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CARTAS DE INGLATERRA. DYLAN THOMAS, EL NIÑO PERDIDO ENTRE I LAS HADAS Y LA MISERIA HUMANA r ¿l ONDRES. (Crónica Ce nuestro corresponsal. El 9 de noviembre de 1953 moría Dylan Thomas. A los treinta y nueve años. Había nacido en el puerto hojalatero de Swánsea, País de Gales. Circulan distintas versiones de su muerte; la más caritativa habla de un ataque agudo de alcoholismo complicado con pulmonía. Le han matado- -se dijo también- -la morfina, la suciedad el tremendismo... Edith que produce versos en un castillo entre hopalandas renacentistas y envidiaría los rodetes de pie (ira de la Dama de Elche si los conociera o los recordase, atribuye la muerte de Thomas a la infección de un rasguño de espina de rosa en uno de sus ojos de huevo Tenia ojos de huevo; de haber necesitado safas, es posible que el óptico le hubiera pedido consejo a un fabricante de corpinos. Era pequeño, gordinflón; ángel, demonio y loco cuando se miraba por dentro. Un Mickey Rconey, Tenia el pelo risado y craso que tienen los chicos de las callejas. Trajo a Londres, a la vida bohemia de Londres, virtudes tan explosivas cuando están juntas, como la cazurrería, una emoción de puertos en la niebla y el gusto Por lo delirante. I Iba a Hollywocd, donde quería escribir una ópera con Stravinsky, cuando dio con 1 muerte, agazapada en un hotel de Nue va Vork. Días antes habia saludado a Roy Campbell- -el viejo amigo de los españoles- -como a uno de los dos grandes y únicos poetas contemporáneos en lengua inglesa ¿Quién es el otro? -le preguntó Camptoell. No fue un escuro deliberado pero se sumergía en vaguedades de alta graduación alcohólica. Le protegió Augustus John, ese nabab de los desarrapados. Le pintó Augustus John. Le hospedaba muchas veces, a él y a su mujer Caitlin, y a los chicos, Augustus John. Eran, él y Caitlin, un matrimonio de náufragos de plantilla al borde de la armonía central de Londres. A ¡veces, soy feliz como la hierba es verde ¡como los campos de Gales! y a veces ¡se deshacía en borrascas. Hablaba de su miseria; de cómo le placaba la caballería de las facturas pertinaces, a la puerta de casa. Ha contado en un cuaderno de notas autobiográficas: -Buenos días, señora. ¿Puede usted alquilarme una habitación barata? -Mas barata que el sol. N- ¿Tiene chinches? -En todas las paredes, gracias a Dios. -4 Me quedo. Anotaba también: Escribo para revistas desconocidas; revistas con diecisiete suscrlptores pcetas y una lectora que conoció hace veinte años a una tía de Kafka. Su viuda, Caitlin, dice: Nuestra existencia fue una serie de cuentas sin pagar, de liquidaciones catastróficas de los corredores ¿e apuestas, de crisis financieras. Es desesperante que todo el dinero que nos faltaba cuando vivía Dylan, venga ahora. Contra este reproche se alzan muchos en nombre de la justicia sicial inglesa, con cartas al editer, naturalmente; Dylan Thomas ganaba bastante más que muchos hombres que sostienen con decoro a sus familias desempeñando puestos de responsabilidad para el país. Se conoce hasta el nombre del Banco- -en Chelsea- -en el que abrió una cuenta corriente; sus ginebras, su cerveza, sus desastres, eran pagados con cheques. iHoy, ei nombre de Dylan Thomas es una mina. Sus libros de poesías Collectefi Poems y Death and Entrances Poems son reeditados en grandes tiradas. Su prosa, en trabajos ocasionales para la B. B. C, también. Han aparecido ya siete ediciones de Onder Millc Wood que recibió el Premio Internacional Italia como la más extraordinaria pieza producida por una emisora de radio en 1954. Veía el mundo y se veía él mismo con una intolerable claridad, dice uno de sus biógrafos: Quiero desgarrar mi carne, librarme de este horripilante pellejo que tenemos. Y aparece en los escenarios de la mano de Emlyn Williams, el actor que, caracterizado de Dickens en otras ocasiones, ha llenado él solo muchos teatros hablando en nombre de Dickens. Ahora habla en nombre de Thomas. Recita sus poemas y sus confesiones; en la prosa de los tres Thomascs, el ángel, el demonio y el loco una prosa oscuramente dramática, llena de exageraciones cómicas y adjetivos ultrajantes Es el genio a estas horas. Es el niño per. dldo entre las hadas y la miseria humana. El auditorio llora o está a punto de llorar en los teatros cuando Emlyn Williams cuenta la llegada del poeta a la tenebrosa Praed Street, en Paddíngton; la calle con comercios de traperos, con artistas del tatuaje, fotógrafos para la marinería enamorada y un despacho de carne de caballo. J. MIQtflELAftENA 15