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SAN FRANCISCO í Sk San Francisco y u bahii, un paneraina prodigioso. s A m fl n d i 11 d bri (de 1 oe, en t n Pranetwo. AN Francisco. (Crónica de nuestro correspcnsal. En la chimenea del Club de Prensa de San Francisco, en el vasto y lujoso salón de fuman arde un fuego que tiene cincuenta años, a un fuego amable, que entibia gratamente la estancia, y que se agradece cuando se viene de la calle en estas noches frescas- -en Madrid serían noches de otoño avanzado- lavadas por el viento que sube de la bahía. Fue encendido después del gran incendio de 1906, y no se le ha dejado apagar más. Es la lámpara votiva de la hospitalidad de San Francisco, que es una cosa tan increíble como la pendiente de sus callea, la distinción de sus habitantes y la bella Inmensidad de su bahía. Si Ban Francisco no fuese San Francisco, seria, una tormenta, ún montón do contradicciones sin sedimento ni reposo. En un par de siglos por aquí han pasado los Conquistadores del ocaso del Imperio, los franciscanos, los buscadores de oro, los constructores del ferrocarril transcontinental, los chinos, los mercaderes y los aventureros de todo el mundo, las desesperados, los parlas y los iluso los capitanes de todas las industrias y los místicos Ce todos los afanes. Y el Oran Incendio de aquel dia de abril de 1906, del que todavía se habla bajando la voz. Cuando esto ocurre en diez siglos, l absorción se produce naturalmente. Pera cuando es en doscientos años, tiene que haber mucho contenido para que el resultado sea una ciudad con la distinción de ésta, con su orden mental y urbano, ei so- wak ¡i iém wmÉñéii MUMlllü