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ABC. J U E V E S 30 DE JUNIO DE 1955. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 35 ducir tuvo que estudiar el Código de la Circulación del país, y cuando demostró que lo dominaba, le dieron permiso para aprender, después de sufrir un examen físico muy completo. Cuando el aspirante- -añade- -se considera, en condiciones de hacer la prueba, acude con su coche a realizarla. La máquina es sometida a una inspección técnica, y seguidamente el examinador se sienta junto al aspirante y leobliga a ir por carretera y por la ciudad, en el sector de más difícil circulación. La prueba dura hora y media. Mientras tanto, la Policía de tráfico va calificando cada maniobra. Terminada la prueba, una plantilla transparente colocada sobre la hoja, da la puntuación automáticamente. Hasta ese momento el policía no sabe si el aspirante ha aprobado o no, y en muchos casos la prueba ha de repetirse varias veces. (Nuestro comunicante hubo de realizarla dos. Y no son pocos los considerados totalmente incapaces para conducir. En América los coches no pisan su izquierda como no sea para adelantar a otro más lento, y POCOS TEMAS HAY MAS VIVOS Y URGENTES QUE EL DE LA CARRETERA ESCRIBE EL NOTARIO DE CHANTADA, SEÑOR MOURE MARINO Requisitos exigidos en Norteamérica para ser conductor CONTRA LAS INFRACCIONES LEVES, SANCIONES INGENIOSAS A la vista tenemos un minucioso resultado del examen hecho en. el Estado norteamericano de Minnesota a un candidato a conductor. Cada país tiene sus normas ai respecto. España debe buscar las más perfectas. Este certificado define las condiciones físicas del candidato a conductor. Si está enfermo del corazón. Si oye bien o mal. Si su visión es buena, con gafas o sin gafas, la clase de gafas que necesita para cada ojo. Si sabe emplear el embrague correctamente. Y el acelerador. Y el freno. Y las señales de carretera. Y las señales de ciudad. Si tiene tendencia a- acelerar. Si tiene miedo a acelerar. Si sabe colocarse en calle de tráfico peligroso. Si su temperamento es nervioso o sanguíneo. Si se domina; si es impetuoso, etcétera, etc. Este certificado no es alegremente expedido por las autoridades médicas. A la vista del resultado de los exámenes, se concede o no el certificado definitivo de conductor. Por lo general, son muchas semanas, y acaso meses, los que necesita el examinando para que, teniendo en cuenta sus excelentes condiciones físicas, se le otorgue el carnet de conducir. No son tan estrictas las normas en Francia ni en Inglaterra; pero lo son mucho más que en España. En España tenernos que resolver un problema importante. Un conductor que tiene carnet no es un buen conductor. Un buen conductor es un hombre experimentado y que disfruta de la plenitud de sus facultades físicas normales. Un conductor se hace, no en el examen precipitado, a a veces recomendado; se hace en la carretera, con y la experiencia. No se crea que los coches, los camiones, las bicicletas y las motos cometen imprudencias solamenteíPen nuestro país. En todas partes cuecen habas. Lo que ocurre entre nosotros es que el número de accidentes resulta más elevado que en otros países, con relación al número de ¡vehículos que circulan. Y nuestro deseo sería el de que nos pusiéramos en la misma línea, gracias a la ayuda Se cuantos van a pie o sobre ruedas, ya que con otra clase de ayudas no podemos contar si tenemos en cuenta el hermético silencio de quienes debieran intervenir en la cuestión de modo rápido y eficaz. La intensidad del tráfico ha complicado en todas partes la carretera y la calie, hasta el punto de que en algunos países las autoridades han establecido sanciones nuevas para los delitos de menor importancia. Por ejemplo, en Irlanda, cuando se trata de una ligera infracción del reglamento de tráfico, la policía se limita a desinflar los neumáticos del coche, obligando a sus conductores a llenarlos de aire con la bomba de mano. Si tal castigo se impusiera en JTidrid, en la Cibeics, y en junio, no hay duda de que sería muy eficaz y no habría taxi ni vehículo particular que repitiese ía hazaña de pisar la raya amarilla do la Gran Vía, por el gusto de adelantar a otro. Y no digamos nada si se tratara de camiones, sobre todo, de los de seis ruedas. En Yugoslavia los nombre? de los Contraventores son