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VSf denominaciones tan equivocas que nunca se sabe con certeza qué expresan. He oido aplicar el adjetivo bohemio a las gentes más diversas y por motivos casi opuestos. Parece que en su origen aludía a la vida un poco desordenada- ¿desordenada? -que llevaban algunos artistas en el siglo XEK y que se acuñó y cuajó principalmente a mediados y a finales con el gracioso cuadro de Murger. Artista bohemio, que es una denominación bastante problemática, parecía definir lo más concreto del mundo. En general, revela distancia e incomprensión en quien la aplica, con una mezcla igual a veces de admiración y conmiseración. 1 calificativo solfa usarlo un señor de costumbres simplemente distintas a las del bohemio, que solían ser bastante monótonas, y cuya inseguridad se convertía con frecuencia en una rutina estable. Pues si pretende referirse a la inseguridad económica- -ya que ni la pobreza era segura en ellos- resulta un contrasentido en una época en que los grandes financieros se suicidaban de vez en cuando por malos administradores y manirrotos. Al menos, el bohemio no estaba expuesto á arruinarse, aunque también existieron bohemios ricos que se arruinaron con el arte y la literatura y a los que todavía es más difícil caracterizar. El poeta, que va muy a menudo asociado a la idea de bohemia, tampoco se ajusta demasiado, y menos actualmente, a la imagen popular. Entre el poeta universitario, profesoral, de atuendo pulquerrlmo e ingresos regulares y saneados, todo lo cual no sólo es compatible, sino coherente con el cultivo de la lírica, y la imagen corriente hay mucha distancia. Claro que siempre existirá algo en el poeta de esa actitud desprendida, extraviada e incluso lunática en la que acierta el vulgo, aunque su economía sea mezquina o sus hábitos muy rigurosos. Las cosas más aparentemente contrarias pueden concillarse. En contra de lo que se cree, los poetas suelen ser ordenados y llevar sus cuentas perfectamente, y eso no altera ni amengua, de tenerlo, su talento Úrico. ¡Pero vaya usted a convencer de ello a la gente! Es curioso observar cómo se combina la verdad, y el error en tales creencias y las pintorescas deducciones que llegan a hacerse. Se parte de ciertos hechos comprobados y se les añade inmediatamente tales o cuales rasgos y caracteres y se les destina una casilla. Esto es lo que se llama tópico, del cual soy defensor, pues suponen años de cultura y de operaciones mentales. Ahora bien, deben ser renovados poco a poco, con frases que vayan aproximándose a la verdad. Por ejemplo: Es un hombre limpio, ordenado, buen padre de familia, de costumbres morigeradas y bastante bohemio. O esta otra: Es un rentista, cultiva la buena sociedad y la gimnasia; hombre frió y calculador, pose? tres títulos académicos y carece de pasiones. Si, Indudablemente se trata de un gran poeta. BOHEMIOS H Siempre se dará en algunas personas una suerte de bohemia si nos limitamos a. entender con ello ciertas formas de vid relativamente inseguras, aunque éstas nc consistan sino en lo imprevisto del horario. Por lo demás, conozco hombres de negocios- -si se admite que es gente activa y esforzada- -mucho más bohemios, en la acepción corriente, que todos los artistas bohemios juntos, los cuales suelen usar de una disciplina y de una austeridad casi ejemplares, precisamente por- que les son indispensables y forman parte de su carácter profundo. Algunas maneras externas y superficiales de la bohemia han podido perderse, como tantas otras cosas, pero si con ello se alude a una situación vital de escasa regulación vista desde fuera y a un estado de ánimo desazonado, hay que reconocer que los bohemios permanecerán en cualquier época y que, de un modo o de otro, son siempre reconocibles en todas las sociedades y en las personas más aparentemente lejanas e inmunes. Naturalmente, se dan exageraciones o remedos pintorescos en determinados individuos, lo mismo que otros acentúan tanto el tono peyorativo que lo hacen sinónimo de vagabundo y perdulario. Con la palabra bohemio ocurre algo semejante a lo que pasa con la de burgués, que no puede darse mayor vague- dad ni capricho al emplearse. Son palabras que suelen teñirse de desdén- -y no sabemos de cuánta envidia e ignorancia- que cada cual les da una significación distinta y que, tanto en el terreno social como en ciertas derivaciones estéticas inevitables, contienen muchas notas positivas y respetabilísimas. Nunca se llega a completar uña noción. Cualquier concepto previo suele estar alterado, contradicho o, al menos, matizado en algún aspecto por la realidad. Asi, el poeta, aparte de hombre psicológicamente normalísimo, valga el superlativo, puede considerarse destinado a una magnífica carrera social y con. un brillante porvenir. ¡Quién lo diría, en estos tiempos a los que algunos llaman materialistas! Eusebio OARCIA- IiÜENGO (Ilustración de Viera parea.