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VI ESPÍRITU VIAJERO OS escaparates de las librerías y los talonarios de demanda de las bibliotecas públicas son la arteria mejor para que tomemos el pulso a las aficione literarias, a la evolución del gusto lector y, en fin, a las fluctuaciones del progreso cultural. Observando esos indicativos vivientes. se percibe que en estos últimos tiempos se ha recrudecido el afán de las gentes por leer libros de viajes. Era ésta una modalidad literaria que estuvo muy en boga el siglo pasado, y que parecía extinguida desde el punto y hora en que se í descubrieron lo s últimos lugares ignora- -dos del planeta. La época de los grandes viajeros. Stanley, Livingstone, iNóbile y Amundsen, se cierra brillantemente al plantarse banderas en el Polo Norte y en el Continente de la Antártida. Y como ya no quedaban más tierras que descubrir, cedió el interés por los relatos de viajes en los primeros lustros del siglo actual. Quienes nos iniciamos al fervor de la lectura con las novelas de Julio Verne y del otro escritor, más moderno y literario. Fierre Loti, asistimos al proceso de evolución del gusto, que empezaba a cambiar los relatos de viajes reales por los de viajes imaginarios. No satisfacía ya conocer la tierra, por demasiado sabida, y se empezaba a soñar cómo serían los otroe mundos. Es la época de. las novelas de Herberto George Wells y de otro novelista español, injustamente menospreciado e ignorado: José de Elola, que firmaba sus novelas con el seudónimo de El Coronel Ignotus Hay un abismo de distancia entre Julio Verne y estos dos novelistas siguientes. Verne no se atrevió a describir el suelo de la luna, y por eso, en vez de que su. personajes arribasen al satélite, les hizo regresar insatisfechos al punto de partida. Pues bien: en estos últimos cinco años. L i.4 ÍCf es decir, después de que el lustro 19451950 se dedicó a la fugaz moda de las novelas de posguerra, han empezado a salir libros y artículos de viajes auténticos. Y se ha despertado un extraordinario interés por conocer nuestro mundo. Y no sólo en lo literario, sino en lo real. El incremento del turismo indica ya algo de esto. Como también la aparición de esos nuevos deportes que pudiéramos llamar geográficos: la espeleología y la arqueología submarina. No es un hecho casual que cientos de hombres jóvenes y maduros y hasta algún viejo, se dediquen en sus dias de vacación a explorar cuevas y simas, incluso con riesgo de su vida. En toda Europa ha prendido la espeleología miles de voluntades, y todos recordarán el episodio de la muerte del espeleólogo Loubens, al sufrir una calda en la Cueva de San Kartín, en los Pirineos. Y también en toda Europa ha cundido la afición al deporte submarino, en el que muchachos, e incluso mujeres, se calzan las palas de goma y se cargan la mochila de oxígeno para bucear en las cosías. Hace poco tiempo, una señorita deportista descubrió un magnífico sarcófago de mármol romano en las profundidades del puerto de Tarragona, procedente de algún naufragio en la época cesárea. Se están publicando constantemente relatos de viajes, unos de países salvajes, como el que ha hecho Perrín para descubrir las fuentes del Amazonas, o como Aventura en el corazón de África de Laurens van der Post, que ha publicado en folletón de última página el periódico A B C, de Sevilla. Otros, sencillamente, de recorridos por naciones lejanas: Birmania, Camboya, Arabia Saudita o Kenya. E incluso cualquier persona que va a Alemania, a Suiza o a Austria para asistir a un Congreso universitario o para pasar una temporada de recreo, alcanza éxito seguro si publica sus recuerdos de viaje en cualquier periódico o revista. Es muy interesante recoger este ambiente de curiosidad por conocer el mundo; curiosidad que hoy alcanza su momento candente. Interesante también el comprobar que hoy se estiman más los relatos de viajes que los libros de biografías. Quizá porque la humanidad atraviesa una etapa espiritual en que más que los hombres interesan loa pueblos. Quizá, también, porque nos vamos enterando de que ¡a Historia es una consecuencia de la Geografía José María DE MENA V 11 Detalle de la instalación da Ja biblioteca pública, del Miniítérlo de Educación Nacional, én la Feria del Libro. (Foto V. Muro.