reproducidos en un cuadro por todos los periódicos, una vez a la semana, y en Nueva Zelanda se les imponen quince días de prisión, que van cumpliendo los fines de semana. CARTAS Y COMENTARIOS Don Rafael Martín de Argenta, vecino de Carabanchel, especialista en anestesiología, nos dice que aprendió a conducir en los Estados Unidos. Había sufrido un accidente en Copenhague, y por esta causa empezó a interesarse por la circulación de vehículos de motor. Para aprender a con- ABC en París EL CAMIÓN DE LA MUERTE París 29. (Crónica telefónica de nues tro corresponsal. Como en Madrid, hace un par de semanas, hoy la actualidad de París la acapara uno de esos ca miones que deberían llevar en sus portezuelas, como los postes de alta lew sión, una calavera y dos tibias cruzadas: ¡Peligro de muerte! No conocía a los cuatro ocupantes de un pequeño coche pulverizado en el choque con un camión, durante la noche, en una avenida del bosque de Bolonia. Nadie duda en París de la culpabilidad del chofer del camión, a pesar, de. sus declaraciones. CAMIÓN LOCO Los cuatro ocupantes de un Simca no podrán declarar nada, porque murieron instantáneamente. El conductor del- camión tampoco declaró nada, por- que desapareció. Proyectado fuera del vehículo- -un gran camión del Ejército americano- alguien pudo entreverlo en la noche, levantándose, titubeante, y huyendo hasta desaparecer entre la maleza del gran parque de París. Una ves que los escasos testigos comprobaron la inutilidad de cualquier auxilio a los ocupantes del coche, convertido en un amasijo de hierros, advirtieron que el chofer del camión había desaparecido. Los gendarmes, precedidos por un perro policía, rastrearon en vano todo el bosque de Bolonia. Sin embargo, el conductor ha sido identificado ahora gracias a un pañuelo marcado con sus iniciales. De otra manera no se hubiera dado con él ni con otro soldado que le acompañaba, en una irregular escapada a París, sin permiso y distrayendo el camión de un campo de Suresnes. Mal ha quedado ante las gentes el cabo Brortw, quien, además, al ser detenido intentó echar la tulpa a su acompañanic. Sólo sus heridas- -torció el volante con su cuerpo- -le han confundido. Los muertos del Simca no podrán decir nunca si, en efecto, abrieron los faros sobre el camión, que, en dirección Contraria a la suya, trataha de adelantar a otro coche a 70 por llora. Este camión loco mantiene viva en estos momentos la psicosis del peligro automovilístico que. se. apoderó de este país al día siguiente, de. la catástrofe de Le. Mans. PROYECTO DE LEY Un diputado de París presentó hace unos días a la Mesa de la Cámara un proyecto de ley que da mucho que hablar: la prohibición de rebasar los 100 kilómetros por hora en cualquier carretera, a no ser designada como excepcional (autopista) por una Comisión técnica. La medida, que algunos consideran insólita y revolucionaria, no lo es demasiado. Con una inulta que me, impusieron entre. Washington y Nueva York, me enteré yo de la existencia de, una prohibición semejante, en Norteamérica. Se ha iniciado una verdadera campaña para detener a la muerte que llega tan veloz por las carreteras de. Francia. ¿Más en este país que. en otros? Menos, en proporción, porque aquí se. conduce muy bien; más en la realidad, porque el número de coches- -al tope de. las posibilidades de París- sumado al soberbio estado de las carreteras, arroja un coeficiente de mortalidad que ya está haciendo variar el barento de las compañías de seguros. Sobre todo, en los fines de semana las cifras de defunciones no desmerecen mucho al lado de las del cáncer o la poliomielitis. PEOR QUE UNA EPIDEMIA Afanosamente, los hombres de ciencia, tratan de arrancar vidas a los virus desconocidos, y esos mismos hombres aparecen como pasivos resignados ante un mal del que nada hay que descubrir y que la misma humanidad se ha forjado gratuitamente. ¿De verdad no hay nada que hacer? PARÍS AFÓNICO A Dubois se le puede llamar el silencioso. Hace ya un año que una mañana apareció París afónico. Todos los automovilistas acallaron sus bocinas c. omo un solo hombre. Uno se deslizaba por París como inmerso en un acuarium. ¿Mérito de. los automovilistas? Sí; pero más mérito corresponde al peatón de París, tan ducho en la conducción de sus piernas como el automovilista lo es volante en mano. -Carlos SENTÍS.