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Continuación! venia! sino el luyar donde laíamiliit sw congrega para realizar dos actos elemiujtales y fundamentales; comer y rezar en común. Y a éstos sigue el contar historias. Junto al llar y al amor de la lumbre, nac? la narración novelesca y se cultiva la tradición oral, origen de la Historia. Eli abuelo cuenta sucedidos de la propia familia, de la vecindad, o acontecimientos que le ha tocado vivir o bu oído a sus antepasados. El Museo de Artes Decorativas de Madrid, que conserva y exhibe tantas joyas de valor histórico, inapreciables por lo que en ellas se nos transmite de la vida hogareña española en los pasados siglos, ha tenido el acierto de instalar tres cocinas españolas como representativas de otras tantas regiones. Una castellana, que también puede considerarse de Extremadura, Andalucía y algunas regiones del Norte. Otra aragonesa, ya que está decorada con cerámica de Teruel perteneciente al siglo XV, y otra común en Levante, aunque típicamente valenciana del siglo XVIII. Destaca a través de estas cocinas ti distinto carácter, usos y costumbres de las regiones a que pertenecieren. En la castellana y aragonesa la austeridad de los utensilios, todos de hierro forjado. Desde los morillos que sostienen los troncos (llamados así porque en una época sus remates solían ser metálica caberos de moros) hasta el llar que cuelga sobre el fuego, dedicado a suspender la caldera de cobre o de hierro, en que se callenta agua o se condimentan manjares que por su cantidad sobrepasan la capacidad de las ollas o los potes corrientes. Asi vemos, junto a la cerámica rudimentaria, las almireces de bronce, la rueca y la devanadera, que denuncian las actividades femeninas al calor del hogar, las historiadas espeteras con utensilios, los candiles de aceite, las trébedes y el rosario de gruesas cuentas de madera, que evoca una vieja tradición familiar española. En la cocina valenciana todo cambia. Fogón, campan aspiradora de humos y mosaicos, con pinturas, culinaria de la cocina valenciana de) siglo XVIlf, instalada en el Museo. Las paredes son de mosaicos blancos, con pinturas que entre humor- culinario y exhibición de glotonería, representan carnes y pescados frescos, embutidos y cuanto de apetitoso puede ofrecer la refinada cocina valenciana, creada por un pueblo que vive en tierras ricas y gusta de lo suntuario en sus hogares. Bien lo demuestra la riqueza de cerámica y utensilios de esta cocina, en contraste con la austeridad de la castellana y la aragonesa. Toda la fertilidad y la exuberancia de la tierra levantina, asi como el carácter de sus pobladores, están representados en estos pintorescos mosaicos artesanos, quo decoran la cocina valenciana del siglo XVIII. J. A. C. Aspecto general de la ooelna, en que puede verse cerámica de Teruel del siglo XV,