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Continuación) re decir que la vida de Caridad consista en servirnos constantemente el café y besarnos las úlceras, sino que estos gestos máximos se hacen ccmo pregón y estridencia de una virtud, para que, por lo menos, sea cumplida en un mínimo. Si el Estado permite que los ahorros ¿el obrero se empleen en estos enormes edificios, con cúpulas y tcrres agresivas, para que sirvan de universidad a los obreros, se dice radicalmente que el señor ministro de Trabajo exagera. Pero también exagera el sefioi obispo cuando, cada Jueves Santo, le lava los pies a doce pobres. Son como ostentosos excesos para ver si así e estabilizan con menos defecto la Caridad o lá Justicia. Porque lo que es evidente es que de nada servirá el ascenso económico de los trabajadores $1 no va acompañado de un paralelo ascenso de cultura. 1 advenimiento a la vida pública de la clase trabajadora e un hecho de biología histórica tan inevitable como lo fue eu el siglo XV 3 H el advenimiento de la burguesía. El Rey Carlos Tercero lo vio a tiempo y- -cómo ha puntualizado el profesor Rodríguez Casado- -trató de adelantarse a lo que en Francia había de ser revolución elevando a los burgueses a sus ministerios: Ensenada, Floridablanca, Campomanes, C a b a r r ú s Porque la nobleza entorpeció esto y volvió a triunfar con Carlos Cuarto, España se contagió de revolución francesa. Es mentira que ni aquí ni en Francia hubiera auténtica revolución popular. El pueblo actuó en el motín de Esquiladle, movido por la nobleza, contra la burguesía ascendente. En París, movido por la burguesía, contra la nobleza atrincherada... Pero ya, la próxima vez, el pueblo actuará por su cuenta. Ya no hay más camino que verlo a tiempo y adelantarse, como Carlos Tercero, al recibimiento e instalación de los que llegan. Educar a los compañeros de nuestros futuros viajes, aventuras y diálogos, tanto es trabajar por ellos como ipor nosotros. O se están, construyendo en las Universidades Laborales los seminarios de un pacífico ascenso del pueblo, o se están construyendo los cuarteles generales y los fortines de su agresión contra todo. Loque no cabe ya es hacer trampa. Ni ae paró la Revolución Francesa con una tardía conferencia temblorosa del Rey con MJrabeau, ni se parará, la revolución po pular amaestrando obreros para, que des Continúal fililí Una de las grandes naves ett construcción.