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DON JUAN PRIM Y EL GALLO en blanco siete años, hasta que se produjo el curiosísimo hecho que vamos a descubrir. 1 día 24 de Junio de 1877 hallábanse tomando café en el Jardín de la torre de Fortea doña Teresa Prim, hermana del general, y su marido, don Francisco Porches; el brigadier den Juan Prats, Cuchet y Gamíndez. Los había reunido el Gallero después de serlas y reiteradas advertencias y súplicas, para convencerles de un prodigio, casi increíble si no pudiera ser demostrado, y revelarles un secreto de la. mayor trascendencia. Había seguido Portea preparando y cuidando gallos y pollos para las riñas, cortando y quemando crestas y plumas y afilando espolones. En el jardín se abría una calle de caponeras, o galleras, y cajas y jaulas de viaje. Los cinco gallos del general ya no existían. El de Santiponce había sido vendido a sir Harold Noble, en 1870, Mi por den libras. Pero en lugar aparte, frente a los invitados, sobre una mesa de hierro y en una amplia y especial gallera, descansaba tranquilo un gallo negro y azul. Mirábanle todos en lo mismo que un silencio con extraperro pachón. Leña curiosidad, sin vántate tú, Teresa, hablar n a d a siy vieras que tamguiendo las instrucbién te sigue... ciones de F o r t e a, Efectiv a m e n t é hasta que éste, de ocurrió asi. Doña pronto, les dijo: Teresa, preocupadísima, le dijo a su -Y bien, querimarido: dos amigos: ¡este gallo... es nuestro Ay, Dios mío! muy a m a d o don I Vamonos d e n t r o Juan Prim y Prats, P o r c h e s! ¡Yo no c o n d e de Reus, puedo creer en esmarqués de los Casta cosas I Dame tillejos! otra copa de ratafia! El estupor y el asombro de los re- -JPues lo p e o r unidos no pueden expresarse. Don Juan- -repuso el gallero- -es lo que vais a prePrats, muy bronco, se levantó y exclamó senciar hora. Yo os aseguro que Paúl y Ángulo no mató a don Juan... Veréis: tartamudeando: -Si otro se hubiera atrevido a decir nombradle. tal sacrilegio, le cortara la lengua, por Gamíndez, casi temblando, nombró vamendaz y por demente. Me duele mucho, xias veces a Paúl. El gallo, plantado ante A don Juan le apasionaron las luchas Fortea, que hayas caído en esta miseria ellos, no movía los ojos azules, con su de gallos, y siempre que pudo asistió a tan baja y tan ofensiva para él y para circulo rojo, y si los movía era levantan lias, en Londres y en España, especial- todos nosotros. (Tú, precisamente tú, el do la cabeza y el cuello para mirar a) mente a las de Barcelona. Cuántas ve- más amado, el mejor de sus amigos) cielo muchas veces. ces llegó en secreto para presenciar cómo Fortea, desencajado, nervioso, le replicói- -En cambio- -le dijo a J! uan Prats- braveaban en las pistas sus gallos prefe- -Nadie ha dudado más que yo antes nombrad fuerte a SoÜs o al Duque naridos! Porque don Juan Prlm poseía cin- de creerlo. Pero ahora os convenceréis... ranjero... co ejemplares soberbios cuando murió. Di tú, Prats, el nombre de tu primo en 1 Nunca lo hicieran 1 Oír estos nombres Cuatro de ellos, ingleses; y el Quinto, es- voz alta. y saltar como un basilisco el gallo, fue pañol, de Santiponce, considerado como Prats, a regañadientes, pero gritando, una misma cosa. Desesperado y feroz, se uno de los mejores de Europa. El asesi- dijo: restregó contra las jaulas, aplastando sus nato trastornó con tanta fuerza a los fa- (Perdónale, Juan Prim y Prats, per- orejas muy blanca y grandes sobre las miliares del general, que ni llegaron a dónale! maderas, queriendo herir a los pollos y comprender el alcance de la desgracia en El gallo, al oír el nombre de Prim, en- gallos y echando fuego por sus ojos, Cosmuchos meses. Para sus amigos autenti- derezó el cuerpo, firme sobre las piernas tó mucho