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DJARIO ILUST R A D O D E INFO R MA C IO N G E N E RA L FUNDADO EN 1805 POR DON TORCUATO Lt CA DE TENA ABC nes proporcionales. Todas estas circunstancias y muchas más le dan al fútbol una fisonomía innegable de espectáculo, con todas las consecuencias de tal. Pero la disyuntiva que ha dado pretex to a estas consideraciones no puede en modo alguno plantearse porque tan compenetrados o, mejor, fundidos, están en el fútbol los caracteres de espectáculo y de deporte, que al fallar los unos o los otros fracasaría el todo que interesa y apasiona a las gentes. Si suprimiéramos lo que tiene de deporte, se vendrían abajo como espectáculo, y si se eliminara lo que tiene de espectáculo, se achicaría como deporte hasta quedar convertido en poco más que diversión de patio de colegio. Es primordial fomentar los valores deportivos del fútbol, pero no se nueden repudiar los espectapulares, pites hacerlo daría al traste con una diversión lícita de la que disfrutan millones de hombres de todo el mundo. El fútbol es espectáculo y es deporte, y por ello hablar contra cualquiera de los dos aspectos de él, atentar contra cualquiera de ellos, es causarle un perjuicio injusto. Recuérdese que por ser sólo espectáculo en Colombia, cuando la afición de este país se declaró independiente da la organización mundial del fútbol, fue perdiendo interés hasta llegar al fracaso más completo. Pero no se olvide que la práctica del puro deporte, sin profesionalismo ni apenas taquilla, llevaba a los solares enchinarrados como campos. de juego y a la indiferencia de las gentes por el deporte y sus practicantes. En resumen, creo que es preciso aceptar (o rechazar) el fútbol tal como es. Ni puro deporte, nr. puro espectáculo. La concepción simplista de tal disyuntiva traería su ruina. Que circunstancias de uno y otro aspecto son muchas veces desproporcionadas, y no sólo en España, es evidente; pero ello no creo que autoriza para cerrar ni contra el deporte ni contra el espectáculo. Las limitaciones reglamentarias, fruto de experiencia ya larga, son suficientes para mantener el juego en sus justos límites. Y si alguien les traspasa, autoridades tiene el deporte y el espectáculo para salir al paso de cualquier transgresión. José María DE COSSIO de la Real Academia Española. D I A R I O I L UST R A D O D E INF O R MA C I O N G E NE RA L í ¿ESPECTÁCULO O DEPORTE? COMENTANDO una noticia de futbol, el competentísimo cronista de A B C formula esta disyuntiva: Ha llegado la hora de elegir entre el deporte y el espectáculo. A mí me parece increíble que? estas alturas puedan sostenerse tales posiciones tajantes en relación con este insignificante tema. El fútbol ni es puro deporte, ni es un espectáculo meramente. Pudiéramos decir que es un deporte que ha subido a espectáculo, o que es un espectáculo que para seguir siéndolo tiene que conservar las condiciones del deporte. Tan compenetrados están en él los elementos del deporte y del espectáculo, que al desaparecer los de uno u otro modo de considerarle se vendría abajo todo el edificio del fútbol. Los elemento auténticamente depor tivos del fútbol son muchos, y apurando su consideración, puede decirse que los esenciales. Está sometido, en primer lugar, a una disciplina federativa, y sus clubs forman un solo cuerpo, con unas mismas leyes, que implican una serie de obligaciones que ningún empresario de espectáculos admitirla en su negocio. De una parte, la organización de competi ciones que los clubs acatan y juegan; las medidas disciplinarias a que están sometidos la cooperación a que en cada campeonato surja un primer clasificado con una serie de prestigios y preeminencias totalmente ajenas a cualquier fin que no sea la mera satisfacción deportiva. De otra, la organización de los clubs que organizan, sostienen y dan su entusiasmo a su equipo de jugadores; las mismas reglas de juego acatadas sin que nadie haya pensado jamás en modificarlas