaces entre diferentes líneas; que dará dignidad al lugar de llegada y salida (la primera y la última impresión del viajero) la central para los ómnibus de línea; las nuevas y gigantes- cas construcciones que, aun encaminadas a un fin benéfico, ennoblecen los sitios en que se erigen; el Colegio de Huérfanos de Ferroviarios y el Hospital de loas beneficiarios de la Previsión Social, la puesta en marcha de las fábricas de 3 a Compañía de Aluminio, que dota, además, a la ciudad de un nuevo parque en su palmeral urbanizado; la repoblación forestal de nuestros castillos de Santa Bárbara y San Fernando; la meditada reforma de la plaza de nuestro Ayuntamiento; la edificación de sedes de Bancos el aliento de puro alicantismo de nuestra Caja de Ahorros, que enaltece sus operaciones de ventanilla, brindando conciertos y ofreciendo conferencias, de los que todos se benefician; las exposiciones pictóricas o fotográficas de nuest r a Diputación, nuestro Ayuntamiento o nuestra Sociedad Fotográfica. Buenp es, sin embargo, que en este trajinar revolucionario cuidemos de mantener lo que suponga característica peculiar de nuestro ambiente. Nuestras verbenas veraniegas, ya sin arcadas, con mecheros de gas; nuestro gusto por las artes y por las letras, que hizo florecer a un mismo tiempo en el reducido jardín de las glorias nacionales tres hombres de prímerísima calidad, dos de ellos, por fortuna, aún con vida: Gabriel Miró, Azorín y Cscar Esplá, La nueva Escuela Pictórica Alicantina. Los de la generación del Club de Regatas flotante, la Maison Francaise el tranvía con muías y el Tío Cuc no nos sentimos pesarosos por los cambios. Queremos sólo que Alicante, que goza; de ciertos dones divinos que nadie puede arrebatarle, guarde, a más de sus palmeras, su traza y su personalidad y no juegue petulantemente a la gran ciudad con anodinos rascacielos y multiplicación de guardias urbanos para hacer ostentación de intensidad de tráfico. Como la Costa Azul, podemos ser estación de invierno y de verano: Hagamos una ciudad cómoda y cordial. El turista no viene a nosotros en busca de lo deslumbrante. Más que los cabarets y los esparcimientos mundanos, busca el aire libre, el sol. el banco público situado en lugar pintoresco, el espacio, para un paseo reposado, el mar, la placidez del ambiente. De todo lo folklórico y típico quizá sean, nuestras fogueres de San Chuan lo mas destacado. Los exponentes de duración más fugaz de nuestras múltiples iniciativas son las que provocan atracción más apasionada. Arden los fuegos de artificio c las hogueras, en el espectáculo de más alcance popular de todos los conocidos, y nos sentimos transportados a un mundo irreal de luces y colores, del que no quisiéramos volver. El artista crea sus ninots a jjesar de que sabe que el fuego hará ceniza su obra. con tanto amor concebida y ejecutada. En el goce de procrear tiene toda su recompensa. La vida es humo: cuidemos de dar buena fragancia a este humo; el caer no ha de quitar la gloria de haber subido. Las luces de nuestras hogueras no son de incendio destructor. Los truenos de nuestros cohetes no son mortíferos. Salvas de honor y no cañonazos destructores. Todo es de mentirijillas; pero todo tiene ese poder de fantástica evocación que nos hace pensar, en la noche de la víspera de San Chuan que la ciudad eleva al cielo sus brazos en una vehemente ansia de purificación colectiva, en las horas precursoras del Miércoles de Ceniza. Luego, nada: unos tizones; la flecha ambiciosa ahora caña socarrada. El castillo se hace volcán con su palmera y los fogueres empiezan a hacer planes y colectas para las próximas hogueras que tienen que ser mejores gue las del barrio vecino. Dulce Alicante que sueña una vez por año y empieza ahora a comprender que Se pueda soñar despierto y, aprovechando las. dádivas divinas, hacer de la ciudad Un paraíso. El conde de CASA- ROJAS