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-C A anatema de la Iglesia contra el sacrilego clones y cosas que vamos a referir, pues criminal y sobre el encubridor que retu- lo antedicho explicará una frase muy covisse en su podsr el santo objeto sustraí- nocida y usada por los vecinos de les puedo, el anatematizado reo, en su angustia, blos colindantes de Castro, que, para morescondió el hurto en el hueco de un olivo. tificarlos, les dirigen en tono de broma Tan luego éste perdió su savia y su loza- preguntándoles, y es ésta: ¿Usted será nía, se secó, y cortado que íué, se halló de los que dicen: ¡Viva el duque, mi seen su concavidad el vaso robado. Demos ñor! Esto lo miran los interpelados por sentado- -añadíamos en dicho prefa- como un insulto, y el castreño que la cio- -que el olivo se secó por la casualidad; pronunciase afirmativamente, esto es, que no motejemos por eso, sino envidiemos al reconociese al duque por su señor, no pueblo que cree sin cortapisas esa fuerza sólo lo mirarían sus convecinos como desa inocencia de su fe voluntaria y no exi- honrado, sino que sería cruelmente castigida, que cree al olivo encubridor secado gado por ellos. por el terrible anatema de la Iglesia, y no Tal sucedió a un hombre despreocuparidiculicemos con acre e impío sarcasmo do, que, por una libra de tocino que le esta superabundancia de fe Si se arro- prometieron, prorrumpió en vivas al duga el escéptico e impío espíritu del siglo que, su señor. Sabido esto por sus paisapresente el derecho de condenar las sen- nos, le dieron un manteo de tal calidad, cillas, candorosas y fervientes creencias que salió de él con un ojo y algunos diende pasadas épocas, se hará el Herodes de tes de menos. Campesinos de los cortijos los inocentes. inmediatos al término de Castro han inEn la provincia de Córdoba, a seis le- tentado obligar a los zagalillos de ganado guas de la capital, a orillas del río Gua- a pronunciar la anatematizada frase, y no dajosillo, se halla el pueblo de Castro. han podido conseguirlo ni aun colgando Por privilegio concedido por el Rey Al- con brutal crueldad a los pobres niños fonso XI, en Ecija, año 1351, mandó el per los pies a un árbol y encendiendo Soberano que tomase nombre Castro el debajo una hoguera de hojarasca, cuyo Leal, porque los que fueron en dicho lu- humo los habría sofocado, a no haber gar de Castro guardaron muy bien la ver- hscho cesar a tiempo la bárbara prueba, dadera lealtad e servicio de los Reyes sin haber logrado su intento. ende yo vengo e el mío Señorío Ignora ¿Esta tenacidad secular en no querer mos si algún día usó el honroso privilegio reconocer otro señor que el Rey ha dado concedido a su nombre, añadiéndole por lugar a lances serios, y lo ha dado tamepíteto el de la más noble de las virtudes, pues es la lealtad estrella fija y brillante en el cielo de las virtudes; pero en cuanto a hoy, se denomina, con el distintivo material e insignificante de Castre del Rio. En el 1565, compró don Alfonso Fernández ¿e Córdcva, primer marqués de Celada, al Rey don Felipe II el pueblo de Castro en ciento y tantos millones de maravedises. Estaba este magnate casado con doña Catalina Fernández de Córdova, tercera marquesa de Priego y decimonovena señora de Aguilar. Los habitantes de Castro, que querían permanecer realengo, llevaron muy a mal esa venta, Desde últimos del siglo XVII se hallaba unido el marquesado ds Priego a la casa de Medinaceli, en cuya época sestuvo el pueblo grandes pleitos con el duque de este título, solicitando la reversión a la Corona. Hasta aquí la historia no es de nuestra incumbencia, pero cuyos hechos nemes presentado para que se pueda comprender el erigen de las tradi- bien a chistes y burlas, como no podía menos de suceder en Andalucía, y no es el menos gracioso el asegurar los burlones que cuando los cástrenos rezan las letanías, en llegando el que lleva el rezo a la advocación de la Virgen, Jannua Coelt entendiendo los demás que dice Medina... celi én lugar de ora pro nobis responde en voz grave: Pase pase. En el patio de una de las casas más humildes de Castro del Río se hallaban las dos vecinas que en ella vivían, ocupadas la una en planchar la ropa de su marido; la otra, en remendar la de sus hijos. -No se te han enfriado todavía las planchas desde anteayer que te sirvieron- -dijo esta última a la primera- ¿Y estás otra vez de plancha? -Sí, hija- -contestó la interrogada- que Dios nos manda la pobreza, pero no la porquería; ayer volví a lavar, que mañana va mi Juan a Córdoba en casa de sus amas, y no quiero que le abochorne algún zumbón preguntándole si su mujer no sabe lavar; además, le precisa hablar con la señora, que me ha encargado moza de mi satisfacción, y le diga que se la he hallado que ni pintada, Sí? ¿Quién es? f- -Es Rafaela, la sobrina del tío Prisco, que desde que nació ha sido la prosulta de la desdicha. Al nacer ella se murió su madre y fue criada a traguitos. Pero después murió su padre, que era un infeliz, un pan perdido, de resultas del manteo que le dieron cuando se supo que el muy sinvergonzón per una libra de tocino que le prometieron, dijo: ¡Viva el duque, mi señor! -Y merecido que lo tuvo- -observó su interlocutora con indignación. -No digo que no- -prosiguió la otra- pero el desdichado estaba muerte de hambre, y el hambre tiene mala cara; y asina me pienso que en aquel trance diría para su chaleco: La vergüenza pasa y el tocino queda en casa que asina piensan más de cuatro encumbrados. Pues le acaeció al revés, que el tocino se lo cernió, y la vergüenza, en cuanto le quedó de vida, no se la pudo quitar. -Pero cuando murió el padre, ¿no recogió el tío Prisco a los dos hijes que dejó, que lo eran de su hermana? (Si; los recogió el tío Prisco, que está rodeadito y no necesita trabajar; pero que es el más díscolo y desamoretado del pueblo, con un genio