sobre el terreno; la exigencia del juego limpio, noble, que muchas de ellas imponen, y cien factores más que es superfluo seguir enumerando, pues en la memoria de todos están. Pero este juego ha tenido la virtud de interesar, e interesar apasionadamente, a grandes masas de gentes, y ha desbordado su carácter simplemente deportivo. Y ello está justificado porque posee dos elementos fundamentales que explican su éxito: de una parte, un elemento de pasión, que precisamente su organización deportiva fomenta, y de otra, un elemento de destreza y espectacularidad innegable que. junto a la pasión, pone la complacencia y diversión eñ el ánimo del que le presencia. Y aquí radica lo que fatalmente ha de tener de espectáculo. La taquilla, la remuneración a los que le practican, el color de festejo y feria que alcanza no sólo a los espectadores, sino a la ciudad en que el partido se celebra, la crítica de Prensa y asistentes que valora la aptitud técnica de cada uno de los jugadores, su méritos como cooperadores ¡a un juego por su propia naturaleza de conjunto, y el aplauso o repulsa a su actuación con el consiguiente establecimiento de 1 una tabla de palias que fatalmente han de traducirse en remunerado- SILFIDES Y MATRONAS, 0 EL CUIDADO DE LA LINEA R ECONOZCAMOS que una gran parte de los españoles, todavía, come demasiado, Reconozcamos también que una gran mayoría de ciudadanos, en el mundo, no come todavía lo suficiente. Entre estas dos orillas de comensales normales, no por lo que comen, sino por su capacidad para la comida, la no pequeña legión de los individuos que observan un régimen dietético. Es frecuente el caso de que en un banquete casi todas las personas pidan comida de régimen: platos sin sal, pescado blanco cocido, ternera a la parrilla, zumo de naranja. Y todo ello, desde luego, regado con agua de agujeritos- -de la que hace fu dicen los niños- A veces, estos enfermos, que no pasan de la categoría de personas delicadas salen ganando, porque comen de lo suyo y. de lo de los demás. Sobre los platos especiales, la propina de algunos de los platos generales, porque un día es un día y nadie se entera Mas junto a estos regímenes oficiales, pensados específicamente para el estómago de don José, el hígado del señor Pérez o la tensión de doña Adelaida, aquellos otros de carácter clandestino, que numerosas mujeres siguen para no engordar o para adelgazar. El marido se percata de que su mujer, desde hace una temporada y sin dar explicaciones, vierte haciendo comidas raras: una chuleta pequeña y sin salsa, un pedacito de queso, una naranja, una corteza minúscula de pan tostado. La mujer, al principio, dirá que no tiene ganas de comer más. Al fin, ante el cerco de su marido, confesará la verdad: Es el plan del doctor X. Me lo ha dicho Mengánita. Algunas mujeres, en efecto, se van pasando unas a otras los planes de ciertos doctores, como los escolares se pasan las clásicas chuletas en los exámenes escritos ¿No estarán jugando estas damas con la Medicina y con la Naturaleza? ¿Acaso el régimen que se proyectó para la señora de Rodríguez va a servir para todas las amigas de la señora de Rodríguez? Fabricado con técnica de b garantía. Y todo por el miedo a la gordura, que las mujeres van eliminando del ámbito de lo bien visto Diríase que todas aspiran a ser sílfides, pase lo que pase, y que ninguna quiere ser matrona. Ser gorda, estar gruesa, ya empieza a considerarse como una desgracia, sin pensar que muchas mujeres gruesas tuvieron importancia social e histórica. Bien está que no se cultive la gordura como aspiración, pero no hay razón para que todas ¡as mujeres cultiven la extremada delgadez como meta suprema Bien están los regímenes cuando los regímenes están bien, pero a la medida, como los buenos trajes. Eí mundo necesita sílfides, sí. Pero también necesita nobles matronas, que puedan aguantar sin tambalearse el peso de una familia numerosa. Vamos, creo yo. SSS Í! Javier. MARTÍN, ABRIL