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(Continuación) Es difícil señalar para un occidental grandes diferencias entre los artistas que aquí exponen, pues son análogos los planteamientos, la temática y su resolución. Sin embargo, señalemos las notas que nos han parecido más calificadoras. Asi, en Kaitgetsudo Doshin, de comienzos del siglo XVín, sus figuras muestran una quietud elegante, con perfiles de un entintado muy expresivo. Hay una especie de gusto universal que en este momento se extienda a todas las civilizaciones. Y es un sacudimiento dinámico de las formas que se manifiestan en el arte japonés en el barroquismo con que se despliegan los mantos del gran dibujante Zorie Kiyonobu. una fuerza impetuosa desenrolla pliegues y cabos ondulantes. Una línea de enfermiza delicadeza y ondulante trazado se mezcla en los grabados de Okumura Masahobu a una expresión muy dramática en los retratos de actores. Es de advertir que en el Japón la pasión por el teatro es popular y los actores eran considerados como de Ínfima clase social. En la descripción de los rasgos más extremosos de una situación escénica son una obra maestra los grabados de Toril Kiyonobu II. Un naturalismo lleno de fresco encanto vegetal encontramos en las estampas de Suzuki Harunobu. con un sentido alambicado y curvilíneo de las formas, con actitudes amaneradas y lujo de trazos en volutas. Hay aquí una perspectiva especial, quizá sugerida por la influencia europea. Marchan las figuras con rítmica gracia y los mantos se pliegan en curvaturas que recuerdan a las maneras helenísticas. Un fondo de árboles, de lluvia o de ramas nevadas acompaña a estos personajes de una gracia tan aguda. Un carácter más elemental y simple presentan los grabados de Katsukawa, con las líneas reducidas al neto recorrido de la silueta. En las figuras de Klyonaga, que penetra en el siglo XIX, el canon es mucho más alai- gado, con esbeltez vegetal, todo frágil y de una elegancia rococó. Otro aspecto presentan los grabados de Sharaku, muy expresivos y fuertes, con temas de actores en actitudes retorcidas y rictus dramáticos. Las obras de uno de los más famosos estampistas, de Utamaro, muestran un predominio de las medias figuras en un primer plano trazadas con un rayado de milagrosa seguridad, limpio y delicado, sugiriendo el relieve los matices de su grosor. No podemos ocuparnos de otras estampas, cuya belleza bien merecería un comentario. Aludamos, sin embargo, entre las figurativas a las de Zíoyokuni I, muy abarracadas y violentas, con arrebatadas expresiones. Y quede como final la referencia a las de los más grandes paisajistas del arte japonés: Kokusai y Hiroshigue, los dos que llegan hasta mediados del siglo XIX. Hokusai mezcla las tradiciones chinas a las aportaciones del Occidente y crea unos paisajes llenos de fragancia y de amplio halo poético. La perspectiva es ya europea y ello le permite profundizar hasta el Fujiyama, siempre nevado, y dibujar la cresta de una ola, con perfil de dragón. Grandes flores, llenas de ternura humana, se abren en estas estampas. La pasión por el dibujo le poseyó durante toda su vida. Como el Aún aprendo de Goya, a los ochenta años, así declara Hokusai en el Prefacio de las Cien vistas de Fuji A los setenta y tres años creo haber adquirido alg ú n conocimiento de la e s t r u c t u r a verdadera de l o s seres n a t u r a l e s p l a n t a s árboles, pájaros, peces e insectos. Opino que, Cuando haya cumplido los ochenta ta años, habré prog r e s a d o notableT mente. A los noventa, penetraré el misterio de las cosas; a los cien, haré Una obra asombrosa, y a los ciento diez, cuando dibuje, aunque s ó l o sea una linea o una raya, poseerá el soplo de la vida. Las estampas de Hiroshigue son más c o m p licadas, reu n i e n d o con un único criterio descamarera de un salón de té por KKagawa criptivo m u c h o s Utamaro. elementos del pal Retrato del actor Bando Hikosaburo por Okumura Masanobu. (Fotos V. Muro. saje japonés, que aquí aparece miniado y de un fresco encanto, mojado por la ljUvia o contrastado por luces, de un claroscuro extraño hasta él, en el arta japonés. Estas estampas son concreciones poéticas. Con frecuencia el mismo pintor escribía una estrofa y luego componía un cuadro que le ilustraba. Y esta resonancia espiritual está latiendo en estos grabados, en los qua las cosas son evocadas en sus imágenes más inmateriales. J, C. A. J