trabajo desasirle de una galleces, como don Gil Cuchet (el cher don gruesas y se acercó inquieto a la puerta ra, y Fortea, amorosamente, para calmar Gil del epistolario) y Fortea, fue un alambrada. El gallero abrió y el gallo, le, tuvo que acariciarlo y frotarle la cagolpe terrible, y no se atrevían a concre- que jamás había visto a ninguno de los beza y el pico con medio limón, mientras tar los nombres de los criminales. Don invitados, se acercó a cada uno de ellos le decía: Juan Prats. primo hermano del general, mirándolo fijamente y picándole sin arre, ¡No pelearás nunca más I Yo te cuirepetía lo que le escuchó en sus últimas bato ni fiereza. daré como mereces! horas; pero no vela claro tampoco que el- -Tened presente- -aclaró Fortea- -que Salieron del jardín y vehementísimo y arrojado Paúl y Ángulo este animal es belicosísimo y el más va- jando al gallero con susde la asa, detristes preocufuese capas de una cobardía tan abomi- leroso que yo he poseído. Jamás ha tar- paciones. Ya en la calle, Prats aolaró nable. Paúl era hombre para haberle ata- dado chico minutos en dejar destilando sus familiares y amigos: cado de frente, como hiso con Ducaseal sangre y degollado sobre la pista a su ad- -iPobre Juan 1 y con otros tan bravos como Prlm. aun- versario. Y nadie puede cogerlo y cuidar- tiano y creyente! Forteaha i Tan buen cris) Se vuelto loco de que no tuviesen su alta categoría militar lo, salvo yo y ahora vosotros. Lo descubrí muy mala locura! ¡Y el gallol... iEse gallo y política. Asi, entre dudas y recelos, pa- precisamente por esto, y porque me sigue terrible está todavía más loco que él! Joaquín MONTANER I A Historia grande, con mayúscula. no lo dico: pero la historia peque j ña de las alquimias humanas, sí: a los pocos dias del entierro de don Juan Prim y Prats. ocurrió a sus familiares lo que desde las inauguraciones del mundo sucedió, y sucederá irremisiblemente, a cuantos pasaron y deban pasar de la próspera a la adversa fortuna, de la abunuancia de la suerte a las humillaciones de la desdicha: sufrir los dolores de la soledad y del abandono; comenzar a sentir sobre las entretelas cordiales el frío repugnante y viscoso de la ingratitud y del desamparo. Tenía la sangre muy caliente y espesa don Juan, y el hígado, muy ancho y apretado. Ello le obligaba a ser extremadamente soberbio, generoso y decid! o. Era hombre de malas pulgas y mu 1 jaque, según afirmaban sus enemigos sus amigos de circunstancia. Lo decía de él y lo habían dicho de Narváe y t Cabrera. Pero don Juan poseía dos virtudes sobresalientes: la prudencia y el culto de la leal amistad. A sus verdaderos amigos les ponia en las manos la varita mágica para tocar su corazón y para abrir sus hondos bolsillos. Claro es que, don Juan sabía elegir esas aficiones sin equivocarse, y las hallaba muy fuera de la madeja política. -En Barcelona, donde vivieron mucho tiempo su madre y su hermanos, tenia el general antiguas y amistades. Pero la flor de su confianza, la almohada de plumas de sus intimidades, era un valenciano de Liria tecriado en Reus, el señor Juan Fortes (a) el Gallero en cuya adhesión e ido latría descansaba de sus mayores cuidades. El señor Juan el Gallero jaque y temerario también, agitanado, silencioso como un sspulcro, llegó a saber de su excelentlsimo tocayo lo ¡ue no supo nunca aadie y lo que muchos habrían deseado saber para retorcerle y exprimirle. Había ido tras él a los Castillejos y le acompañó en sus emigraciones a París, a Bruselas y a Londres. Sin embargo, su casa. estaba en San Gervasio de Cassolas, en los suburbios barceloneses. En el largo jardín guardaba y cuidaba los gallos y los pollos de pelea de muchos aficionados. Los más importantes reñideros se hallaban en 2 a ciudad.