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D 1 A R 1O 1 L U s T R A D O D E 51 F 0 Rívi A C I O NI G E N E RA L FUNDADO EN 1805 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA DI AR í O ILIÍST R A D O D E INFO RMAC iON C E N E R AL i NSPIRA h o y al mundo la musa d e 1 miedo; de un m i e d o trágico, angustioso, cósmico, irrefrenable, cerval. promesas, falsedades y ofertas. UltimaMás qus las dulces voces de las pitoni- mente, al ver aprobados los Tratados de sas de Delfos se oyen los tétricos augu- París, que intentaron sabotear, se han rios de los eumolpidas de Eleusis en to- visto precisados a dar la cara: en el Trados los países de los cinco continentes. tado de paz con Austria y en la idea de Les occidentales conocemos, natural- una conferencia de jefes de Estados, en mente, las manifestaciones y matices del la que parecen decididos a proponer el miedo al conglomerado chinosoviético, establecimiento de una barrera de nacioque reviste diversas formas: apacigua- nes neutrales interpuesta entre los dos miento, coexistencia neutralismo y filo- mundos rivales. Rusia tiene miedo y trata sovietismo; pero ignoramos, en cambio, de esquivar el riesgo inmediato. el que les rusos han de sentir fatalmenSiempre fue arma favorable al débil la te al contemplar la armadura agresiva barrera defensiva. Así logró China, con montada por los occidentales; que supo- su gran muralla, contener a sus fieros nen, con lógica, dirigida contra ellos. vecinos los mongoles. Así pretendieron La situación del país eslavo y de su los romanos en Inglaterra y en un rerégimen es mucho más crítica y dramá- ciente ayer los franceses y los alemanes tica que la de los occidentales. No quie- hacer inviolables sus respectivas frontero decir que sea cómoda la de las nacio- ras. De la misma manera que durante la Edad Media las robustas inviolables munes expuestas a la primera agresión y a ser teatros de operaciones de la gigan- rallas de los castillos aliviaban el miedo tesca lucha; pero saben, al fin y al cabo, de sus defensores. Pero en todos estos casos, y en otros que la victoria definitiva les espera, aunque podríamos recordar, se trataba de que sea después de un drama cruento y de costosas destrucciones. Saben que, barreras materiales. Y la que se dice van a proponer los rusos es puramente virarrollados y sometidos en el encuentro inicial, se conserva tras los océanos, en tual, desprovista de realidad física. Es buena parte incólume, el enorme poten- sólo un obstáculo de orden moral, gacial fabril y demográfico del Imperio in- rantizado por unas firmas: un glacis glés y de las Américas; grandiosa reser- neutralizado como esas, zonas de tieva estratégica llamada a resolver la con- rra de nadie que para evitar que surgieran incidentes bélicos, en trance de tienda. Saben, en cambio, los rusos que son gran tensión internacional, han acordamás débiles que los occidentales en po- do- -en general sin éxito- -los países fron- i blación, economías, armas, municiones, terizos. Existe una fundamental diferencia enrecursos naturales y potencia industrial. También en armas nucleares, pese a sus tre la barrera material y la moral. La bravatas; y que, a pesar de (la inmensi- primera favorece a la defensa, al débil, dad de su territorio, que siempre cons- al pacífico, al que procede con buena tituyó su gran defensa, tal extensión re- fe; la segunda es favorable al agresor sulta pequeña si se la compara con la del potencial, al que viola compromisos y resto del globo terrestre, en que se ha- Convenios. La primera opone un obsllan diseminados sus adversarios. En lo táculo físico permanente a todo intento relativo, Rusia constituye un objetivo agresor; la segunda proporciona al que concentrado frente a un enemigo dis- proyecta una acción ofensiva tiempo para prepararla, con la seguridad y conperso; y hoy la dispersión es, ventaja. fianza de que el adversario, respetuoso, Saben también los rusos y los chinos de su palabra, no ha de violar la artifique todo su poder bélico lo tienen, por así decir, desplegado; sin contar, como los occidentales, con una poderosa reserva estratégica. Es verdad que China es el país de mayor población del orbe; pero nadie mejor que los rusos saben que está desarmada, muy atrasada su técnica y muy débil su economía. Y que las tropas chinas no fueron jamás instrumentos bélicos de difícil vencimiento. Algunos síntomas del miedo ruso se 1 han filtrado a través del telón de acero Ante todos, el temor al rearme alemán, para impedir el cual han utilizado los soviets toda clase de medies: alter- Fábricas en: Madrid, Bilbao, Valladolfd, TF 5 arcelcnci, Sevilla y Sagrunto. nativa de amenazas y buenos modales; NEUTRALIZADO ILA segundad confiado cial barrera, y él, eri cambio, lo hará en. el momento que estime le convenga. La propuesta de Rusia puede tener un doble objeto: torpedear los Acuerdos de París, ofreciendo. Alemania la unidad a cambio de su neutralidad, y asegurarse por algunos años la tranquilidad poniendo libre de riesgo su frontera occidental, hoy. seriamente amenazada. Así puede confiadamente dedicar toda su 1 atención y sus recursos al continente siático, fortaleciendo militar y económicamente al ex Celeste Imperio, al mismo tiempo que le impulsa a sostener guerras parciales en las que se desgaste la potencia de la gran nación americana. Es verdad que la industrialización y armamento del coloso chino ha de ser motivo de preocupación para los soviéticos: Un rearme parcial puede convenirles, mas sin llevarlo a un grado exagerado, ya que de Asia le ha venidp siempre a Rusia el enemigo más terrible. Y podría venirle de nuevo. Al llegar un momento en el que el desarrollo, de su arma aérea y los progresos en armas atómicas pongan a Rusia en condiciones de enfrentarse con la fuerza conjunta de- las naciones occidentales, no vacilará en violar sin escrúpulos la zona neutra! tal vez con la cooperación de alguno de los países que la. formen. Es posible que, adormecida por la confianza la vigilancia de los occidentales, la agresión no encuentre obstáculos de importancia en su empeño. Por las razones expuestas no sería deseable que en lá anunciada Conferencia, que parece ha de celebrarse en Suiza en el mes de julio, se acordase el establecimiento del glacis de seguridad que los rusos propongan. Tenemos motivos para esperar el pleno fracaso del proyecto. Confiamos en la sagacidad de los es- tadistas conferenciantes, así como en la de otro que no asistirá a la reunión, Adenauer, quien ha manifestado que ja- más comprará la unidad al precio de una merma de soberanía, que es la neutralidad. Es posible que las difíciles circunstancias de orden interno que atraviesa Rusia la obliguen, en último término, a conformarse con una zona neutral de la que no forme parte Alemania. Algunas naciones tendrán que aceptar el grado de neutralidad que Rusia Jes conceda; pero otras exigirán mayor autonomía. De todas formas, las decisiones que este verano se temen en Ginebra pueden ser de gran trascendencia para el futuro de la humanidad. Nos conviene seguirlas con atención. Alfredo KIMDELAN